Violencia, futuro y un pacto por la vida

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Sacado de ANRed

La Colombia “bella y próspera” de Don Agustín Nieto en ochenta años se convirtió en uno de los países más violentos y corruptos del planeta y en el mayor productor de drogas psicoactivas.

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Lo sucedido en Afganistán debería generar grandes reflexiones acerca del futuro de Colombia, como lo propone Alejandro Gaviria. Sugiero, para suscitar reflexiones urgentes, los siguientes tres puntos:

  1. Dadas las actuales políticas internacionales en contra del narcotráfico, ¿es posible imponer el orden y mantener la libertad en un país en donde los insurrectos están financiados por las enormes cantidades de dinero que se generan por haber convertido en delito el consumo de drogas psicoactivas?
  2. Dada su experiencia contra los talibanes, ¿está Biden dispuesto a seguir ayudando a Colombia en la lucha contra la insurrección y el narcotráfico? ¿Podemos seguir confiando en que nuestra guerra de 50 años terminará algún día con la victoria de un republicanismo democrático?
  3. ¿Cuáles son las alternativas?

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Leyendo las declaraciones de casi todos los candidatos a la presidencia y de los abogados y políticos que los asesoran me queda la impresión de que están dispuestos a ignorar todas las realidades que se apartan de sus ideologías y que tratarán de continuar aplicando los modelos simplificantes en donde se desprecia la complejidad de la realidad. Pero estoy seguro, por lo que ya ha dicho, que Alejandro Gaviría está consciente de que solo con soluciones complejas se mejorará la situación.

Los que éramos niños en 1947 recordamos muchas de estas simplificaciones. Algunas nos entusiasmaban hasta llevarnos jugar a la guerrilla en los cerros de Bogotá y lograban que en un colegio progresista los niños liberales encerraran en los “closets” de los salones a sus compañeros – considerados conservadores por sus apellidos -. Pocos profesores pensaban en el futuro que nos esperaba a todos, tan diferente de lo que había escrito Agustín Nieto, nuestro gran pedagogo, en 1923:

(Texto relacionado: Educar, ¿para qué?)

“La Colombia que hemos visto los excursionistas de estos tiempos es, para usar una frase futurista, una nación cargada de porvenir. Es una tierra que no necesita anteojos de semántico para ser llamada hermosa, ni ojos de alucinado para escuchar la voz de su alto destino. Después de haber realizado tantos viajes a través de estas tierras de promisión, hay el derecho de realizar el viaje imaginario por esa Colombia del futuro, que será bella y próspera como pocas regiones del mundo”.

Al iniciarse la década de 1940, el país tenía apenas un poco más de ocho millones de habitantes; Bogotá no llegaba a los 400.0000, pero en pocos años, después de la terminación de la Segunda Guerra Mundial, la población empezó a crecer aceleradamente, no por la afluencia de inmigrantes – que fueron relativamente pocos – sino por los cambios en la medicinas y las normas sanitarias. La teoría del desarrollo económico que nos fue propuesta por el Presidente Truman en 1947 y que rápidamente fue introducida en Colombia por el Banco Mundial, se fundamentaba, simplemente, en el aumento de la variable población y en la posibilidad de que al mismo tiempo se lograra incrementar, al mismo ritmo, la cantidad de capital disponible. En el otro extremo ideológico, la Unión Soviética abrió por entonces cursos en Moscú para decenas de políticos izquierdistas y financió la publicación de manuales popularizantes de las ideas marxistas leninistas. Los conservadores lograron que, pocos años después, se tratara de modificar la Constitución de 1886 con ideas cercanas al falangismo. Afortunadamente, Lleras Camargo logró disminuir el poder del fascismo pero, como nos consta a todos, eso no fue suficiente, La Colombia “bella y próspera” de Don Agustín Nieto en ochenta años se convirtió en uno de los países más violentos y corruptos del planeta y en el mayor productor de drogas psicoactivas. Difícil construir un futuro deseable, doctor Gaviria, pero trataremos de hacerlo en nuestro Pacto por la Vida.

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*Julio Carrizosa Umaña, ingeniero, ambientalista, miembro honorario de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

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