Sri Lanka, la lágrima del Índico a los pies del FMI

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Contradiciendo sus tradicionales declaraciones, el gobierno de Sri Lanka busca con denuedo un crédito de emergencia con el FMI, llama a la oposición a integrar un gabinete de unidad nacional e implora a los sectores sociales por el regreso a la calma.

Es difícil encontrar un país más hermoso que Sri Lanka. Dotado de un patrimonio natural exuberante, una cultura extensa y variada con características multiétnicas y distintos credos religiosos, rostros preciosos y muchos colores. La lágrima del Índico, con 22 millones de habitantes y 65.610 Km cuadrados, uno de los ejemplos de rápida evolución en el ingreso per cápita y en la superación y neutralización de problemas críticos como una guerra de 26 años, el tsunami de 2004, los atentados del domingo de Pascua del 2019 y una distorsión de la preceptiva democrática, se precipita ahora en una crisis económica con afectación de la calidad de vida y un marcado retroceso por el choque inducido en su endeudamiento externo y la incapacidad de atender sus obligaciones.

Una combinación entre bajos precios de productos de exportación, la caída abrupta del turismo como consecuencia del COVID-19 y los costosos nexos con China y sus bancos de inversión que produjeron la contratación de obligaciones leoninas como la de la ampliación del segundo puerto del país en Hambantota, incluyendo garantías comprometedoras del propio patrimonio nacional, acabó por inducir un choque en el sector externo con gravísimas consecuencias sociales y levantamientos en todo el país.

Las protestas se precipitaron al producirse el desabastecimiento de alimentos, la escasez de gasolina, diésel y gas, y los cortes de electricidad hasta de 12 horas al día. Ante la generalización de las manifestaciones que rebasaron la capacidad de las fuerzas policiales, el gobierno movilizó al ejército, impuso el toque de queda el tres de abril, y bloqueó el acceso a las redes sociales incluyendo YouTube, Instagram, Facebook y WhatsApp, todo lo cual precipitó una avalancha de críticas por el manejo de la crisis y la detención de más de 600 personas por las autoridades.  Los manifestantes, especialmente los jóvenes, vincularon a sus protestas las violaciones de derechos humanos, la no disposición de medicamentos y la evidente corrupción.

Ahora viene el ajuste. Los pagos de curso inmediato para los cuales no hay caja ascienden a siete mil millones de dólares y el tesoro esrilanqués cuenta apenas con dos mil. Contradiciendo sus tradicionales declaraciones el gobierno busca con denuedo un crédito de emergencia con el FMI, llama a la oposición a integrar un gabinete de unidad nacional e implora a los sectores sociales por el regreso a la calma. Sin embargo, el ciclo de la familia Rajapaksa, con el presidente Gotabaya a la cabeza y cinco miembros entre hermanos, tíos y sobrinos en el alto gobierno, transita un camino insalvable de declinación. El proceso hacia unas elecciones tomará más de un año y el gobierno vivirá un calvario durante los próximos meses, del cual no parece salvarlo ni la misma Gnana Akka, adivina a la cual visita regularmente el presidente, la misma que puso pies en polvorosa este mes cuando activistas intentaron asaltar su santuario.

*Juan Alfredo Pinto, escritor, economista, @juanalfredopin1

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