Venezuela: ruta compleja

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Desde estas líneas hemos propuesto de manera reiterada la vía de la negociación como mecanismo para resolver nuestro conflicto.

Así será el trayecto que habremos de construir los venezolanos para reinstitucionalizar el país y ello es consecuencia de que ninguno de los factores en pugna pudo derrotar al otro. Es esa particular circunstancia, que hemos visto ocurrir en otros países muy cercanos al nuestro, lo que obligará a quienes lideran la pugna a diseñar, con el apoyo internacional que experiencia tiene en ello, las vías que permitan el retorno a la normalidad interna.

La última reunión realizada en ciudad de México – con retardo como consecuencia de la reacción del madurismo a las expresiones internacionales producidas en virtud de los informes de derechos humanos, incluidas las intervenciones de personeros en la ONU – ha acordado la integración de comisiones que coadyuven en el esfuerzo que han emprendido, lo que ha originado que algunos, en una primera lectura, concluyan que lo ocurrido anuncia fracaso. Pienso lo contrario.

(Lea también: Tres países, dos conductas)

El camino de la negociación que se ha convenido ejecutar – guste o no – será largo y tortuoso. No es como algunos afirman que, con él, el señor Maduro está ganando tiempo, pues quien eso piensa parte de un falso supuesto, cual es que éste abona en su beneficio. Resulta que toda gestión pública que se considere sustentada en votos – y eso es lo que quienes le acompañan afirman – tiene principio y final y éste está constitucionalmente definido, bien por anticipado vía revocatorio, bien el 10 de enero de 2025, sin que la afirmación que he realizado implique reconocimiento personal alguno. Solo me limito a exponer hechos, dado que él afirma ocupar Miraflores por decisión popular pero además controla población, territorio y los demás poderes del Estado que internamente actúan y es en función de ello que deben diseñarse estrategias.

La reinstitucionalización que se ha propuesto tiene implicaciones a lo interno y también a lo internacional. Si quienes ocupan el país controlan todos los poderes públicos, solo convenir en ese tema ya es el reconocimiento que algo al respecto no está funcionando correctamente y, si en tal sentido, se adoptan decisiones que permitan ir solventando la situación, quienes estando en posición dominante eso admitan, están – obvio es decirlo – cediendo éstas. Hacia allá vamos, no con la velocidad que muchos quisieran, pero sí con la certeza que el rumbo claro está.

La reinstitucionalización venezolana, como en experiencias previas de otros países, obligará a consensuar una Comisión de la Verdad que pueda determinar lo que nos ocurrió, lo que todos hicimos desde el 2 de febrero de 1999 en adelante y que ha llevado a la situación en la que hoy nos encontramos, para con ello empezar a fijar responsabilidades, para lo cual, por cierto, será menester construir una justicia transicional con todos sus elementos, a saber, verdad, justicia, reparación, garantías de no repetición y memoria, así como un órgano que imparta la misma.

(Texto relacionado: Venezuela: Otras medidas para su reinstitucionalización)

Quienes en Colombia lean seguramente convendrán que ése es el sistema que el país aprobó el año 2016 en relación con las FARC y admito que en mucho deberá parecérsele pues, a pesar de las críticas que al mismo se le hacen, es un modelo propicio para construir el nuestro.

Desde estas líneas hemos propuesto de manera reiterada la vía de la negociación como mecanismo para resolver nuestro conflicto. Quien no tiene armas y sabe que quienes le acompañan en su pensamiento también carecen de ellas no puede proponer algo distinto. Es por ello que formo parte de quienes buscarán siempre que, a través de la negociación, lo logremos. La calificada presencia internacional que nos acompaña en esa mesa mejicana es una garantía de que muy probablemente ella llegará en algún momento a feliz puerto.

A diferencia de quienes creen que quien ocupa el poder en la actual condición venezolana gana tiempo, quienes me conocen saben que pienso lo contrario. Cada día es un díaa menos para quien lo ostenta, cualquiera sea el modo como lo adquirió.

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*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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