“Se expresó el temor que este camino hacia el futuro de paz tan difícilmente construido se vea frustrado nuevamente por la actual ola de violencia que amenaza al Valle del Guamuez, al departamento del Putumayo y a gran parte del país” .  

“La noche de 9 de enero de 1999, aproximadamente 150 paramilitares del bloque sur Putumayo, unidad adscrita al Bloque Central Bolívar – BCB – de las Autodefensas Unidas de Colombia – AUC – irrumpieron en la zona urbana de la Inspección de Policía del Tigre, en el bajo Putumayo, Valle del Guamuez. Asesinatos y desaparición forzada de exclusivamente hombres; quema de casas, motocicletas y vehículos; maltrato físico y verbales a las mujeres, fueron acciones emprendidas por esta avanzada paramilitar. La estigmatización como “pueblo guerrillero” soportó este accionar violento, convirtiendo a sus pobladores en objetivos militares”. (La Masacre de El Tigre – Reconstrucción  de la memoria histórica en el Valle del Guamuez – Putumayo, Grupo de Memoria histórica, 2011, página 10).

En esa masacre fueron asesinados 28 hombres y más de 14 fueron desaparecidos (lanzados al rio Guamuez), ocasionando el desplazamiento de cien familias. Dice el documento arriba mencionado que de este éxodo solo  doce familias permanecieron en El Tigre; las mujeres que hoy se conocen como “Violetas de Paz” pertenecen  a esas familias que resistieron, acto heroico que  logró que sus habitantes pensaran colectivamente en el retorno. El 9 de febrero del año en curso esas mismas mujeres organizaron la conmemoración de la masacre, en compañía de la alcaldía municipal y sus juntas de acción comunal.

El acto se inició con una concentración en el antiguo puente sobre el río Guamuez, escenario de la  masacre, hoy convertido  por  las “Violetas de Paz” en  un extenso grafiti  como expresión artística en  memoria de sus víctimas. Después de las palabras del pastor de la Iglesia Pentecostal, más de mil personas caminaron hasta el coliseo del casco urbano donde tuvo lugar el acto de conmemoración, que se abrió con la celebración de una misa católica.

En palabras de María Ruby Tejada, lideresa de esas 62 “Violetas de paz”, sin lágrimas, pero con gran respeto por la memoria de  sus víctimas, los habitantes de la Inspección del Tigre hacieron una demostración de su capacidad de resiliencia.

El encuentro de Ejército, Administración Municipal, Iglesias y comunidad  alrededor de la  conmemoración mostró que se ha iniciado un proceso de reconciliación y convivencia, en el que la confianza en las instituciones del Estado comienza a (re) construirse. Espacios de encuentro y esparcimiento como el coliseo, el Parque de la Memoria El Tigre,  el Centro de Desarrollo Infantil – CDI – y la Casa de la Cultura son considerados una respuesta al derecho de reparación.  En sus intervenciones los representantes de la Unidad de Víctimas, la Unidad de Tierras, la Gobernación y la Alcaldía, sin mencionar la falta de acueducto y alcantarillado que contribuye a la contaminación de las fuentes de agua, invitaron a instalar la certeza de la paz en el imaginario de la comunidad.

Para finalizar la jornada, se invitó a un sancocho de gallina y, en los corrillos, se expresó el temor que este camino hacia el futuro de paz tan difícilmente construido se vea frustrado nuevamente por la actual ola de violencia que amenaza al Valle del Guamuez, al departamento del Putumayo y a gran parte del país .    

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