Ucrania: feminización de las migraciones y explotación de las mujeres

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Este texto fue preparado por Isabel Londoño Polo y Camila Espitia Fonseca.

La mujer ucraniana no ha tenido un rol pasivo en la defensa de su Estado, develando la falsa igualdad “mujer = no armas/no guerra.

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Más de cinco millones de personas han salido de Ucrania hacia varios países vecinos como Polonia, Rumania, Hungría, Eslovaquia, y Moldavia, escritos en el orden de magnitud del número de personas que están recibiendo. Cerca del 90%, según el Alto Comisionado para los Refugiados, son mujeres – niñas, adultas y ancianas -. El resto son niños y ancianos. El gobierno ucraniano ha prohibido la salida del país de los nacionales hombres entre los 18 y 60 años, pero eso no es suficiente para que los países receptores caigan en cuenta de la consecuencia de esa decisión: los movimientos migratorios de personas desde Ucrania son casi totalmente de mujeres, a diferencia de otros flujos migratorios recientes, como de Venezuela, Siria y algunos países africanos.

La feminización de la migración forzada de Ucrania requiere un análisis particular de las migraciones, una aproximación crítica al tradicional rol de las mujeres en las guerras y, a su vez, una nueva mirada en su papel como migrantes forzadas, como sujeto activo en búsqueda de protección internacional para salvaguardar su vida y la de sus hijos. Una mirada que no contribuya a reforzar los estereotipos de género que históricamente le han otorgado a la mujer el papel de ser pacífico pasivo y cuidadora innata.

La revista Semana publicó hace un tiempo la noticia de que más de medio millón de niños habían emigrado de Ucrania, pero olvidó mencionar que esas niñas y niños están acompañados de sus mamás (que no de sus papás por lo que comentamos arriba). No reconocer la feminización de la migración forzada ucraniana es otra forma de invisibilizar a las mujeres y la invisibilidad de las mujeres en esta situación es muy dolorosa.

Ucrania es el país más pobre de Europa. Es llamado el “útero de Europa”, donde las mujeres han padecido profundamente las crisis, incluso antes de la guerra actual. La pobreza ucraniana convierte a las mujeres en víctimas de trata para explotación reproductiva, es decir, explotación de sus cuerpos para el alquiler de vientres y la venta de óvulos. “Las condiciones son terribles, no se engañen, detrás de la sonrisa a los clientes hay aislamiento, complicaciones médicas, abandono de bebés que tienen problemas. Mujeres trasladadas a otros países a petición del cliente, sin que tengan opción a llevarse a sus otros hijos”. Esta terrible violación de derechos, perpetuada por personas adineradas del mundo sobre mujeres empobrecidas se ha visibilizado en estos tiempos de guerra, pero no como denuncia frente al sufrimiento de las mujeres ucranianas sino como demanda de las personas que pagan el “servicio” ante el miedo de que sus proyectos de tener hijos se vean afectados.  Mujeres ucranianas en estado de embarazo no han podido salvaguardar su vida saliendo del país porque en países vecinos el alquiler de vientres está prohibido. A los tratantes de vientres solo les preocupan sus futuros bebés, no la madre que da a la luz, no la mujer explotada.

De esto poco se habla, poco se denuncia, pero es fundamental para comprender la violencia basada en género que algunas de las mujeres ucranianas han padecido antes de los ataques rusos. La violencia contra l<mujer en Ucrania relacionada el conflicto armado no es un tema nuevo; es una violencia que se viene presentando de manera intensa desde el año 2014 en el Este de Ucrania tras la anexión de Crimea por parte de Putin. Ariadna Capasso explica: “Encontramos que en el contexto de conflicto en Ucrania, casi la mitad de las mujeres sufrieron violencia por parte de una pareja y el 21% por parte de otros miembros de la familia. La gran mayoría de los casos de violencia ocurrió en el hogar (80%)”. Además, “las mujeres desplazadas (en comparación con las mujeres que se quedaron en la misma ciudad) tenían más probabilidades de experimentar violencia por parte de hombres no conocidos”. De acuerdo con esta investigación, “una de cada cinco mujeres desplazadas, tanto en el interior del país como hacia el exterior, han sufrido violencia sexual”. 

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Ante la preocupación mundial frente a los ataques rusos en Ucrania y las hipótesis de una eventual guerra mundial, se ha despertado una solidaridad internacional, cuyo cubrimiento mediático ha enaltecido la valentía de los hombres ucranianos para defender el territorio tras la Ley Marcial, ignorando el papel de la mujer, tanto en el cuerpo de defensa como en la migración forzada que huye en búsqueda de protección. La investigadora Irene Zugasti señala que “en Ucrania hay 31.000 mujeres sirviendo en el Ejército; ellas representan cerca del 15% de las fuerzas”. También ha habido una militarización de mujeres muy fuerte y ellas también han formado parte de las guerrillas populares del Donbás o han sido las precursoras de iniciativas sociales de redes (comedores, escuelas, orfanatos).

La mujer ucraniana no ha tenido un rol pasivo en la defensa de su Estado, develando la falsa igualdad “mujer = no armas/no guerra”. Por el contrario, las mujeres ucranianas han desempeñado una labor importante en la defensa armada y no armada. Hay mujeres en el país defendiendo posiciones políticas pacifistas y antimilitaristas y hay mujeres trabajando fuertemente en la esfera del cuidado y la búsqueda de protección migrando dentro y fuera del país. 

La migración forzada de las mujeres las expone a una particular situación de violencia basada en género y particularmente de violencia sexual, tanto en la fase del tránsito como en la fase de llegada e integración en el lugar del destino, una situación de la que no están a salvo las mujeres ucranianas. “Mujeres y niñas ucranianas son violadas, agredidas y abocadas en su huida a los prostíbulos de Europa. En la ofensiva de Rusia contra Ucrania, ellas se han convertido en botín de guerra”. Éstos son los hallazgos de organizaciones defensoras de derechos de las mujeres quienes denuncian que, ante la vulnerabilidad profundizada en la que se encuentras las mujeres ucranianas actualmente, proxenetas y delincuentes transnacionales se aprovechan de la desesperada situación de las mujeres, niños, niñas y adolescentes para captarles y explotarles.

La pregunta entonces es: ¿la solidaridad internacional está haciendo lo necesario para salvaguardar la vida y los derechos de las mujeres? ¿O  se está limitando a la nostalgia que produce la guerra provocada por el nuevo enemigo mundial Vladimir Putin? La guerra es grave y tiene consecuencias drásticas en la vida de las mujeres, que requieren investigación, estadísticas, análisis, ayuda humanitaria, reconocimiento, denuncia pública, soluciones reales y protección integral.

En ese sentido, vale la pena cuestionarse cómo los países de tránsito, los países receptores de mujeres ucranianas y la sociedad en general están preparándose para proteger a las mujeres de los riesgos particulares que la migración forzada genera. Las organizaciones internacionales dedicadas a analizar y apoyar a las personas migrantes tendrían que analizar cómo deben ajustarse las políticas migratorias tras la feminización de la migración forzada.

Es urgente establecer mecanismos de prevención, protección y justicia ante la violencia basada en género, la violencia sexual, la trata con fines de explotación sexual y reproductiva y es urgente un rechazo social masivo a la violencia contra la mujer refugiada y migrante, acompañado con medidas que refuercen la autonomía de las mujeres para una verdadera integración en los países receptores o un eventual retorno en condiciones de voluntariedad, seguridad y dignidad.

La experiencia vivida en el marco del desplazamiento forzado interno en Colombia, que sigue vulnerando los derechos de los mujeres, especialmente campesinas, afrodescendientes, indígenas, refugiadas y migrantes, enseña que la guerra no la viven de la misma manera las mujeres y los hombres. La guerra afecta desproporcionalmente a las mujeres y refuerza los roles de género, profundizando la pobreza, la vulnerabilidad y los riesgos.

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*Isabel Londoño Polo, Ed.D, activista feminista, coach política, columnista, escritora.

Isabel Londoño Polo

*Camila Espitia Fonseca. Politóloga y economista. Magister en políticas públicas con estudios en justicia de género.

Camila Espitia Fonseca

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