El TrumpUribismo

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De lamentar el espectáculo vergonzoso que nos ha dado el partido de gobierno, el Centro Democrático, en la milla final de la que será la elección más polémica e importante de la historia gringa. Rodeados por una burbuja impenetrable para la razón, varios miembros sonados del uribismo han decidido, ignorando su irrelevancia, hacer campaña de frente por Donald Trump.

Ya desde hace meses, varios analistas coinciden con que al uribismo se le está acabando el discurso, no hacen pie por ningún lado: el presidente hace poco más que trastabillar, la bancada luce desconectada con el afán modernizador del país y, el líder supremo, quien se predica como un paisa frentero, le tocó renunciar a su curul para huir de la justicia. Una situación muy parecida vive Trump; tras una gestión desastrosa de la crisis del Covid – 19, demostró lo que ya había demostrado tantas y tantas veces en los últimos cuatro años, que es incapaz de dirigir el rumbo del país más poderoso del mundo. Lo que vimos la última semana es, sospecho, algo de solidaridad.

La suma de un uribismo sin discurso y de un Trump que duerme todas las noches con el murmullo de su derrota, conduce a niveles insospechados de insensatez. Hizo carrera, entonces, la idea de que la elección entre el bellaco de Trump y el flojo de Biden es una cruzada contra la fantasiosa idea de un comunismo internacional que busca gobernar el mundo. A los que creen esta afirmación hay que acusarlos, siendo generosos, de pocas luces y menos letras.

Más preocupante aún que las delirantes coincidencias argumentativas entre el uribismo y la campaña de Trump es que empiecen a compartir valores. Y me temo que ya se ha avanzado en esa tarea. Últimamente el uribismo, huérfano de ideas, ha estado mirando al mundo a ver qué copia; hace unos meses, se hablaba de la creación de Vox Colombia, inspirados, cómo no, en el partido protofascista español dirigido por el mesiánico Santiago Abascal. Y ahora, desafiando sus ya altos estándares de infamia, colocan como su faro ideológico y político al bellaco más grande de los últimos tiempos, Donald Trump. Dios los crea…
Lo alentador es que prontamente el uribismo y Trump van a tener algo más en común: una contundente derrota en las urnas.

Nota: escribo esta columna apenas horas antes de conocer el resultado de las elecciones en EE.UU.; por supuesto, Trump puede volver a ganar sobre las encuestas (a hoy pierde en casi todos los estados decisivos), pero me resisto a creer que Trump sea capaz de hacerse reelegir. Eso sí, ojalá la victoria de Biden sea contundente, porque de lo contrario no hay ningún indicio de que la entrega del poder sea tranquila e, incluso, pacífica.

*Felipe Arrieta Betancourt, estudiante de la Universidad Externado de Colombia. Bloguero en medios digitales, @felipe_arrieta.

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