A ustedes, gobernantes, les pedimos, no desfallezcan. Nadie estaba preparado para algo así y lo peor que pueden hacer es creer que se las saben todas.

Este mundo estaba antes en demasía convulsionado. Cada vez teníamos menos tiempo para la familia y para nosotros mismos; nos habíamos convertido en unos entes autómatas. Hoy, en medio de las circunstancias, le dedicamos tiempo a lo esencial, a nuestros vínculos más sólidos y eso, sin duda, nos fortalece.

Y, aunque el virus ha servido para que la tecnología terminara de abarcarlo todo, lo cierto es que a él también debemos agradecerle que finalmente la tierra haya respirado. Una economía diversificada y descarbonizada debe ser la ruta para vivir en un mejor planeta.

¿Recursos para ciencia, investigación, y tecnología? Bah. Hoy gastaríamos lo que no tenemos por un antídoto que permita superar esta mala hora. Hace unos días escuchaba al ex ministro de salud Alejandro Gaviria, que visionaba que la cura podría demorar unos 18 meses en estar lista y que la posibilidad de contagio que tenemos en nuestro país supera el 50%, lo cual significa que vivir con cero riesgo es imposible.

Confinamiento, hambre, y zozobra, palabras asociadas que podrían resumir el impacto de esta fase de la pandemia. El virus ha desnudado una realidad social que conocíamos pero nadie parecía advertir. Me refiero a la deuda histórica que tenemos con la inversión social, la necesidad de rebusque de la gran mayoría para subsistir, la falta de cultura ciudadana que no permite que todo engrane, el contundente impacto del desempleo, el precario sistema de salud, lo atrasado que estamos en materia educativa y el valor que tiene lo medioambiental.

También nos puso de presente la importancia de la legitimidad que da el pueblo, con su voto limpio y libre, a quienes detentan el poder. La autoridad y el liderazgo del gobernante se desdibujan en épocas de crisis, cuando no son legítimos, porque sencillamente no hay credibilidad. ¿Como puedo creer en quién me compró el voto, cuando el silogismo traduce con total claridad que, si llegan al poder, es para robar? Este aprieto lo padecen alcaldes y gobernadores en gran parte del territorio colombiano.

Diseñar las estrategias para convivir con el virus es lo más complejo, partiendo de la base que tenemos una red hospitalaria insuficiente para atender una demanda mayor de servicio y que se requiere a un pueblo que respete y valore a quien gobierna.

Por lo anterior, recluir a la gente es la vía del menor esfuerzo, lo más fácil; pareciera que el hambre y las otras afecciones a la salud que sobrevienen del encierro se consideraran menos graves. Todos sabemos que una estrategia de asistencialismo puro para la inmensa mayoría de colombianos amerita de una logística que siempre será imperfecta y, por demás, insostenible económicamente en el tiempo. No obstante, hoy todo se limita a un, “si sales, atente a las consecuencias” y con ello atropellan las libertades individuales y la autonomía que tanto pregona nuestra constitución política.

Por lo pronto sigamos atentos a las directrices de nuestros gobernantes; sin duda es la mejor opción, pero, a ustedes, gobernantes, les pedimos, no desfallezcan. Entendemos que nadie estaba preparado para algo así y lo peor que pueden hacer es creer que se las saben todas; pidan ayuda, convoquen a expertos, hagan equipo, incluyan la participación ciudadana y, sin arrogancias, podremos salir adelante.

*Rodney Castro Gullo, Gerente general de la Sociedad Portuaria Bocas de Ceniza S.A, abogado de la Universidad Libre de Colombia. @rodneycastrog

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