Para quienes, durante cuatro años, hemos escuchado que la reserva Thomas van der Hammen es un potrero, por instinto de conservación no usamos TransMilenio porque la sensación de inseguridad nos acompaña día y noche y tenemos la esperanza que es posible re-construir  la responsabilidad y la solidaridad en la construcción de la ciudad -como dice María Mercedes Maldonado en alguno de sus trabajos académicos –, recibimos la elección de  Claudia López como Alcaldesa de Bogotá con optimismo, no solo por los instrumentos conceptuales y metodológicos de ella y su equipo para enfrentar el desafío de nuevas formas de valorar todas las dimensiones del ordenamiento territorial de nuestra ciudad, sino también porque su elección significa una apertura a la diferencia.

Acordémonos que para los contradictores del proceso de paz, la mentira de la ideología de género fue una de sus banderas- sino la más importante – para conseguir el  triunfo  del No en el plebiscito. Esta elección demostró que Bogotá se aparta de este tipo de ideas, por lo menos, cuando de tomar decisiones electorales se trata.

Con esta elección, no se agota la discusión sobre los papeles hegemónicos de género; por el contrario, se abre la posibilidad de reconocer desde la administración de la ciudad  la importancia de la división del trabajo en virtud del género. Ha dicho la Alcaldesa electa que, frente a ese y todos los demás temas, más que textos habrá acciones concretas.

La posibilidad de enfrentar las desigualdades e inequidades de las mujeres desde la planeación urbanística  tiene mucho que ver con la actuación de los agentes públicos y privados. Uno de los instrumentos puede ser el que tiene que ver con los propósitos, derechos y obligaciones de los planes de vivienda para las mujeres y hombres de los sectores más desfavorecidos. Cuando la profesora María Mercedes Maldonado nos hablaba del desarrollo urbano con fines socialmente definidos, nos llevaba a pensar en un concepto de vivienda en el que se considere las técnicas de construcción progresiva de casas sobre lotes con todos los servicios domiciliarios, equipamientos de salud, educación, jardines infantiles y ocio –entre otros– que permita, sino disminuir, sí hacer más livianas las jornadas de trabajo no remunerado de las mujeres. 

En la coyuntura actual de movilizaciones, ha planteado la Alcaldesa como prioridad la construcción de futuro para los jóvenes, pero también ha hablado del Plan de Ordenamiento Territorial -POT- ligado al concepto de ciudad región y a la región administrativa y de planificación, como instrumentos que permiten hacer planteamientos sobre la distribución de la población y el empleo.

Estamos seguros que este segundo aire de transformaciones  producirá un impacto positivo en las condiciones de vida, no solo de los jóvenes, sino de todos los hombres y mujeres que habitamos y habitarán en  la Ciudad Región Bogotana.    

*Carlos Mendoza, arquitecto urbanista y defensor de los derechos humanos.

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