Se busca editor: Columnas de Abelardo de la Espriella, Tom Cotton

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Es hora de reivindicar el papel de los editores. La desidia editorial no le sirve a la democracia.

En el New York Times, el senador Tom Cotton de Arkansas publicó el 3 de junio pasado una columna titulada “Send in the troops” en la que dio una visión apocalíptica de las protestas contra el racismo, calificándolas de “orgía de violencia”, y pidió militarizar las ciudades de Estados Unidos bajo el manto legal de la invocatoria del Acto de Insurrección, la legislación que le permite al presidente de Estados Unidos el despliegue de tropa dentro del país.

En el Heraldo de Barranquilla, el abogado del uribismo Abelardo de la Espriella consignó, en un escrito que llamó “El ocaso de la difamadora”, lo que piensa de Cecilia Orozco – “una mala persona” – , su “moribundo noticiero” y “muchos de sus colegas de horda”, que calificó de “roscones enclosetados, hijos repudiados, drogadictos compulsivos”.

Lectores y periodistas del New York Times le hicieron saber a los directivos su disgusto en reuniones laborales, vía redes sociales y mediante columnas de opinión. Argumentaron en dos niveles. Primero, sostuvieron que el texto de Cotton polarizaba aún más un ambiente caldeado, invitando a la violación de la Constitución y la ley. Segundo, criticaron las imprecisiones del contenido, señalando las falencias del proceso de verificación al cual toda columna del New York Times está sometida.

De los periodistas de El Heraldo no sabemos nada. Ninguno protestó en público porque su casa presentó una cadena de insultos como una columna de opinión o llamó a sus propios colegas “roscones enclosetados” en una muestra inaceptable y vulgar de homofobia o se despachó con adjetivos contra Noticias Uno y su directora sin mencionar casos, incidentes o instancias. ¿Alguno o alguna se habrá atrevido a expresar malestar en privado?

El New York Times organizó un “town hall” para discutir las preocupaciones. El editor de la página editorial había defendido la divulgación de la posición del senador Cotton. Al fin y al cabo, es la misma del presidente Trump y la página editorial debe ofrecer elementos para entender al poder. Solo en la reunión reconoció, no solo que no había leído la columna con anterioridad, sino también la multiplicidad de errores y exageraciones que se colaron. No era la primera vez. El domingo 7 de junio, presentó la carta de renuncia.

Hoy, la columna tiene esta aclaración: “la pieza publicada presenta como hechos afirmaciones sobre ‘cuadros de radicales de izquierda como antifa’; de hecho, esas alegaciones no han sido fundamentadas y han sido ampliamente cuestionadas. Los editores deberían haber buscado una mayor corroboración de esas afirmaciones o eliminarlas de la pieza. La afirmación de que los agentes de policía ‘soportaron la peor parte’ de la violencia es una exageración que debería haber sido cuestionada. El ensayo también incluye una referencia a un ‘deber constitucional’ que pretendía ser una paráfrasis; no debería haberse presentado como una cita.” El periodismo de opinión serio se basa en hechos.

El New York Times prometió cambios en sus procesos de verificación; en Colombia, los periódicos no tienen procesos instalados, pero no todos aceptan insultos disfrazados de opinión.

“All the news that are fit to print” – todas las noticias aptas para ser publicadas – es el lema de un periódico y el debate sobre la apertura de un espacio privilegiado a las voces más radicales está vivo y coleando. En el otro, ni siquiera parecen haberse dado cuenta de las fronteras de la controversia.

En un exceso de autocrítica, el New York Times pidió perdón a sus lectores por la publicación; en una manifestación de indiferencia, El Heraldo permaneció callado.

En un periódico, el editor asumió la responsabilidad y, en el otro, el editor abdicó la suya.

*Laura Gil, politóloga e internacionalista, directora de La Línea del Medio, @lauraggils

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3 COMENTARIOS

  1. Oportuna y buena columna. Efectivamente en Colombia los columnistas suelen ser perezosos, no sustentan lo que afirman con hechos concretos y verificables. Eso hace que sus columnas no puedan ser tomadas como referencia en investigaciones históricas. Eso en cuanto a los columnistas perezosos pero de buena fe. En cuanto a El Heraldo, la transformación del periódico a partir de 2020 para convertirse en vocero de la caverna, por el contrario, sí es un caso de estudio: de cómo la ultraderecha y los nuevos ricos sin escrúpulos están cooptando los medios. No les importa destruir una marca, es que -por sus delitos- es muy arriesgado que exista una prensa independiente o aunque sea una voz independiente en la prensa colombiana.

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