“El drama de Colombia es que, por el temor a una izquierda extrema, ha preferido ser secularmente gobernada por el centro y la derecha, y perpetuar la injusticia y la desigualdad.Zona de los archivos adjuntos”.

Colombia requiere tres cosas:

  1. Una plataforma de pensamiento que refine la ideología de centro-izquierda.
  2. Un movimiento político que promueva la centro-izquierda.
  3. Un gobierno de tendencia progresista.

Colombia es un país curioso en la escena mundial porque nunca ha tenido un gobierno de izquierda. Mientras que prácticamente todos los demás países de América Latina han tenido gobiernos progresistas (con distintas consecuencias, unas buenas y otras malas, hay que decirlo), Colombia no ha tenido ninguno. El liberalismo radical del siglo XIX difícilmente cuenta como una postura socialmente progresista en el siglo XXI. Tal vez lo más próximo a un gobierno de izquierda (y eso es bastante debatible) fue el primer gobierno de Alfonso López Pumarejo (1934-1938), y el último intento de un gobierno social-demócrata fue el de Ernesto Samper (1994-1998), pero, aparte de eso, Colombia siempre ha estado gobernada por gobiernos de centro o de derecha.

Una consecuencia de lo anterior es que las políticas públicas siempre han sido pensadas para beneficio de las élites y, como resultado, Colombia es uno de los países del mundo que exhibe mayor desigualdad social y un clasismo insoportable.

Para que una democracia sea sana, es necesario que la centro-izquierda sea una opción real de poder. En Colombia la izquierda no ha sido opción de poder principalmente por la influencia negativa de las guerrillas. Las guerrillas no hicieron una ruptura clara y definitiva entre la izquierda y la violencia y el concepto de una izquierda violenta, antidemocrática y anti-riqueza terminó por aislar, no solo a las guerrillas, sino a toda la izquierda, del poder.

Colombia necesita gobiernos de centro-izquierda porque necesita que el desarrollo económico vaya aparejado de progreso social. En Colombia el progreso social ha sido demasiado lento y se mantienen unas brechas sociales de enorme magnitud. Esas brechas se mantienen porque la sociedad colombiana tiene mecanismos económicos, políticos, sociales y culturales para reproducirlas. Estudiar la estructura tributaria o arancelaria o pensional de Colombia es estudiar cómo se diseñan las reglas del juego social para mantener privilegios. El papel de la izquierda en la escena política colombiana es romper los mecanismos que mantienen esas brechas.

Cuando uno habla de izquierda, uno tiene que especificar de qué tipo de izquierda está hablando. Hay izquierdas de izquierdas. Está la izquierda destructiva de Maduro en Venezuela y está la izquierda constructiva de los países escandinavos. Son cosas muy distintas. Ya sabemos (la historia lo ha demostrado una y otra vez) que una izquierda extrema ha causado desastres económicos. No es sino recordar la Unión Soviética, la China de Mao, Cuba o Venezuela. Pero también hay izquierdas pragmáticas. La gente olvida que el mayor ejemplo de éxito económico en el mundo es la China moderna, post-Mao, y que los países que logran ofrecer los mayores estándares de vida son típicamente países de tradición social-demócrata.

Así que la izquierda, para mantener su vigencia, tiene que aprender de la historia y actualizarse. Hoy es insostenible una izquierda violenta, no democrática y enemiga de los mercados. El drama de Colombia es que, por el temor a una izquierda extrema, ha preferido ser secularmente gobernada por el centro y la derecha, y perpetuar la injusticia y la desigualdad.

La coyuntura política ha llevado a una polarización en Colombia entre la derecha y la izquierda, que ha reflejado también lo que ocurre en el mundo. En las últimas décadas, Álvaro Uribe ha emergido como el líder indiscutible de la derecha, y la izquierda ha tratado de construir un liderazgo similar, que ha pasado por figuras como Ernesto Samper, Lucho Garzón, Samuel Moreno, Carlos Gaviria y, más recientemente, Gustavo Petro. El hecho de que Ernesto Samper y Samuel Moreno estén en esa lista dice mucho de los problemas de la izquierda colombiana para consolidarse como alternativa de poder. Hoy, el líder más conspicuo de la izquierda es Gustavo Petro. Es un líder mesiánico que se acerca incómodamente a una izquierda extrema y cuya sola presencia alienta la polarización.

Colombia requiere solidificar una posición de centro-izquierda porque necesita distanciarse de las posiciones extremas tanto de la derecha, que ha gobernado, como de la izquierda que pretende sustituirla. La posición tiene que ser de izquierda porque tiene que manifestar, como diría la Iglesia Católica, su “opción preferencial por los pobres”, pero también tiene que ser de centro porque tiene que revelar que sus credenciales democráticas y económicas son impecables. Hoy el centro-izquierda es el centro del espectro político en Colombia y es necesario que haya una plataforma de pensamiento que refine su contenido y un movimiento social y político que lo promueva.

El futuro de Colombia no puede ser concebido sino en términos de justicial social. La justicia social en Colombia tiene mal nombre porque algunos que la han defendido han creído que la injusticia social es una justificación para cometer otras injusticias. Pero la justicia social es necesaria. Como dijo Martin Luther King en uno de sus famosos discursos, parafraseando a un pensador del siglo XIX, “el arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia la justicia”.

Hace ya más de 25 años, a raíz de la caída del régimen soviético, Francis Fukuyama declaró El fin de la historia. Hoy está más claro que nunca que la historia no ha terminado. El capitalismo, con un poder sin igual, también ha demostrado sus fallas. Hoy, no solo en Colombia sino en el mundo entero, es necesario construir una sociedad basada en los principios de solidaridad, cooperación y equidad.

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