Pequeño recuento de la primera legislatura del Congreso

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Esta es la reconciliación que queremos los colombianos, que no tiene que ser de amores pero, al menos, debe ser de tolerancia no violenta. Es un camino difícil y va a ser largo; la disputa continúa. Pero comenzamos bien.

Esta foto, mal tomada y medio de afán con un celular barato, significa mucho para quienes hemos soñado en los últimos años con la paz de nuestro país. En medio de adversidades que nos quitan la humanidad -los asesinatos de líderes sociales y de excombatientes, la gesta presidencial contra las cortes, el Estado de opinión y demás – , una foto como esta da profunda esperanza.

Uno de ellos se llama John Jairo Hoyos y es representante a la Cámara por Valle del Cauca. Fue sorpresa por su valentía en la bienvenida de Jesús Santrich en Cámara cuando hasta congresistas de oposición rechazaron su entrada. Su padre, Jairo Hoyos, fue uno de los 12 diputados del Valle secuestrados por las FARC en 2002 y fue asesinado cinco años después con sus compañeros. Lideró la campaña por el Sí en su departamento durante el plebiscito y se ha dedicado a la reconciliación.

El otro es Luis Alberto Albán, conocido durante la guerra como Marcos Calarcá, y es representante a la Cámara por el mismo departamento. Manejó las relaciones de las FARC-EP en el exterior y fue negociador varias veces. Entre otras, medió en el exterior sobre la liberación de secuestrados. Fue negociador en La Habana, tuvo un rol importante en la construcción del Acuerdo y estuvo encargado del Mecanismo de Monitoreo y Verificación por parte de la guerrilla de antaño.

El encuentro no tuvo nada especial. Ocurrió durante la cumbre nacional de Defendamos La Paz. Luego de un breve homenaje que le hicieron a Hoyos, él salió al baño. Al volver, entró por la puerta más cercana a donde estaban sentados varios representantes a la Cámara por FARC. Albán estaba parado luego de casi tres horas de evento, recostado en una pared. Al entrar su colega, se dieron la mano, hablaron un par de minutos y Hoyos tomó su puesto en las primeras filas del auditorio. No escuché de qué hablaban, pero el solo hecho de que lo estuvieran haciéndolo significaba mucho: eso en sí es un paso grande a la reconciliación.

Este es verdaderamente el Congreso de la reconciliación, a pesar de las horribles adversidades legislativas. Se fueron algunas figuras que quizás hubieran sido valiosas en este esfuerzo como Antonio Navarro y Clara Rojas. Pero igual la nómina es increíble: hay nueve congresistas que fueron guerrilleros hasta hace menos de tres años. Hay víctimas de las FARC como John Jairo Hoyos y Jennifer Arias y miembros del equipo negociador del Gobierno como Juanita Goebertus y Roy Barreras y también Iván Cepeda, quien fue mediador de estos diálogos y víctima del Estado, así como lo fue Aída Avella. Hay un exguerrillero del M-19, Gustavo Petro, y María José Pizarro, la hija del máximo comandante de este grupo y también víctima del Estado. Están José Luis Castro Córdoba, cuya madre fue secuestrada por las AUC. Faltan dieciséis personas, las de las curules de la paz, víctimas del todos los grupos armados en las regiones que tienen también derecho a estar ahí.

Esta legislatura fue frustrante para – me atrevo a decir – todo el país. Poco se hizo y para algunos lo que se hizo tuvo impacto negativo en el país. Ha habido momentos difíciles. Gritos ofensivos de vez en cuando y levantamientos de sesión en medio de las agresiones verbales. Salvadas de último minuto e injusticias importantes. Pero la regla ha sido la normalidad con el difícil significado que eso tiene en el Congreso. Han sido los saludos de mano, la asignación pacífica de la palabra. Esta es la reconciliación que queremos los colombianos, que no tiene que ser de amores pero, al menos, de tolerancia no violenta. Es un camino difícil y va a ser largo; la disputa continúa. Pero comenzamos bien.

*Camilo Villarreal, estudiante de derecho en la Pontificia Universidad Javeriana. Activista por la paz. Co-coordinador Rodeemos el Diálogo Joven, donde ha desempeñado trabajos respectivos a la veeduría de la implementación, pedagogía y construcción de memoria histórica.

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