El Gobierno se encerró con los gremios en el Palacio de Nariño a tomar decisiones frente a la pandemia y hoy el panorama es desolador y el balance muy negativo con base en realidades, no en opiniones.

Una semana de locos en Colombia. Perdimos el sentido de las prioridades como nación – el Gobierno, los medios de comunicación, el liderazgo político, el Congreso, la sociedad en su conjunto – . En momentos en que llegamos al pico de la pandemia y de la debacle económica y social, con la tasa de muertes por habitantes más alta del mundo y la caída de la economía a un -15.7%, el país se concentra en el inútil debate de todo tipo de propuestas para demoler las instituciones, como respuesta a una decisión de la sala de instrucción de la Corte Suprema. Como si fuera poco, nos dedicamos también a discutir sobre la renuncia de los integrantes de la junta directiva de EPM, la demolición del Hospital San Juan de Dios en Bogotá o las prematuras encuestas sobre candidaturas presidenciales, que obviamente serían temas importantes en circunstancias de normalidad, pero que en tiempos de pandemia lucen secundarios, ante los estragos que deja el COVID-19 en la vida de millones de compatriotas.

Deberíamos entonces concentrarnos en la búsqueda de consensos alrededor de políticas que permitan salvar vidas en esta coyuntura, más allá de las cuarentenas que ya acabaron con la paciencia y el bolsillo de los colombianos. Sorprende constatar que nos acostumbramos desde hace dos semanas a ver en los medios de comunicación, ya escondidas y no en los titulares, las cifras constantes de más de 10.000 contagios y más de 300 muertes diarias, como si fueran parte del paisaje. Es triste pero esa parece ser nuestra actitud ante la tragedia. Las miles de víctimas del coronavirus comienzan a recibir el mismo tratamiento de los millones de víctimas del conflicto armado, de los cientos de líderes asesinados en sus territorios: no conmueven a una sociedad indolente e indiferente. Triste reconocer que la vida vale muy poco en Colombia. Esta semana nos convertimos en epicentro del contagio y ya entramos, a pesar de la cuarentena más larga en el mundo, a la lista de las 10 naciones con mayor número de casos.

La tragedia es aún mayor cuando, al lado de la pérdida de miles de vidas, padecemos además la más grave crisis social en años, la economía se descuelga, el empleo se destruye y en pobreza retrocederemos a cifras del 2005, tras dos décadas de avances. El comercio, transporte, reparación de vehículos, alojamiento, restaurantes, industria y construcción decrecieron en forma dramática. ¿No deberíamos entonces concentrarnos en definir cómo se reactivará la economía y el empleo? ¿Esa no debería ser la prioridad de la tarea de gobierno, partidos, gremios y Congreso? ¿No debería buscarse un mínimo consenso político, por ejemplo, alrededor de la renta básica temporal? Es urgente hacerlo porque con estas cifras se estima que, al final del año, tendremos un crecimiento negativo entre el 7 y el 10%, con devastadores efectos sobre el país. Pocos analistas comparten la visión optimista del gobierno de un rebote rápido para el 2021, sin adoptar medidas en ese propósito.

El Gobierno se encerró con los gremios en el Palacio de Nariño a tomar decisiones frente a la pandemia y hoy el panorama es desolador y el balance muy negativo con base en realidades, no en opiniones. Las cifras de contagio, de muertes, de desempleo y crecimiento económico son críticas. Las medidas no sirvieron. No escucharon otras voces ni advertencias y no tuvieron ninguna intención de diálogo con la academia, los partidos, los trabajadores y las organizaciones sociales, que no compartían su visión de la pandemia. Aunque parezca tarde, el Presidente debería concentrar sus esfuerzos en abrir ese diálogo y construir consensos en torno a la mejor forma de afrontar esta crisis que no terminará pronto y en cómo regresar a una nueva normalidad, que no podrá ser igual a lo de antes.

Si Duque insiste en dilapidar los próximos dos años en la defensa de su jefe político, en ataques absurdos a la justicia y en discusiones estériles sobre la Jurisdicción Especial para la Paz y las cortes terminará sin pena ni gloria su mandato, en medio de la peor crisis social en décadas y con una aguda y peligrosa radicalización del clima político, que afectará el futuro del país. Hasta hoy está en eso. Ojalá cambie antes que sea demasiado tarde para él y también para Colombia.

*Juan Fernando Cristo, @cristobustos, ex Ministro del Interior y ex senador.

2 COMENTARIOS

  1. Para: el Dr. Juán Fernándo Cristo.
    Todo éste resultado de nuestro PAÍS, es en respuesta a MANDATOS, desde hace 30 años atrás.
    Las primeras palabras cuando nuestro presidente JORGE IVÁN DUQUE, recibió la banda presidencial fue: *NO GOBERNARÉ CON RETROVISOR*
    Yo no sé con cuál RETROVISOR.
    Porque estamos con el índice de pobreza desde hace más o menos 35 años. Donde los GRANDES CAPITALISTAS, USURPADORES APROVECHADOS, volvieron a nuestro PAÍS. Una miseria que ahora se refleja sin RETROVISOR, de lo que nos dejaron; todos nuestros anteriores PRESIDENTES, y demás REPRESENTANTES, Entonces no nos vengamos a CULPAR, por el que está ahora como PRESIDENTE, que tampoco es un buen ESPEJO con UN REBUEN RETROVISOR.. El cual no está sino interesado por el seguimiento de los resultados judiciales de su JEFE DE PARTIDO.. Se interesa más por el Dr. URIBE, que por NUESTRA NACIÓN.. Lástima que NUESTRO PRESIDENTE NO TENGA UN MÍNIMO DE SENTIMIENTO HUMANO, ni siquiera por los que LO ELIGIERON. Los que creyeron en ÉL. No sé cómo iremos a estar finalizando éstos 2 últimos años de gobierno.. BENDITO SEA DIOSITO SANTO. Solo pido a LA SANTÍSIMA VIRGEN, nos muestre a UN SER HUMANO SINCERO. HONESTO, RESPETUOSO, con COLOMBIA, para poder elegir como FUTURO PRESIDENTE. Porque no hemos tenido ninguno de los anteriores desde hace muchísimo tiempo, NO lo hemos tenido; porque todos… Todos salen CON UN PATRIMONIO EXORBITANTE… LÁSTIMA NOSOTROS COLOMBIANOS. Que elegimos.

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