Poniendo tema

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“¿Se considera un radical?”
“Todos nos consideramos a nosotros mismos moderados y razonables”.
Noam Chomsky. Filadelfia, 1928. Lingüista.
Babelia. El País. Madrid. Entrevista 2018

“No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría”.
Jean Cocteau. 1889-1963. Poeta, escritor y dramaturgo francés

Hace algún tiempo me correspondió dirigir la tesis de pregrado de un brillante estudiante de sociología de la Universidad Nacional, que planteaba un novedoso tema y que aludía al asunto que encabeza este artículo, la Agenda Setting o sea la manera cómo se le plantea a una sociedad el sobre qué hablar como colectivo. Ambos aprendimos sobre esta novedosa teoría en donde los medios de comunicación juegan un papel fundamental de atribución para definir sobre lo que se habla. Varios autores formularon por los años 70 del siglo pasado esta teoría de agendamiento – Maxwell Mccombs y Donald Shaw, Cohen y otros -. Sus estudios concluyen que, más que lo que se debe decir o pensar sobre un tema, la influencia de los medios está en la presencia del tema y no necesariamente en la actitud frente al mismo. Llegaron a afirmar, incluso que lo que no está en esa agenda “no existe” como conversación.

(Lea también: Falsos profetas)

La Agenda como concepto es simple en cuanto puede entenderse como un listado de temas o asuntos puestos a disposición de una audiencia. Precisamente la investigación preliminar de los autores en mención se llevó a cabo en el proceso de una campaña electoral en Estados Unidos en 1968, cuando no figuraban en el entorno las redes sociales que, junto con los medios (Media), tienen esa capacidad de proponer temas de conversación entre ciudadanos.

Si vamos a nuestro momento, arrancando la carrera electoral colombiana, es interesante examinar cuál es esa agenda en la percepción de los ciudadanos. El asunto es más complejo por lo que ya mencionábamos del papel de las redes sociales y habría que revisar en la teoría si éstas también proponen, pero no disponen, en términos de actitud necesariamente.

No me atrevo a afirmar contundentemente si las redes sociales indisponen o disponen o solamente colocan temas sobre el qué hablar en colectivo. Sospecho que los medios intentan objetivar más la temática, lo que no ocurre en las redes, que sí llevan a conductas más emocionales y no simplemente a proponer la conversación.

Hay dos temas de Agenda, con frecuencia abordados por los medios por estos días (y también antes) y éstos son Seguridad y Corrupción. No tienen estricta relación entre sí, aun cuando en algunas circunstancias sí la tienen. Como cuando los jueces o autoridades judiciales son laxos con los delincuentes, inclusive sorprendidos en flagrancia. Unas cuantas noticias sobre delitos callejeros – robos con o sin violencia, riñas, abusos sexuales o castigos inhumanos – hacen que la percepción de la situación introduzca un enorme temor en la ciudadanía, sensación de desamparo y dominio callejero del hampa. La divulgación de situaciones ocurridas en el diario vivir en las calles que vulneran los bienes o a las personas mismas en su integridad física hacen que el miedo se convierta en pánico colectivo y la sensación de inseguridad sea dominante. La autoridad parecería rebasada por la delincuencia en el deber de preservar los bienes e integridad física de las personas.

(Texto relacionado: Manual para perdedores (II))

Se llega a pensar que lo que la ciudadanía observa parece no ser visto por las autoridades. Son fáciles las promesas de mano dura y autoridad fuerte, como respuesta política, que son más torpes que eficaces y producen más daño que beneficios. Por eso el tema dejado en la Agenda, a merced de los demagogos y de los oportunistas, es una peligrosa conducción a indeseables situaciones de autoritarismo y fascismo ordinario. ¿Es posible construir frente a un tema como éste, que parece dominar en la Agenda respuestas del tipo mencionado, desde una concepción democrática, respetuosa de los derechos humanos pero eficaz y contundente?

El otro tema de Agenda, desde luego hay más y las encuestas mencionan varios que preocupan a los ciudadanos, es el de la corrupción. Aquí también hay terreno abonado para soluciones antidemocráticas y para confundir a los ciudadanos en cruzadas anti-políticas por personajes oscuros que se autoproclaman apolíticos. La corrupción se combate desde la Política y se debe reclamar la correspondiente responsabilidad política de quienes la cometen o la amparan. La corrupción no puede conducir a negar la política como la necesaria dirección de una sociedad y el ejercicio recto y transparente del poder. Las opciones de fuerza y mano duran que usualmente exceden a la ley y vulneran los derechos terminan hacen que el remedio sea más dañino que la enfermedad. La democracia no tiene por qué ser débil, sólo tiene que ser justa. La democracia no es un patrimonio de los políticos. La participación de los ciudadanos en miles de formas, inclusive bajo formas políticas, será siempre una garantía de una democracia viva y no mustia.

Recientemente se aprobaron en el Congreso nuevas normas con la pretensión de combatir la corrupción. Se ha denominado “Estatuto Anti-corrupción”, sí el mismo que incluyó el texto en donde quien denunciara corrupción estaría obligado a hacer la investigación correspondiente sobre pena de ser judicializado y penado por injuria y calumnia. Está pendiente de sanción presidencial para honrar compromisos del país con acuerdos internacionales. La pregunta consecuente es si lo que se necesita es aumentar o endurecer normas, que parecen tener el efecto contrario, o asumir con contundencia y desde la política el problema de frente. ¿Será que el “pueblo” escoge a Barrabás?

Para finalizar quisiera recoger un pensamiento atribuido a Napoleón Bonaparte, el gran guerrero, que trae Fernando Savater en su libro “Política para Amador”, que dice: “¿Sabe, Fontanes, lo que más admiro? Es la impotencia de la fuerza para conservar algo.  No hay sino dos poderes en el mundo: el sable y el espíritu. A la larga, el sable siempre es vencido por el espíritu”.

(Le puede interesar: Fecode, el profesorado y la mala educación)

*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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1 COMENTARIO

  1. Muy pertinente este artículo en época de elecciones. En los temas asociados con la seguridad y la corrupción tenemos una amplia normativa, pero esta solo obedece al efecto simbólico de la ley.

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