Un gobierno cuyas figuras centrales están cubiertas por acusaciones de relaciones económicas y políticas con el narcotráfico es un gobierno vulnerable, sujeto a manipulaciones y condicionamientos por parte de los Estados Unidos que tienen una consumada experiencia en operaciones de chantaje.

La investigación inicial

El 11 de junio pasado, en el Portal la Nueva Prensa, los periodistas Gonzalo Guillén y Julián Martínez revelaron la investigación sobre la acción sostenida de tráfico de heroína entre Aruba y los Estados Unidos y la contratación de mulas para su transporte llevados a cabo en los años noventa por parte del hermano de la actual vicepresidenta Marta Lucía Ramírez y el pago de una fianza de 150.000 en Miami por parte de la primera para liberar al segundo.

Los periodistas se limitaron a señalar que durante 23 años la actual vicepresidenta guardó silencio sobre aquel evento. Son dignos de consideración los términos en los que Marta Lucía descalificó a los periodistas y pretendió defenderse. Y lo son, dado que resultan similares a los que empleó Marta Lucía en su airada respuesta a una columna del influyente periodista D´Artagnan en 1999, quien le reprochaba no haberse declarado impedida dada su condición de ministra de Comercio Exterior, para promover legislación sobre las zonas francas en una de las cuales había invertido su marido.

“Paradigma ético”

Marta Lucía se proclamó entonces paradigma de las más altas virtudes republicanas que contrastó con “la ambigüedad moral” del periodista a quien retó a mostrar argumentos jurídicos. D´Artagnan le contestó a “Santa Marta Lucía” como la canonizó en su respuesta  con abundante documentación jurídica.  Ahora, en junio de 2020, vinieron los trinos en defensa de la funcionaria a quien le habrían recordado con aviesa intención una “tragedia familiar”: “Ministra, embajadora, senadora, candidata después de esa tragedia y siempre la hemos visto entregada a Colombia”, trinó el presidente Duque con lo cual les daba la razón a los periodistas Guillén y Martínez que el único elemento de crítica que formularon fue el que Marta Lucía hubiera callado sobre un hecho que ciudadanos y electores tenían el derecho de conocer como elemento de juicio en la toma de sus decisiones políticas.

A su turno, el senador Uribe Vélez entonó: “Qué gran Ministra de Defensa, de valor civil y transparencia superiores, nada podrá minar el servicio a Colombia de la vicepresidenta”. No deja de provocar hilaridad que Uribe siempre acude a dos calificativos cuando se refiere a sus amigos y seguidores cuestionados: gallardos y transparentes. En este caso, la transparencia es “superior”.

La alcaldesa Claudia López desestimó lo revelado por Guillén y Martínez. Dijo a Semana en Vivo: “(…) francamente parece desproporcionado que le pidamos 25 años después a la vicepresidenta que responda por un hecho que ya pasó, que se superó”. Cuando a las figuras públicas, en particular a las que están en trance electoral se les pide que den cuenta, por ejemplo, de sus bienes, se está preguntando ante todo por un historial dado que la declaración de renta es un acumulado de la biografía financiera de las personas así que la prescripción que declaró la alcaldesa de Bogotá con relación a las revelaciones de Guillén y Martínez no tiene razón de ser.

Relaciones con el narcotráfico y el paramilitarismo

Otra historia mucho más reciente involucra a la vicepresidenta con un narcotraficante sin lazos de sangre pero con vínculos financieros con ella y su familia. Una ONG británica experimentada en investigaciones a narcotraficantes poderosos y especialmente en lavado de capitales en América Latina, Insight Crime, seguía los rastros de un personaje, el Memo Fantasma cuya identidad no se conocía. La investigación, que aún no se ha cerrado, ha sido llevada por el veterano periodista Jeremy McDermott . El escurridizo personaje, iniciado en los negocios de la droga al lado de Pablo Escobar, llegó a ser jefe importante del Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia, en alianza con el narcotraficante y paramilitar Carlos Mario Jiménez, alias Macaco. Memo fantasma emprendió vastas operaciones de lavado de dinero mediante la creación de empresas inmobiliarias puestas bajo testaferrato de parientes encabezados por su madre, su abuela y una hija.

Con base en escrituras y allegando testimonios orales, el periodista demuestra que el verdadero nombre de Memo fantasma es Guillermo León Acevedo Giraldo registrado en la correspondiente cédula de ciudadanía. En 2006, el narcotraficante decide trasladarse a Bogotá y buscar el blanqueamiento de su dinero y la limpieza de su nombre.

Para esos objetivos, tuvo mucha importancia el encuentro del Memo Fantasma con la empresa Hitos Urbanos Ltda cuyos accionistas son Marta Lucía Ramírez, su esposo Álvaro Rincón  y una hija. Fue un hallazgo que en la investigación se produjo de manera inesperada; no respondía a hipótesis previas. Acevedo contribuyó con dinero y una serie de lotes comprados en un sector privilegiado de Bogotá. Así se desarrolló el proyecto inmobiliario Torre 85 llevado a cabo por la empresa de Marta Lucía, su marido e hija. Ella es la accionista mayoritaria de la empresa. Guillermo León Acevedo Camacho, el Memo Fantasma, recibió al tenor de lo pactado en el acuerdo cinco oficinas de la Torre 85 y 45 parqueaderos. Quizá lo de menos es lo ganado por el narcoparamilitar en la operación inmobiliaria. Lo más importante era lo logrado por él como acceso a la élite política y su reconocimiento como empresario “limpio”.

Supuestamente, los dueños de Hitos Urbanos no sabían que con quien llevaban negocios era el Memo Fantasma. En 2017, según lo estableció Jeremy McDermott, Álvaro Rincón dirigió una carta al entonces fiscal general Néstor Humberto Martínez inquiriendo por las condiciones ético-jurídicas de su socio a quien además cambió de nombre en la carta, una averiguación que se plantea 11 años después de realizados los acuerdos comerciales entre Memo Fantasma y la empresa Hitos Urbanos. La misiva no llegó a su destinatario y se quedó en una instancia subordinada de la Fiscalía. Un pariente de Memo fantasma se ufanaba de que dos hijas de Guillermo León Acevedo Giraldo habían sido admitidas al Colegio Nueva Granada, gracias a la recomendación de Marta Lucía Ramírez por el tiempo del traslado de la familia a Bogotá.

Sigue la cuenta de raros vínculos

Otros hechos que alcanzan a la vicepresidenta han aparecido en este caso en el periódico Vorágine el 20 de junio de 2020. Se trata del esposo de la sobrina e hija putativa de Marta Lucía, Daniel Arturo Álvarez Castaño, quien apareció vinculado a dos falsos positivos siendo oficial del Ejército Nacional en el Departamento de la Guajira. El militar estuvo preso en la cárcel de Facatativá durante cinco años. También se deben tener en cuenta las denuncias del senador Jorge Enrique Robledo sobre impedimentos a los cuales no ha acudido la vicepresidenta en asuntos que se llevan a cabo con Sarmiento Angulo, antiguo jefe de Marta Lucía en su gestión en la empresa privada.

El interés nacional y la seguridad

Pero la cascada de escándalos no debe hacer perder de vista aquel que se originó en la investigación de Insight Crime dado que se relaciona con el narcotráfico, que es asunto decisivo para Colombia y para las relaciones del Estado Colombiano con los Estados Unidos en cuya política el tratamiento del narcotráfico tiene una significación estratégica. La acusación sobre vinculación de la campaña presidencial de 2018 de Iván Duque – Marta Lucía Ramirez con la ñeñepolítica entra también en el mismo torrente. Un gobierno cuyas figuras centrales están cubiertas por acusaciones de relaciones económicas y políticas con el narcotráfico es un gobierno muy vulnerable, sujeto a manipulaciones y condicionamientos por parte de los Estados Unidos que tienen una consumada experiencia en estas operaciones de chantaje. Por ejemplo, ¿qué capacidad tiene el gobierno actual de tomar decisiones soberanas en relación con las exigencias unilaterales de los Estados Unidos sobre las fumigaciones de los cultivos de uso ilícito con glifosato? Lo previsible es que dócilmente los funcionarios en cuestión quieran mostrarse como los más celosos combatientes de los narcotraficantes aunque los objetos reales de su empeño resulten apenas  humildes familias campesinas.

En la visita que hizo Duque a Trump el 2 de marzo del presente año, recibió la advertencia de mandatario estadounidense: “Si no se fumiga, no vamos a acabar con las drogas en Colombia” (El Tiempo, Bogotá 3 de marzo de 2020.) Duque, mirando para otro lado le pidió a su interlocutor mantener la presión sobre Venezuela mediante la perpetuación de las sanciones económicas. Desde luego, el espectro de asuntos sobre los cuales un gobierno se torna muy manipulable es amplio y va de los temas militares a la política exterior.

Una referencia tomada de la historia

Colombia tiene en la historia contemporánea ejemplos de gobiernos vulnerables ante el imperio aunque ya de por sí la tradicional obsecuencia de las élites colombianas ante los Estados Unidos está en la base de la dependencia del país. Traigo a cuento un caso que ciertamente tuvo una enorme importancia. Se trata del gobierno de Laureano Gómez quien cargaba a cuestas la cuenta que le cobraban los Estados Unidos por haber mantenido una posición de abierta simpatía al nazismo a finales del decenio de 1930 y de apoyo a los países del eje en los primeros años de la Segunda guerra Mundial. Tempranamente, empresas norteamericanas por instrucciones del Departamento de Estado le habían quitado la pauta publicitaria al diario El Siglo, propiedad de Laureano Gómez. Constantemente, altos funcionarios de los Estados Unidos se permitían poner de presente la orientación pro nazi del dirigente conservador llegado a la presidencia en 1950.

Aunque en América Latina prevalecía el alineamiento de los gobiernos con los Estados Unidos en el marco planetario de Guerra Fría, fue Colombia el único país de la región que tomó parte directa en la aventura norteamericana de Corea. De acuerdo con el decreto del 26 de diciembre, fueron despachados a Corea la fragata Almirante Padilla y un batallón de Infantería. Colombia nunca había tenido con Corea conflicto alguno, separada de ese país por el Océano Pacífico. En la misma coyuntura, Colombia y los Estados Unidos firmaron el Pacto Militar Bilateral el 17 de abril de 1952. Como presidente, firmó el designado Roberto Urdaneta Arbeláez. Ese Pacto gozó de la aprobación de Laureano Gómez. El gobierno no lo sometió a la aprobación por el Congreso no obstante que el poder legislativo estaba integrado exclusivamente por miembros del Partido Conservador. Tan vergonzoso era el Pacto que su texto no se publicaría en Colombia sino hasta 1960, ocho años después de firmado.

A la luz de todo lo anterior el planteamiento de la renuncia como Vicepresidenta de Marta Lucía Ramírez, no aparece como una exigencia descabellada sino que es asunto relacionado con el más alto interés nacional y con la seguridad nacional.

*Medófilo Medina, Ph.D en Historia, profesor emérito y honorario de la Universidad Nacional.

1 COMENTARIO

  1. La verdad es vergonzoso que un estado democrático los altos funcionarios estén involucrados en tanto escándalo sobre, todo de narcotráfico y que no pase nada. Pero bueno, creo que nos merecemos los gobernantes que tenemos, pues en un país donde se hace una consulta anticorrupción y no logra pasar, que se puede esperar.

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