Mientras escribo esto, se reciben los resultados de las elecciones en España, en los que se destacan cinco hechos: (1) la victoria contundente del PSOE, la centro-izquierda española, que en todo caso no es suficiente para obtener mayorías; (2) el desplome del PP, el principal partido de centro derecha, cuya representación ha tenido un colapso; (3) el auge del partido Ciudadanos, un partido de derecha liberal, que casi sobrepasa al PP como el principal partido de derecha; (4) la reducción en la votación de los partidos de izquierda más radical, representados por la coalición Unidas Podemos; y (5) una irrupción importante, pero menor que la esperada, del movimiento de derecha extrema denominado Vox. En síntesis, España es un país dividido entre izquierda y derecha (como muchos), con predominancia de la izquierda, y con más vocación de centro que de extremos, que son más vociferantes que numerosos.

Una pregunta que me formulo es por qué en España puede ganar la izquierda y en Colombia no. Cuando pienso en la historia de Colombia, tengo dificultades para pensar en un gobierno de izquierda. Tal vez el de Alfonso López Pumarejo. Nadie sabe qué hubiera pasado si Gaitán hubiera llegado al poder. Después, tuvimos a Laureano y al Frente Nacional, cuando ciertamente no gobernó la izquierda. Y después de 1974, Colombia tampoco ha tenido gobiernos verdaderamente progresistas. El liberalismo, que a veces ha sido más de centro que de izquierda, gobernó por última vez entre 1994 y 1998, es decir, hace más de 20 años, y no da muestras de levantar cabeza.

Por eso es importante preguntarse por qué en España gana la izquierda mientras que en Colombia no. Para comenzar, la izquierda española tiene experiencia de gobierno, mientras que la colombiana no. La experiencia colombiana con los gobiernos locales de izquierda ha sido mixta. Navarro fue un buen gobernante en Nariño. Samuel en Bogotá fue un desastre.

En segundo lugar, el socialismo español es un socialismo moderado. No es una cosa que prometa el fin de la economía de mercado, ni mucho menos. En Colombia, los líderes de izquierda no inspiran esa confianza.

(Photo/Andrea Comas) www.infobae.com

En tercer lugar, la tradición histórica de la izquierda ayuda en España, mientras que en Colombia no. En España, la izquierda está asociada con la defensa de la república y fue derrotada en la guerra civil española. Después de Franco, la izquierda fue lo suficientemente inteligente como para aceptar la monarquía, siempre que fuera democrática: un sano equilibrio entre el pasado y el futuro. En Colombia, sobre todo por la influencia de la guerrilla, la asociación entre izquierda y democracia es, a lo sumo, tenue: solo hasta ahora los izquierdistas están empezando a dar muestras de aceptar el juego democrático.

El entorno latinoamericano tampoco ayuda. La izquierda latinoamericana es demasiado heterogénea. Las izquierdas chilena o uruguaya son más de mostrar, pero hay unas izquierdas en nuestro continente que son impresentables. Incluso sin ser extremas, como el peronismo argentino, han contribuido al declive de algunos países: Argentina, Venezuela, Brasil, Cuba. Lula, que abrió tantas esperanzas, hoy está en la cárcel. Ser de izquierda requiere un equilibrio delicado entre sueños sociales y realidades económicas, y pocos líderes o movimientos son capaces de entender o mantener ese equilibrio. Juanita Goebertus o David Racero, grandes defensores de las nuevas generaciones de la paz en el Congreso, lo primero que hacen cuando se les deja solos es regular los precios del sistema financiero por vía legislativa. Qué poco entiende nuestra izquierda de la economía de mercado.

Para mí, un gobierno de centro-izquierda en Colombia es más necesario hoy que nunca. Lo digo, principalmente, por dos razones. Los principales problemas de Colombia han sido la violencia y el subdesarrollo. La superación de la violencia requiere hoy una actitud pacifista, que no está siendo cultivada por la derecha. Es claro que hay una asociación entre izquierda y defensa de la paz.

De otro lado, el subdesarrollo colombiano hoy debe ser entendido, no como incapacidad para generar riquezas, porque nuestra clase empresarial es amplia y variada. El subdesarrollo colombiano debe ser entendido como una sociedad fragmentada y desigual. Esa desigualdad debe ser atacada directamente, porque es necesario ofrecer oportunidades para todos. Para mí, atacar la desigualdad no es irse contra los ricos. Sería una tontería y un error. Mi concepción de izquierda es que no seamos ciegos frente a los dramas de los menos afortunados; que pensemos colectiva y solidariamente; que cada cual ponga en la medida de sus capacidades, sin “marranear” a nadie; y que orientemos, pero no acabemos, la economía de mercado para esos propósitos.

Sé que las ideas de izquierda en Colombia levantan roncha. Que muchos “tibios”, enfrentados al dilema Petro-Duque (Uribe), prefieren a Duque, sin convicción, porque la alternativa es aún peor. No juzgo los méritos de nuestro presidente, que puede tener muchos. Pero es claro que no fue presidente por sus propios méritos. Lo fue porque la izquierda que hay hoy en Colombia espanta. La izquierda que pueda ganar las elecciones todavía está por construir. Muy distinto a lo que pasa en España.


Daniel Castellanos, @castellanosgd, Presidente, Fundación Impacta, Organización para la Transformación Social. Las opiniones expresadas son estrictamente personales.

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