Foto: Holocaust Denkmal Berlin

Que sirva este nuevo episodio para pensar en la importancia de los impactos del discurso y las narrativas de odio de nuestros gobernantes, potenciados ahora con la facilidad y rapidez de las redes sociales.

Hanau, Alemania 10 de la noche del 19 de febrero de 2020. Los clientes del Bar “midnight” , en su mayoría de origen extranjero, departen en el lugar en una noche como cualquier otra. De repente, todo cambia y se torna en tragedia. Tobías Rathjen, un vecino de la ciudad, entra al bar y asesina a cuatro de los clientes. Sale del bar y en su BMW negro continua su trayecto al “Arena Bar” donde asesina a otras cinco personas. Luego regresa a su casa ubicada a escasos 200 metros del último lugar, donde se suicida luego de asesinar a su madre. En total nueve personas de origen turco, búlgaro y rumano asesinadas, además del atacante y su madre, de origen alemán.

Historias de terror vividas en esta pequeña ciudad de Alemania, país en el que 75 años atrás sucedió la peor de las tragedias humanas en contra del pueblo judío a manos del Estado. Luego del Holocausto, Alemania ha intentado fortalecer cada vez más su democracia para borrar a toda costa toda huella de extremismo. Sin embargo,  desde 2017 el reciente partido político Alternativa para Alemania -AFD- clasificado como un partido de extrema derecha por sus ideas racistas y xenófobas como la salida de la eurozona, la oposición a la entrada de migrantes a Alemania y la defensa del nacionalismo alemán, logró entrar en el Bundestag con más del 13% de votos y 90 escaños en el parlamento.

Mientras tanto, en diferentes puntos del país crecen brotes de racismo y neonazismo que han desencadenado en actos como el asesinato del político de izquierda Walter Lübcke quien estaba a favor a favor de la protección a los migrantes, el ataque a una sinagoga en Halle y el desmantelamiento de grupos terroristas que planeaban atentados contra mezquitas y albergues de refugiados, entre otros.

Después de los hechos de Hanau, surge la pregunta: ¿son locos solitarios los que cometen estos actos que recuerdan las repetidas masacres de EEUU? ¿O se sienten estas personas potenciadas por los discursos de la extrema derecha para cristalizar sus pensamientos sectarios?

Es en este clima de odio, valga decir azuzado ahora por las redes sociales y el Internet, donde los lobos solitarios con “desórdenes mentales” se ajustan perfectamente al ambiente de racismo y xenofobia creciente. Como bien lo han manifestado todos los partidos políticos en Alemania, ha sido el discurso del AFD el caldo de cultivo ideal para el surgimiento de este tipo de actos terroristas. Hoy, estas generaciones de padres migrantes pero que han nacido y crecido en Alemania, se sienten atemorizados en su propio país.  De nuevo la extrema derecha deja estragos a su paso. Cabe preguntarse una vez más: ¿cómo es posible que, en nuestras democracias, se elija a este tipo de gobernantes? ¿Por qué gana poder el discurso racista hoy en varios países del mundo? 

Que sirva este nuevo episodio para pensar en la importancia de los impactos del discurso y las narrativas de odio de nuestros gobernantes, potenciados ahora con la facilidad y rapidez de las redes sociales. Como bien lo han manifestado numerosos analistas, hay una cadena evidente entre los sentimientos de inseguridad, miedo y odio y la subida al poder de los populistas que utilizan estas narrativas.

Frente a este panorama no sobra recurrir a la cultura de la memoria Die Erinnerungskultur, fuertemente arraigada en la política alemana para No olvidar la tragedia del holocausto. A pesar de que no han bastado los esfuerzos y las ceremonias de duelo y que el AFD está ahí representando a un sector racista que aun piensa en la eliminación del otro como solución, la mayoría de la población alemana hace responsable a este partido en estos momentos de los actos extremistas de los últimos tiempos.  Por esto, hoy más que nunca la pedagogía de la memoria seguirá siendo una necesidad inminente para evitar los brotes de un monstro que se creía muerto. Es necesario hacer pública la verdad de lo sucedido una y otra vez para que no se repita lo inaceptable.

Mientras tanto, Colombia que se enarbola como uno de los países más violentos del mundo, con discursos y narrativas de odio entre políticos, gobernantes y la sociedad entera como forma normal de hacer política, ha vuelto al negacionismo con las políticas derechistas del gobierno actual. El hoy flamante director del Centro de Memoria Histórica no reconoce la existencia de un conflicto armado, luego del invaluable trabajo que había llevado a cabo Gonzalo Sánchez y su equipo en cuanto al reconocimiento y reparación a las víctimas.

Frente a este panorama, el papel de memoria a manos de la sociedad y del sistema integral de verdad, justicia y reparación se hace claro: comunicar, hacer pública la verdad para lograr una experiencia social transformadora, así como para restaurar el vínculo social al recordar, sentir y dar un espacio a las emociones. Desmantelar identidades colectivas configuradas a manera de comunidades de odio al “castrochavista, al guerrillero, al paraco, al veneco, o a la víctima”, consignas de fácil consumo replicadas por redes y medios de comunicación, que han influido de manera decisiva en los procesos electorales de los últimos tiempos. Solo queda resistir y seguir defendiendo la paz, la JEP y la Comisión de la Verdad, hasta lograr reconocerse como una sociedad donde haya espacio para todos. #DefendamosLaPaz

* Pilar Mendoza, PhD y magister en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Periodista e investigadora especializada en temas de paz, conflicto y memoria y en fenómenos sociales urbanos como la economía informal y el desplazamiento forzado. Directora del festival de cine latinoamericano en el Filmmuseum de Frankfurt. Consultora internacional. 

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here