La revista Semana afirmó en un confidencial del 4 de abril de 2020 que Colombia “puede ser el país con más representación femenina en la diplomacia”.  No, no lo es. Más allá del error, cuando son varios los países que anuncian políticas exteriores feministas, la afirmación plantea el interrogante: ¿las mujeres en la diplomacia, para qué?

Estas son las reflexiones que deja la nota a continuación:

1. Aun sin puntear, Colombia va bien

Colombia no lidera ni en porcentaje ni en números absolutos. Pero los esfuerzos se han hecho,  vienen del gobierno anterior y se siguen profundizando. Hoy, el país tiene 57 embajadas en funcionamiento en las cuales 18 mujeres están al mando, es decir, casi un 32%. Suecia, por ejemplo, se ubica algo más adelante con un poco más del 40%, pero tampoco ha alcanzado todavía la paridad de género en el servicio exterior. Para 2015, varios países habían dado saltos considerables, como se puede ver en esta tabla de Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa.

No se trata solo de conseguir paridad en número sino en trato. No habría equidad de género si las mujeres embajadoras fueran destinadas a plazas de menos peso político y económico para el Estado de origen. En el caso de Colombia, las mujeres han ocupado las principales embajadas de interés para Bogotá – Estados Unidos, varias de Europa y Venezuela – . No sobra recordar que Suecia nombró su primera mujer embajadora en Washington solo en 2018, más de 10 años después del nombramiento de Carolina Barco en esa capital.

De otro lado, vale la pena destacar el número de cancilleres mujeres en Colombia, desde Noemí Sanín hasta Claudia Blum, pasando por María Emma Mejía, María Consuelo Araújo y María Ángela Holguín.

2. Colombia no tiene una política explícita de paridad de género en la diplomacia

El Presidente Duque logró el gabinete paritario. Según la vicepresidencia, la entidad encargada de la cuestión de las mujeres, “tener el gabinete paritario nos garantiza que va a haber una agenda explícita de igualdad para las mujeres en toda la política del gobierno del Presidente Duque”.

Las cosas no son tan así porque, a la fecha, el Gobierno no ha formulado una política pública para conseguir la paridad de género en los estamentos directivos medios y altos del Gobierno. La aproximación de la vicepresidencia se enfoca más en la seguridad económica de las mujeres.

En marzo de 2019, el excanciller afirmó que “la Cancillería apoya la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. De la planta externa, el 57% son mujeres, dos viceministras ocupan esas importantes posiciones, ocho de las 18 direcciones están encabezadas por mujeres y 14 de los 40 embajadores son mujeres”. Son buenos resultados que necesitan emanar de política pública explícita con metas precisas, más que de la buena voluntad de los funcionarios.

3. Las mujeres, ¿para qué?

En octubre de 2014, con Margot Wallstrom de canciller, Suecia se convirtió en el primer país del mundo en adoptar una política exterior feminista. Wallstrom había sido Representante Especial de Naciones Unidas para la violencia sexual en los conflictos.

Toda política exterior feminista vincula la equidad de género con el desarrollo así como acoge la agenda de Mujer, Paz y Seguridad, formulada desde Naciones Unidas a partir de los años 2000, que amplía el concepto de seguridad, rechazando los cánones tradicionales de la militarización, y pone énfasis en la participación de la mujer en los procesos políticos de paz y reconstrucción. El corazón de esta estrategia se encuentra en la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad.

La política exterior de Suecia incluye los siguientes pilares: respeto de los derechos humanos, derecho a vivir libre de violencia sexual y de género, inclusión de la mujer en procesos de paz, participación política y empoderamiento económico y derechos sexuales y reproductivos. Ha inspirado a otros países como Canadá, segundo país en adoptar una política exterior feminista, y a Dinamarca, Francia, España, Luxemburgo, Irlanda, Noruega y Suiza.

En enero de 2020, México se unió a esta tendencia. Fue el primer país en vía de desarrollo en anunciar una política exterior feminista construida con el objetivo de “eliminar las desigualdades estructurales y brechas de género”. (México anuncia su política exterior feminista)

¿En qué se traduce una política exterior feminista? En el discurso, pone a la equidad en el centro de toda determinación en el espacio internacional, consciente de los efectos diferenciados. A los países desarrollados, además, les orienta la toma decisiones de cooperación.

Muchos se asustarán en Colombia con la palabra feminismo y pronto satanizarán estos ejercicios innovadores al mejor estilo pre-referendo como imposiciones de género. Una política exterior de género puede concebirse más o menos progresista en términos de derechos sexuales y reproductivos. La de México pasa por alto este punto.

En Colombia, el empuje para avanzar a la mujer en la diplomacia no viene acompañado de un esfuerzo de posicionamiento del enfoque de género en la política exterior. El país ni siquiera cuenta con un Plan Nacional de Acción para la Resolución 1325.

Lo cierto es que la equidad en el servicio exterior importa, pero importa mucho más si las mujeres son capaces de traer a la mesa una aproximación diferente que avance derechos. ¿Más mujeres para la misma política?

La inclusión, por sí sola, no es suficiente. Esta cancillería debería aprovechar el compromiso del Gobierno con la equidad de género e ir más allá para convertirla en prioridad de política exterior y no solo un lineamiento para los nombramientos.

* Laura Gil, politóloga e internacionalista, directora de La Línea del Medio, @lauraggils

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