Reflexiones sobre el cambio, cambiecitos y cambiazos. Capital social y salud

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“Al igual que el capital humano, el capital social es una serie de recursos en los que se invierte para obtener beneficios; pero a diferencia del capital humano que representa una inversión en conocimientos y habilidades, el capital social implica una inversión en redes sociales(José I. García-Valdecasas Medina. Department of Sociology. University of Leicester).

Los recursos disponibles en las redes sociales pueden mejorar el resultado de la acción de los actores que pertenecen a tales redes de dos maneras: en primer lugar, proporcionando información muy útil sobre las necesidades del mercado y sobre diferentes oportunidades para tales actores; y, en segundo lugar, reforzando la identidad, el reconocimiento y la confianza necesarias para mantener la salud física y psíquica de dichos actores. (José I. García-Valdecasas Medina. Department of Sociology. University of Leicester).

“Una mano, más una mano no son dos manos; Son manos unidas. Une tu mano a nuestras manos, para que el mundo no esté en pocas manos sino en todas las manos”. Gonzalo Arango. Poeta colombiano. 1931-1976.

(Lea también: Tribulaciones de un optimista)

El capital social es un concepto valioso que la sociología contemporánea ha aportado al análisis de la sociedad. Hace referencia, a la capacidad organizativa de la sociedad que implica un nuevo recurso distinto a los individuales o a los estatales. Algunos consideran que son una especie de cuerpos intermedios en la organización social, que permiten colocar mejor a los individuos (en cuanto se unen frente al Estado, para lograr beneficios comunes).

Una sociedad es mejor en cuanto más organizada esté, y no dependiendo del esfuerzo puramente individual (narrativa capitalista) o del Estado (narrativa de izquierda tradicional).

Planteo esto porque creo que, en la discusión iniciada sobre la reforma de la salud en Colombia, se ha perdido de vista este factor de capital social, para ubicar la discusión únicamente entre “privatizadores” y “estatizadores”. Entonces tenemos defensores, a ultranza, de la privatización de la salud y de la estatización de esta. Y ahí creo que hay un error grave de perspectiva y apreciación, que podemos pagar caro esta estirpe de colombianos (as).

El concepto de capital social es un concepto que ha sido trabajado por eminentes sociólogos, como Pierre Bourdieu, James Coleman y Robert Putnan, para citar solo algunos nombres. Se ha considerado que es un derivado del concepto de uno de los fundadores de la Sociología, Emile Durkheim, la solidaridad social. Es la observación que ha permitido la construcción de un concepto, sobre la capacidad de una sociedad que encuentra en la unión de los individuos un recurso especial para obtener beneficios para todos.

Así, considero que erróneamente, las EPS (Entidades promotoras de Salud, creadas por la ley 100 de 1993) se han considerado como organizaciones privadas que buscan el lucro como negocio. Es esa una visión equivocada, impulsada por la narrativa que sobre el asunto ha trajinado la izquierda tradicional. Las EPS han llegado a ser en estos 30 años, organizaciones de capital social, que aun teniendo un origen o respaldo de capital privado (algunas de ellas), tienen un “know-how”, un conocimiento acumulado de gestión del riesgo en salud. Como es equivocado ubicarlas como “intermediarias” de la atención de salud, ya que, como elemento básico de un sistema de aseguramiento de la salud, son precisamente aseguradoras. Y como tal tienen una experticia en el manejo del riesgo, además porque están muy limitadas en cuanto “negocio” porque tienen un margen definido de administración (controlado y determinado por la Ley), que sería su “ganancia”, cuando es apenas un margen de los costos de funcionamiento. Sobredimensionar este margen, y sin ser ingenuo o defensor de lo privado, equivale a botar por la borda esa experticia al limitarlas al manejo de la llamada “atención primaria”, que es un concepto que obedece a un determinado patrón de morbi-mortalidad, que no corresponde ya a la mayoría de los colombianos. También con el mecanismo de UPC (Unidad de Pago por Capitación), se limita mucho más el pretendido negocio. Al ADRES (que sustituyó en 2017 al FOSYGA) llegan todas las cotizaciones de trabajadores y empleadores y las provenientes de pensiones y este Fondo lo distribuye entre todas las EPS, de tal manera que el control es fuerte pudiendo serlo más, pero en un sentido positivo. Limitar las EPS a la gestión primaria es cercenar su mayor aporte, cual es el de gestión del riesgo.

(Texto relacionado: Reforma a la salud: ¿a quién matáis?)

Volviendo a tema del patrón de morbi-mortalidad predominante, corresponde, dentro de éste, en los primeros lugares a las llamadas enfermedades degenerativas (Enfermedades del corazón y el accidente cerebrovascular, endocrinas, respiratorias, cáncer (de diversos tipos). Claro en áreas rurales habrá el dominio de eventos asociados al consumo de agua y otras entidades patógenas.  Tenemos entonces, el patrón de morbi-mortalidad de un país desarrollado y una atención en salud de país subdesarrollado, aunque mejorando, ¡como para volver a atrás! Una atención en salud que cada vez va a ser más costosa, en donde invertirle a atención primaria el mayor esfuerzo presupuestal como lo propone el proyecto de Reforma a la Salud, como que no correspondería a la situación actual y venidera en este campo. Estas dos Colombias, la de las enfermedades del “desarrollo” y la de las enfermedades infectocontagiosas, suponen modelos distintos de actuación y atención.

Hay otro elemento en la proclama del derecho a la salud, que desde luego debe ser realidad, pero se puede convertir tan loable pretensión en perversidad cuando da lo mismo aportar que no, es decir quebrar el sistema de atención y en un país en donde el factor informalidad es tan alto (60%) no se puede permitir que quien o quienes pueden aportar al sistema de aseguramiento no lo hagan.

Se trata no de oponerse a un Proyecto de Reforma porque viene de este Gobierno, sino para sacar adelante un tema que si necesita reformas que mejoren el sistema de salud y que no lo empeoren retrocediendo.

Hay cambios, cambiecitos y cambiazos. Los primeros para crecer y progresar, bienvenidos. Hay cambiecitos que pueden ser pequeños, como su nombre lo indica, pero que pueden tener un gran efecto e impacto o ser apenas cosméticos. A propósito de pequeños cambios o serendipities (expresión para denominar cambios inesperados o no advertidos) una interesante intervención en un Seminario de la CEPAL (en Cartagena hace ya varios años, a la cual tuve oportunidad de asistir)  en la que el Ministro de Planeación de Chile, Luis Maira (socialista) de la época narraba que, uno de los cambios de mayor impacto en Chile en la ruralidad fue instalar teléfonos en todo ese mundo rural (claro poco antes de los celulares), lo que significó un cambio profundo de mentalidad ,de acceso a servicios, de mayor información, etc. Los cambiazos, dice el diccionario, es una táctica fraudulenta para cambiar una cosa buena por otra no tanto… ¿Cuál será el santo para encomendarse para que esto no ocurra?

(Le puede interesar: La cultura política)

*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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