Vida y empleo, pandemia e inflación

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En Estados Unidos y en la mayoría de los países europeos, la pandemia fue debilitada rompiendo la prohibición de emitir moneda para distribuir ingresos mínimos entre los afectados, pero los economistas tradicionales están alertando acerca de la supuesta gravedad de la inflación causada por esos gastos no ortodoxos.

Es más lógico hacer un Pacto por la Vida que un Pacto por el Empleo, pero es evidente que, en la situación actual de Colombia, el empleo, sobretodo el empleo para los jóvenes, es fundamental para mantener la república. Conviene entonces reflexionar acerca de las relaciones entre vida y empleo.

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El Pacto por la Vida que estamos conformando está enfocado hacia toda clase de vida porque toda vida está en peligro, tanto la  humana como la de las otras especies animales y vegetales. Lo más grave es que buena parte de los gravísimos problemas que agobian al planeta surgen de ciertas formas de empleo que los empresarios ofrecen a los posibles trabajadores. Los economistas tradicionales y sus amigos en los medios insisten en que el objetivo  principal es el crecimiento de la economía privada sin discriminar entre qué es lo que debe crecer. Gran parte de nuestros problemas surge del rápido crecimiento de algunos mercados, como el de la industria automotriz fundamentada en los motores de explosión y base principal de varias economías, inclusive de la colombiana. ¿Qué hacer entonces?

Tanto el neoliberalismo en casi todo el planeta como las nuevas economías comunistas en China, Vietnam,  Cuba y Venezuela tratan de construir alternativas, pero la mayoría de ellas sigue fundamentándose en ortodoxias monetarias estrechamente relacionadas con el poder de quienes hoy son propietarios de las mayores cantidades de moneda internacional. Sus restricciones han ocasionado que las soluciones sean pequeñas y lentas de acuerdo con las técnicas financieras internacionales adoptadas para evitar los cambios repentinos que llamamos crisis.

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En Colombia y en la mayoría de los países que llaman “subdesarrollados”, esas soluciones pequeñas y lentas afectan gravemente la producción de empleo debido a que en el proceso de globalización los inversionistas prefieren, como es su lógica, comprar acciones o generar  empresas nuevas en los países en donde se ofrecen mayores seguridades personales, políticas y financieras. En nuestra situación, con más de 600.000 colombianos naciendo anualmente en un país pobre pleno de violencia y corrupción y signado por el narcotráfico, son pocos los colombianos inversionistas y menos los extranjeros que se arriesgan y se apartan de la inversión en actividades locales ya existentes que les dan alguna seguridad y que hacen algo más que invertir en infraestructuras que saben seguirán siendo utilizándose inclusive en actividades ilegales.

 La desesperación y la ira que percibimos en los paros tienen fuerte interrelación con esa escasez de inversión en Colombia, pero también están conectadas con otra estrategia ortodoxa fuertemente establecida en Colombia desde hace más de treinta años llamada austeridad estatal, que impide generar empleos sociales. La escasez de jueces, de fiscales, de médicos, de enfermeros, de policías, de maestros, de guardabosques de soldados, inclusive la debilidad del Estado en las zonas abandonadas por las FARC, está fundamentada en esa ortodoxia. Paul Krugman, uno de los premios Nobel más alertas e inteligentes,  hace pocos habló de cómo este amor por la ortodoxia ya está afectando inclusive a los demócratas de centro quienes, con propaganda masiva, están impidiendo a Biden aumentar los impuestos a los grupos más ricos.

Afortunadamente, en Estados Unidos y en la mayoría de los países europeos, la pandemia fue debilitada rompiendo la prohibición de emitir moneda para distribuir ingresos mínimos entre los afectados, pero los economistas tradicionales están alertando acerca de la supuesta gravedad de la inflación causada por esos gastos no ortodoxos. Posiblemente por eso, Duque redujo a 170.000 pesos mensuales los Ingresos Solidarios con lo cual es posible que haya creado más ira que agradecimientos. En estas situaciones internacionales, Colombia debe generar empleo para calmar la ira y la desesperación de los jóvenes y, encima de todo, reducir la exportación de cocaína. Reflexión es lo que falta.

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*Julio Carrizosa Umaña, ingeniero, ambientalista, miembro honorario de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

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