Presidente Duque, ¿usted sí le entregaría la presidencia a Gustavo Petro?

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El discurso del uribismo identifica a Gustavo Petro como una amenaza a la democracia. Si ganara, argumentan, se implantaría en Colombia un régimen dictatorial como el venezolano, porque Petro iría recortando libertades poco a poco.

Nunca nos imaginamos que Estados Unidos pudiera llegar tan cerca del rompimiento institucional, pero lo impensable sucedió. Un presidente en ejercicio se aferró al poder alegando que las deficiencias en el cómputo electoral constituían un fraude. La insurreción del seis de enero de 2020 en el Congreso para impedir la declaración de los resultados fue impulsada desde la Casa Blanca con un discurso radicalizante, un epifanía de mentiras y quizás hasta con financiamiento.

(Lea también: Mauricio Aguilar: la plata, sí; la gente, no)

Los colombianos creen en la integralidad más o menos aceptable de los resultados presidenciales. Sí entienden que hay compra de votos, sí aceptan que hay alteración de formularios E-14, sí dimensionan la corrupción electoral, pero ninguna institución estatal ha cuestionado de fondo hasta ahora un resultado presidencial. ¿Podría suceder? Cuesta creerlo. Pero así como los estadounidenses no hubiesen incluido un presidente atrincherado ni una sublevación armada en el universo de las posibilidades, también nosotros podríamos estar pecando por ingenuidad.  Existen razones para la preocupación.  

La intención de posponer el calendario electoral y las maniobras presupuestales

Con el pretexto de unificar las elecciones, el presidente Duque pretendía extender su propio mandato, un hecho tan impensable como la revuelta estadounidense. Este intento se impidió gracias a la presión de la opinión pública.

En febrero, la Federación Colombiana de Municipios propuso el aplazamiento de elecciones durante dos años, todo para hacer coincidir las elecciones de gobernadores y alcaldes con las de presidente y legisladores. El proyecto de acto legislativo tenía su encanto populista: congresistas ampliarían su permanencia en el Congreso. Dieciocho de ellos firmaron el texto y lo promovieron. Lo más grave está en que, según denuncias de algunos de ellos, el Ministro del Interior y otros altos funcionarios hicieron llamadas para conseguir votos de aprobación. De hecho, el mismo registrador Vega recibió presiones para que demorara la publicación del calendario electoral.

El Gobierno sospecha que el uribismo perderá las próximas elecciones. ¿Pretendía comprar tiempo para evadir un triunfo petrista? Es tal la angustia por la derrota electoral que el Gobierno decidió reformar la Ley de Garantías, dándose a él mismo y a las entidades territoriales, la libertad de contratar en medio de la campaña electoral con fines clientelistas. ¿Patadas de ahogado? En firme avance hacia la autocracia, el presidente Duque ha decidido firmar la Ley de Presupuesto, una ley ordinaria que reforma la Ley de Garantías de carácter estatutario, en abierto desafío a las prescripciones constitucionales y a una decisión judicial. Un juez decidió suspender los cambios a la Ley de Garantías en amparo de los derechos fundamentales al debido proceso. (Ver: Los pasos de Iván Duque hacia la autocracia)

La obsesión de Iván Duque y el resto del uribismo con Gustavo Petro

El discurso del uribismo identifica a Gustavo Petro como una amenaza a la democracia. Si ganara, argumentan, se implantaría en Colombia un régimen dictatorial como el venezolano, porque Petro iría recortando libertades poco a poco. ¿Habría razones para pensar que este miedo podría justificar un atentado contra las reglas institucionales con el objetivo de defender la democracia? Si se tratara de solo el uribismo, no habría lugar a tanta preocupación. Pero el gobierno Duque ha cruzado la línea.

En un video en inglés distribuido por la entonces canciller Blum, se afirmó: “El senador Gustavo Petro, con la ayuda del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y grupos narcoterroristas, se han  aprovechado de la situación y han organizado estos ataques terroristas urbanos y premeditados, pagando a la gente para que salga a las calles a aterrorizar y vandalizar las ciudades, ocultando sus acciones detrás las protestas.”

(Texto relacionado: Iván Duque, el Bordaberry colombiano)

El Gobierno envió a las embajadas videos en inglés, con el orden de distruibuirlos, del presidente Duque afirmando: sabemos que Maduro y sus secuaces siempre han mirado a Colombia como la joya a conquistar y eso es porque quieren influir en las elecciones de 2022. Por eso, quieren mover recursos, por eso quieren dar apoyo a los candidatos que tienen una visión que comparten con ellos.” También aseveró en relación con el paro nacional, cuando gané las elecciones, el candidato que derroté dijo que iba a estar en las calles todo mi mandato, que iba a protestar todo el mandato, que su propósito era no dejarme gobernar el país. Eso se dijo; entonces sabemos que para algunas personas esto también es un instrumento político y tenemos que decírselo al pueblo colombiano y ver toda esta situación en un año preelectoral.”

Videos que circulaban entre funcionarios del Gobierno, también en inglés, señalaban: “¿Debemos dar rienda suelta a estas personas (aparecen foto de Petro, Maduro, Márquez) para que tengan una base en nuestro más fuerte aliado o debemos apoyar al gobierno de Colombia y sus instituciones y defender la democracia más antigua de América Latina? Usted decide.”

La abundancia de videos en inglés, unos realizados por el Gobierno y otros por sus amigos, muestra la posicionar a Gustavo Petro en el escenario internacional como un enemigo de la democracia. ¿Se intenta crear empatía para futuras acciones en caso de una victoria de Gustavo Petro?

El manto de duda sobre el censo electoral

El registrador Alexander Vega afirmó que su institución cuenta con un registro de 55 millones colombianos y no 50 millones como lo afirma el DANE. Estas palabras ponen en duda la integridad del censo electoral. ¿De dónde salen los cinco millones adicionales? Si la misma autoridad electoral pone en duda las cifras, ¿se allana el camino para desconocer las elecciones? Esta incertidumbre, que sirve tanto al petrismo como al uribismo, deja los resultados electorales en vilo.

Este conjunto de indicios deja un interrogante: ¿se está preparando el caldo para forjar tanta confusión que un rompimiento institucional no se perciba como tal, ni al nivel nacional ni al internacional? Por eso, con el objetivo de calmar inquietudes y prevenir desenlaces golpistas, no sobra dirigirse al mandatario para que conteste:

Presidente Duque, ¿usted sí reconocería una victoria de Gustavo Petro?

(Le puede interesar: El mundo de fantasía de Palacio en video)

Donald Trump nunca respondió una pregunta similar. Miren lo que sucedió.

*Laura Gil, politóloga e internacionalista, directora de La Línea del Medio, @lauraggils

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