Rodolfo Hernández; un peligroso outsider

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La disyuntiva es clara, retrocedemos a las cavernas botando a la basura los avances sociales, especialmente los derechos de la mujer o tomamos un camino diferente.

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Misoginia, aporofobia, xenofobia, apología al genocidio y la cultura “traqueta”, irrespeto a la religión católica, son solo algunas de las palabras y frases en las cuales se puede enmarcar al candidato Rodolfo Hernández.  Un hombre populista, que, aunque imputado por corrupción, cimienta su “discurso” en la supuesta lucha contra ese flagelo que tanto ha desangrado las arcas de Colombia.

Quizás en la historia política nacional, nunca un programa de gobierno se había apartado tanto de lo expresado en las entrevistas por su ponente. Sin duda, esa razón, sumado a un absoluto desconocimiento del país, lo llevaron a evadir los debates y refugiarse en Miami, junto a personajes tan cuestionados como Alfredo Santamaría, contratista de los asesinos del presidente de Haití.

Sin embargo, la preocupación no se concentra en sus afirmaciones. Que se “limpiará el culo con la ley”, admitir su admiración por Adolf Hitler, el papel de la mujer cuidando los hijos y en la cocina, su cínica burla hacía esos “pobres hombrecitos” pagando quince años una hipoteca o su desprecio por las venezolanas embarazadas en Colombia. Realmente, angustia que ciertos sectores de la sociedad estén dispuestos a votar por él.

Algunos judíos, feministas, jueces, abogados y fervientes católicos, parecen no comprender la dimensión de sus afirmaciones. Tampoco, tienen la capacidad de prospectar el peligro que representa un hombre que como veleta cambia de parecer, únicamente impulsado por complacer a la platea. Más grave aún, los inmensos riesgos que representa para el Estado de Derecho, un personaje que sin pudor confiesa que declarará el estado de conmoción y aprovechará cual adolescente precoz una salida a escondidas, para hacer fechorías mientras la Corte Constitucional revisa sus decretos.

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En el mundo de la política hay dos ejemplos de outsiders que se erigieron como candidatos alternativos. Basados en unas etéreas promesas y un discurso agresivo contra la clase política tradicional, lograron cautivar el voto de muchos. El primero y más reciente es Donald Trump. Un supuesto exitoso empresario, que en realidad dedicó su vida a evadir impuestos y declararse en quiebra cíclicamente. Desde la Casa Blanca, dedicó todos sus esfuerzos a socavar la institucionalidad de la democracia más sólida del planeta. Humillantemente derrotado por Biden, acudió a todos los mecanismos y estrategias, incluyendo la amenaza, con el propósito de invalidar los resultados.

El otro outsider fue Abdalá Bucaram, quien nace de las entrañas del humorismo. Hábilmente,  aprovechó ese espacio para embaucar a los ecuatorianos. Pasó menos de un año para que el congreso concluyera lo que todos sabían: Bucaram, estaba inhabilitado mentalmente.

En los dos casos, sus oscuros antecedentes eran evidentes. Siempre dispuestos a cruzar la líneas de la ética y la ley. Sus cuestionadas vidas personales fueron de público conocimiento. Los sufragantes estaban advertidos. Sin embargo, un discurso controversial, sazonado con sarcasmos,  sátiras y mentiras lograron calar en los votantes. En los EEUU, el “make America great again”, en Ecuador, viviendas para los más pobres. Ni lo uno ni lo otro. EEUU cayó a los más bajos niveles de credibilidad y liderazgo de su historia. En Ecuador, no se entregó ni una sola vivienda popular.

Colombia ya está advertida. Con el agravante que en Hernández se fusionan los perfiles de Trump y Bucaram. Además de maximizar su riqueza exprimiendo a los más pobres, deja mucho que pensar su estado mental, luego de verlo protagonizando algunos de sus vídeos en tiktok, en los que se ufana de ser un “viejo verde” al mejor estilo “traqueto”. Dos características que por fin hoy, la sociedad inteligente repudia contundentemente. La disyuntiva es clara, retrocedemos a las cavernas botando a la basura los avances sociales, especialmente los derechos de la mujer o  tomamos un camino diferente. Algo que no hicieron los norteamericanos y ecuatorianos en su momento y lo que para el caso de los EEUU, siguen lamentando.

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*Héctor Galeano David, analista internacional. @hectorjgaleanod

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