Prueba superada

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Si ha existido un rotundo fracaso, ése ha sido el manejo dado al Acuerdo de Paz, que finalmente consistió en meter su implementación al congelador. La buena noticia es que el Acuerdo de Paz sobrevivió. Prueba superada.  

Siempre pensé que preguntar a los colombianos si apoyaban el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto había sido un error. No quiero decir con esto que no sea legítimo consultar a la gente un hecho tan importante para la historia de una nación; sin embargo, una cosa es la conciencia de que debe implementarse un acuerdo de paz con la visión de un mejor futuro para todos y otra  es apoyar todo su contenido.

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El Acuerdo Final fue la mejor solución para el conflicto armado. No hay dubitación en que aquellos que promovieron con mentiras y engaños el voto por el NO aprovecharon los resquicios de concesiones a las FARC como poderosas armas para desincentivar la paz, la reconciliación y el eficiente desarme y proceso de reincorporación de los exguerrilleros a la vida civil.  

Es claro que la victoria del no en el 2016 también les entregó a sus promotores la victoria en 2018, con la promesa explícita de hacer trizas el Acuerdo de Paz. Esa misma sería la mentira más grande del NO, cuya irrefutable falsedad se consolida día a día entre la incapacidad del gobierno y la mirada absorta de la comunidad internacional ante los mensajes equivocados que salen de Colombia.  

El gobierno Duque-uribismo se acabó. Las elecciones de Congreso marcan la terminación de todo gobierno y esta vez está más claro que nunca que el único gran éxito que ha tenido Iván Duque fue demostrar la inviabilidad de las propuestas del uribismo y consolidar la mala imagen de aquellos quienes quieren perpetuar tales ideas. A excepción de María Fernanda Cabal, no se ve crecimiento alguno en candidato uribista.  

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Si ha existido un rotundo fracaso, ése ha sido el manejo dado al Acuerdo de Paz, que finalmente consistió en meter su implementación al congelador. No solamente se perdió una maravillosa oportunidad para incidir de manera positiva en las regiones más apartadas del país y, por supuesto, para consolidar la desmovilización de aquellos que entregaron las armas, sino que queda demostrada la incapacidad del Gobierno para cumplir su promesa de modificarlo o retrotraerlo. En lugar de eso, el Gobierno ha debido salir ante la comunidad internacional a decir mentiras, a enorgullecerse falsamente del funcionamiento de la Jurisdicción Especial para la Paz y a cobrar como propio el éxito que como país significa el retiro de la observación de la Corte Penal Internacional.  

El Gobierno que prometió acabar la JEP ahora presume de su implementación. Tan ruin es esta postura que incluso ni siquiera recuerda que el mismo Iván Duque buscó transgredir la Constitución a través de unas objeciones mal cimentadas, un fracaso jurídico que no solo raya en lo ridículo, sino que además le ha puesto toda clase de trabas de carácter presupuestal y de cooperación administrativa.  

Esta semana la justicia le propina dos golpes mortales al Gobierno: por una parte, suspendió el levantamiento grosero de la Ley de Garantías, burdo intento por inducir indebidamente dineros públicos en las decisiones electorales de los colombianos y, por otra parte, no permitió la jugadita judicial para que Álvaro Uribe eludiera la acción de la justicia mediante un auto de archivo del fiscal Jaimes. Estos asuntos no son menores y se suman a la inmensa derrota que significó la designación de la terna liberal del Consejo de Estado para la Corte Constitucional, un claro mensaje de que a Iván Duque lo ven ya con cara de expresidente. Como diría coloquialmente, esto se acabó y no se hizo nada.  

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La buena noticia es que el Acuerdo de Paz sobrevivió. Prueba superada.  

*Gustavo García, abogado constitucionalista, @GustavoGarcia83

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