Un AVAL para una banca ética y popular

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La ética ha fallado y “las travesuras” por crecer tienen a AVAL en un infierno que atraviesan en este caso sus mismos colaboradores que participaron en componendas para obtener resultados económicos.

La impecabilidad en el manejo ético de los recursos de terceros es el imperativo kantiano de un banquero. Todo el aparataje de control está fundamentado en generarle confianza al público y es tal la exigencia que quienes pretenden administrar captaciones sin permisos tienen hasta 20 años de prisión. 

Y no es para menos si un grupo como el Aval tiene el manejo del 25% de los recursos de las personas naturales y jurídicas de Colombia. Aval es un grupo de lujo, importante y poderoso, con las mejores credenciales de parte de las firmas calificadoras de riesgo y con las más robustas estructuras de control integral del riesgo propio de la cultura empresarial corporativa (pacto con las Naciones Unidas y UNEP FI) y además que administra la información personal en 14 millones de cuentas de ahorro y 850.000 cuentas corrientes del patrimonio de los colombianos.

Pero el gran desconcierto es ver empresas del grupo juzgadas por segunda ocasión por la justicia norteamericana por delitos de enriquecimiento ilícito cometidos -que ironía- además en nuestro país: En 1989 por lavados de activos sobre uno de sus Bancos, con una multa de U$ 5.0 MM y hoy por corrupción en el tejido de la contratación Estatal, con una multa de U$ 60.0 MM, en un rompecabezas que no termina de armar ni la justicia ni el periodismo investigativo.

¿Qué fracasó?

Comencemos por el principio: ¿Cómo Luis Carlos Sarmiento logró ser líder dentro de los bancos del país? ¿Cómo logró este hábil banquero concentrar el negocio de la banca en sus manos? ¿Cómo Aval llegó a ser Aval que quiere decir garantía que se adquiere sobre la conducta o las cualidades de otra persona?

COMPRANDO QUIEBRAS Y ASUMIENDO RETOS:

La habilidad de Luis Carlos Sarmiento Angulo quizás es hacer lo contrario que les pide a sus banqueros: buscar la oportunidad en líos, es decir, comprar negocios embolatados como el banco de occidente que lo organizó y con la construcción de vivienda le llevó a posicionarse ante todo como un importante banquero y menos como un constructor que era.

El segundo paso fue apostar a la expansión dentro del desorden institucional y económico de los años 80. En esta década intervienen y nacionalizan varias entidades financieras y el gobierno pone en aprietos a importantes banqueros que cederían espacios a Sarmiento donde hábilmente construyó sus cuarteles. Michelsen Uribe del Grupo Grancolombiano, Felix Correa del Banco Nacional y Furatena, y los Mosquera del Banco del Estado, todos ellos acusados de manejos irregulares y autopréstamos con recursos de terceros, salieron del negocio exiliados o hacia el banco de los acusados.

En esta crisis la banca privada perdió participación en el capital bancario, pasando de un 75% a un 35% y en ese ambiente se recompuso el sistema financiero. 

Mientras tanto Sarmiento compró en puja y pugna con el grupo Bolívar, el Banco de Bogotá y a su vez éste, el Banco del Comercio que estaba nacionalizado. 

Una fuerte contracción monetaria que venía de finales de los 70´s preparó el terreno para administrar recursos por fuera de la banca, en el llamado mercados extrabancario. Este mercado irregular y sin control se nutrió del narcotráfico y además se organizó e invadió a principios de los 80´s la banca nacional otorgándole liquidez barata toda una década. Aquí se explica la primera multa de parte del gobierno de EEUU a uno de los bancos del futuro grupo AVAL.

Finalmente, la banca en medio de estas debilidades entró con bandera verde a la apertura económica a principios de los 90´s, que trajo en bandeja de plata la liberación del sector financiero: internacionalización de la banca, nuevos capitales, nuevas entidades y oportunidades para empresas financieras medianas y de servicios, nueva regulación y una manera nueva de supervisar. (Surge porvenir como parte de los fondos privados de mano de las reformas económicas).

 ¡El sector financiero se expande!

NACE AVAL, EN LA CUNA DE LA CRISIS:

La organización OLCSA se convirtió en AVAL, a finales de los años 90´s, poco después de hacerse a la propiedad de otro banco público: El Popular.

Aval surge curiosamente en medio de la peor crisis financiera del país: la crisis del UPAC. La debilidad de la banca y la intervención de las corporaciones de ahorro y vivienda generó temores en los ahorradores que buscaron una banca fuerte para poner sus ahorros: y ahí estaba La organización Luis Carlos Sarmiento con los brazos abiertos y convirtiéndose en grupo Aval mientras caían bancos aquí y allá.

Veamos la participación de los bancos del grupo en esa secuencia histórica: En el año 1995 había 33 entidades financieras, en 1999 bajaron a 26 y en el 2007 solo quedaron 16. La participación de Aval en el mercado de activos pasó de 19.2% en el 2001 a 28,7% en el 2008. 

Fuente: Asobancaria, la competencia y la eficiencia en la banca colombiana. 2016. Cálculos propios.

Mientras la banca estatal, mediana y cooperativa -igualmente con nocivas alianzas con dineros del narcotráfico desafortunadamente- desaparecía en fusiones, nacionalizaciones y quiebras, Aval, por un lado, absorbió estratégicamente pasivos y activos de algunos de ellos (Ahorramas, Unión, Selfin y Megabanco) y, por otro lado,  negoció  la Corporación Financiera del  Valle como pago de obligaciones de sus accionistas insolventes y la convierte en Corficolombiana, capturando la experticia de negocios de banca de inversión y construyendo el camino que la llevaría a la postre a la ruta del sol.

Mientras tanto los bancos de Aval recibían el “apoyo” de los ahorradores que hacían cola en sus oficinas en una especie de pánico controlado y efecto refugio de sus depósitos que estaban amenazados por la quiebras de entidades financieras. Esta crisis se convierte en un atajo para la labor comercial de los grandes bancos -Bancolombia, Davivienda y bancos de Aval principalmente-, fortalecida con resultados que seguramente requerirían de años de ventas de sus servicios. En todo esto, las políticas de salvamento por supuesto fueron parte de la palanca que favoreció la concentración de negocios en el grupo Aval. El Estado limpió el camino para que las ruedas del sector financiero siguieran avanzando. ¿Cuánto costó la crisis entre 1998 y el 2001? 23 billones de 1999 o el 15% del PIB de esa época. A hoy eso sería más de 100 billones o más de 5 reformas tributarias como la actual del gobierno. 

Este proceso, que es la puesta en escena de la peor crisis financiera y económica de siglo XX en nuestro país – así catalogada por los analistas- puede leerse de muchas maneras, pero sin duda en este caso, la eficacia de los dispositivos estatales para proteger los recursos de los ahorradores (Fogafin, Banco República y Superfinanciera) se tradujo en la desaparición de las entidades de crédito medianas y pequeñas, las entidades el sector solidario o cooperativas y entidades con criterio ético y social y sin ánimo de lucro. La destrucción de valor social y económico se reinventa en entidades poderosas con estructura oligopólica.

Y he aquí, desconcertados, de cara a los riesgos de estructuras empresariales que concentran cuantiosos recursos, con más fuerza que el mismo Estado. La ética ha fallado y “las travesuras” por crecer tienen a AVAL en un infierno que atraviesan en este caso sus mismos colaboradores que participaron en componendas para obtener resultados económicos. Al final, como dijo Borges nadie sabe “que dios detrás de dios la trama empieza”.

De nuevo la justicia de EEUU le arrebata una suma importante de dólares al grupo Aval por portarse muy mal en Colombia. Aunque la palabra costo realmente no parece dura cuando observamos que U$ 60.0MM es el 5% de las utilidades del grupo Aval o visto por otro lado, el 10% de los impuestos que pagó en el 2022 en Colombia.

El costo es ÉTICO y de responsabilidad empresarial con el país y sus ahorradores, además de consecuencias que se podrían derivar de ahí, en un ambiente crítico como el nuestro.

Pareciera que todos los modelos bancarios fallan. Sin embargo, aquí se trata de fortalecer la ética y apostarle, con lo que tenemos, a nuevos modelos de riesgo que resulten de pactos empresariales y solidarios que mitiguen los desafortunados episodios de corrupción que no queremos. 

Por lo pronto el Gobierno propone alternativas populares como una narrativa alterna a los grupos privados que concentran la banca. Sin embargo, no se trata de remplazar los oligopolios por megabancos estatales sino de crear formas de financiamiento populares eficientes a la manera del padre del microcrédito, Mahammad Yunus. Pasar al proyecto del BANCO DE LOS POBRES y que esos recursos los aporte la banca privada.

Nuestra propuesta es paralelamente a la banca existente, hacer rodar un ejemplar y novedoso ejercicio de banca cuyo propósito no sean dividendos privados sino sociales y cuyo patrimonio, con aporte público, sea principalmente privado. Un banco de ricos para pobres que seguramente al frenar el motor de las utilidades permita una empresa económicamente útil y socialmente ética. Este banco tiene la potencia de usar el conocimiento y la red del sistema bancario en conjunto y penetrar territorialmente los mercados populares dentro de lógicas de rentabilidad social principalmente, donde las tasas de interés consulten condiciones materiales de sus usuarios y no intereses patrimoniales. 

Veamos la banca de otra manera: es el momento.

*Gabriel Suárez. Economista. Socio de Márgenes SAS

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