Tocando fondo

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Sacado de Confidencial Colombia

A los niños sáquenlos de los odios sembrados por estrategias políticas que tienen como propósito dividir el país ante la incapacidad de gobernarlo en paz.

Sacado de Confidencial Colombia

El más reciente episodio que enmarca nuestra profunda crisis moral tiene que ver con la alteración de una foto del niño Francisco Vera con el fin de que ‘pareciera’ que porta un arma, advirtiendo de paso, que éste era guerrillero, como destacan los medios de comunicación. Y digo crisis, por cuanto muchos salieron a justificar tamaño acto echando mano de otro lamentable episodio donde se expone a la hija de Paloma Valencia y a los nietos de un expresidente. 

Para decirlo sin ambages: a los niños sáquenlos de los odios sembrados por estrategias políticas que tienen como propósito dividir el país ante la incapacidad de gobernarlo en paz. Es francamente preocupante el nivel de nuestra discusión pública. Es lamentable que hasta los niños sean señalados de guerrilleros en un país donde matan personas por ello. “Soy una joven medellinense, de 17 años, con ideas de derecha. Me gusta mucho el humor, y más si es humor negro. Esta clase de humor no es para todos y son muy pocos quienes lo logran entender. Sé que a veces este humor es mal visto por una sociedad donde la corrección política y la censura reinan”, dijo la responsable. Eso de ser una sociedad donde la corrección política y la censura reinan es justificar lo hecho por el contexto. Cualquier sociedad donde se señale a un niño de ser guerrillero debe recordar los límites de la libertad de expresión y, por supuesto, del humor. 

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Este episodio tiene como antesala otro mensaje, contra el mismo Francisco, donde se advertía el deseo de desollarlo y de escucharlo gritar mientras le cortaban los dedos para ver si así sigue hablando de ambientalismo y dignidad. Lo anterior debe llevarnos a una profunda reflexión en torno al ejercicio de la libertad de expresión que, en este caso, situó la responsabilidad en la víctima dizque por tener un perfil en Twitter como si tenerlo fuera razón suficiente para señalarlo de guerrillero y hasta de ser merecedor de torturas. Esto último recuerda los casos de violación cuando en lugar de acusar al victimario se preguntan qué hacía la víctima en X o Y lugar y vestida así. Nuestra tendencia a la revictimización es deplorable. 

Es preocupante la manera como estamos razonando: la percepción que tenemos de los fenómenos y, al mismo tiempo, el impacto de los discursos políticos que han fragmentado la sociedad, hasta el punto de utilizar a los niños como blanco del enfado promulgado por liderazgos políticos que han construido la figura del enemigo en el Otro, y en el Otro, como responsable de todo lo “malo” en el país. De este tipo de “razonamiento” procede el discurso del odio que promueve desde el asco proyectivo hasta la eliminación del Otro, “un mejor país”. 

La derecha y la izquierda son ideas y como tal, no sangran, ni lloran ni sudan. De ahí que no es matando como se mejora el país. Si la guerra sumara en nuestro beneficio, seríamos Dinamarca. Pero no, somos Colombia, donde recientemente en el Chocó una banda local llamada los “locos” mataron a tres jóvenes. El último, agredido con machete y armas de juego, murió en el Hospital San Francisco de Asís. Sí, somos el país de los buenos muertos, donde si murió, algo debía. Donde a nadie matan por bueno. Donde se presume la mala fe y se actúa en consecuencia. 

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El ejercicio de opinar es otro deporte de alto riesgo, en especial, en un país donde la tendencia a etiquetar las personas, en esto o aquello, es frecuente. Por momentos, escribir es un acto agotador si tomamos en cuenta que nuestros tiempos son de soluciones simples y radicales, de bravucones que despechan el respeto por la persona y dignidad apelando a la supuesta corrección política presente en la práctica de respetar la persona y atacar los argumentos. Son tiempos de arengas enardecidas donde el razonamiento cede lugar al reduccionismo de quien ve en blanco y negro desechando la amplia gama de matices presente en cualquier problemática social.

Seguimos entonces siendo Colombia, país de funcionarios al alza, donde las masacres tienen criterio social y los niños reclutados son máquinas de guerra, donde la docena de huevos cuesta $1.800 y donde buena parte de la nación piensa que todo cambiará si a la Casa de Nariño llega un caudillo. ¿Será posible en tan solo cuatro años cambiar las prácticas políticas enquistadas en 200 años de vida republicana? De la forma en que razonamos y de nuestra percepción de los fenómenos debemos de ocuparnos en algún momento. 

Para terminar, recientemente El País de España publicó una entrevista con el filósofo Jurgen Habermas, donde el alemán sostuvo que: “No puede haber intelectuales comprometidos si ya no hay lectores a los que seguir llegando con argumentos”.

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*Juan Carlos Lozano Cuervo, abogado, realizó estudios de maestría en filosofía. Es profesor de ética y ciudadanía en el Instituto Departamental de Bellas Artes y profesor de cátedra de derecho constitucional en la Universidad Santiago de Cali. @juanlozanocuerv

1 COMENTARIO

  1. El esoterismo es una ideología que pretende tener la cura para todas las enfermedades del cuerpo y del alma . Hoy hemos llegado a un estado de conciencia superior; es decir mucho más complejo que todas las generaciones anteriores ; esto quiere decir que el entendimiento o la conciencia que tenemos de la realidad hoy está más sublado o sublimado ; es decir un estado alquímico o lógico del cual no pudieron ni soñar nuestros antepasados y esto se debe a las circunstancias muy singulares que nos ha tocado vivir en esta época llena de contradicciones y de realidades inéditas como la Covid -19 , que nos hace reflexionar y pensar o meditar más en nuestra propia manera de pensar que en última instancia nuestra conciencia que ha sido modelada por toda esa serie de circunstancias contingentes que nos tienen como envueltos en una burbuja de ideas , afirmaciones , juicios y creencias que son las que nos hacen decir y hacer las cosas y manera como afrontamos la realidad que no es otra cosa que esas creencias y prejuicios que están en el fondo de nuestra sicología; pero no nuestra y privada ; si no esa fuerza interior misteriosa que no es nada ; pero es real y actúa y que Carl Gustav Jung intuyó cómo un Alma Real y Objetiva que obra por fuera de nosotros y que nosotros con nuestra miseria intelectual no podemos con nuestra imaginación explicar tal como lo hace este médico científico pues la realidad que es nuestra mejor maestra nos ha enseñado que toda postulado que quiera imponerse como verdadero adolece de prejuicios; pues nosotros no somos dioses ni estamos por encima de una realidad que está actuando allá afuera y no podemos decretar po capricho o porque nos parece que es lo bueno o lo malo . Pues no somos que criaturas humanas sujetas a la incertidumbres y acontecimientos como una barca a la deriva dentro de un mar proceloso de acontecimientos que nos invaden y de los cuales no podemos tomar su timón para ordenarlos como pretenden las ciencias; pues ellas se han convertido en el racero de la verdad y ya un pensador de este siglo Heidegger las cuestionó diciendo que las ciencias no piensan , pues no trabajan en evento donde se mueve la verdad que es en la lógica profunda de la verdad que no está en el plano de los humanos y que solo podemos entender hoy , pero nunca imaginar ..

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