Cuando el exministro Pinzón sale a decir evidentes mentiras más de un año antes del informe de la Comisión de la Verdad, solamente está preocupado por lo que el informe diga.

El desafortunado trino donde acusa a los comisionados de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad habla mucho más sobre el exministro Pinzón que sobre la Comisión o sus comisionados.

En primer lugar, los comisionados son personas que, lejos de moverse en grupos armados, han sido populares dentro del sector de la defensa de los derechos de las víctimas durante muchos años. No han solo estado del lado de las víctimas del paramilitarismo y del Estado, sino de todos las partes. Su trabajo ha sido público y transparente hace muchos años.

Se ha acusado a Alfredo Molano de ser parte de las FARC por haber escrito sobre la experiencia de esta guerrilla. No obstante, nunca se probó nada diferente a que hizo su labor como periodista. Así mismo se la ha acusado al Padre Francisco de Roux de ser parte del ELN, aunque su única interacción con este grupo fue ofrecerse como secuestrado para que liberarán a Odín Sánchez y pudiera comenzar el proceso. El único comisionado que ha sido parte de un grupo armado es el Mayor Carlos Ospina, que fue parte del Ejército y hace un trabajo clave en lograr confianza con este sector para entender su verdad del conflicto.

El hecho de que haya tenido que gastar dos párrafos para esta conversación es una pérdida de tiempo. Lo interesante viene cuando notamos quienes han sido los que han hecho esta suerte de comentarios en otras comisiones de la verdad en el mundo:

Frederick de Klerk fue el último presidente del Apartheid en Sudáfrica. Aunque fue quien dió la orden de liberar a Nelson Mandela y abrió las urnas a la población negra de este país, por lo cual ganó un Nobel de Paz, también había militado muchos años en el Partido Nacional. Entonces decidió demandar a la Comisión de la Verdad y la Reconciliación para que su nombre no fuera mencionado en el informe y también se negó a participar en las sesiones públicas que organizó ese ente.

Aunque Augusto Pinochet salió de la presidencia, quedó como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Durante mucho tiempo su presencia en el escenario nacional. Mientras su sucesor, el demócrata cristiano Patricio Aylwin, se tomó el trabajo de leer el informe durante un mes de sus vacaciones, Pinochet reaccionó al día siguiente del reconocimiento de responsabilidad de Aylwin diciendo: “el Ejército de Chile ciertamente no ve razón alguna para pedir perdón por haber tomado esta patriótica labor.”

Similarmente, en El Salvador, el ministro de Defensa, quien era militar y también era mencionado en el informe de la Comisión de la Verdad de ese país, reaccionó a la publicación diciendo: “la Comisión no reconoce en su informe la naturaleza y el origen del ataque comunista sufrido por El Salvador.” ¿Suena conocido?

Entonces, cuando el exministro Pinzón sale a decir evidentes mentiras más de un año antes del informe de la Comisión de la Verdad, solamente está preocupado por lo que el informe diga. Que gente con responsabilidades durante el conflicto armado, como quien fue ministro de Defensa en un momento duro de los últimos bombardeos con las FARC-EP, difame a la Comisión no es nuevo. Al contrario, es el truco más viejo del libro. Lo que pasa es que Pinzón Bueno quiere, de antemano, poder culpar a los comisionados por aquello que él hizo durante el tiempo que dirigió la guerra.

*Camilo Villarreal, estudiante de derecho en la Pontificia Universidad Javeriana. Activista por la paz. Co-coordinador Rodeemos el Diálogo Joven, donde ha desempeñado trabajos respectivos a la veeduría de la implementación, pedagogía y construcción de memoria histórica.

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