“La puerta está abierta para encontrar aliados en medio de la arbitrariedad. El servilismo, además de indigno, resulta inútil.”

Más grave que la presión de parte de la embajada cancelando visas a funcionarios de las ramas judicial y legislativa es la ausencia de dignidad y el servilismo manifestados en la complacencia por la medida. Otra vez más, miopía, fuego amigo, que no conducen a que Colombia sea apreciada como interlocutor respetable.

Lo usual, en la larga historia del narcotráfico, consistía en que se cancelaban visas a los actores vinculados a alguno de los eslabones del fatídico negocio, incluyendo políticos acusados de beneficiarse con la plata maldita. Por ello es que resulta belicoso y, a la vez, sorprendente, que los Estados Unidos le hayan retirado el permiso de ingreso a magistrados de las cortes colombianas y a un congresista por razones políticas: la institucionalidad colombiana favorece un concepto de la JEP que el ejecutivo norteamericano no comparte y, en consecuencia, la embajada decide el retiro del visado como medida amedrentadora de presión.

Se supone que Colombia es amiga de primer nivel de los Estados Unidos. Ha seguido, por décadas, los dictámenes del Departamento de Estado en la guerra contra las drogas, pese al reguero de muertos y los dolores que ha provocado y a que oferta y demanda de cocaína se conservan en los mismos rangos de hace veinte años.

Ambas naciones son signatarias de la Carta de las Naciones Unidas que comienza proclamando el fomento  “entre las naciones (de) relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y a tomar otras medidas adecuadas para fortalecer la paz universal”, así como “la igualdad de derechos de hombres y mujeres, de las naciones grandes y pequeñas…”

Más que el derecho a la suspensión de las visas,  EEUU lo puede hacer, simplemente, a partir de su posición de fuerza. Es una jugada de halcones, aunque más asociada al estilo de Trump, un individuo con la competencia probada del bullying interno e internacional.

En forma casi simultánea, EEUU canceló las visas a un grupo de diplomáticos rusos que iban a tomar parte en una conferencia de las Naciones Unidas sobre la no proliferación de armas nucleares. Ocurre que la sede de las N.U., por la misma Carta, está en suelo norteamericano. No hay comunicación alguna que revele el apoyo de ciudadanos rusos a la arbitraria medida…

El matoneo ha sido aplicado por Trump a sus rivales en la carrera por la presidencia, a sus ministros, a su ex-director del FBI, a su ex-abogado, al New York Times y CNN, a las señoras May y Merkel. Allá, como en cualquier lado, los líderes son poderosos faros que orientan los comportamientos de sus subalternos y seguidores a partir del suyo propio. El supremacismo blanco se ha fortalecido y los crímenes de odio han aumentado a partir de las señales que emite el primer mandatario.

¿Por qué no presionar por el lado de la suspensión de visas al calor de la reactivación de la doctrina Monroe, entre otras, de parte del asesor de seguridad de la Casa Blanca, Bolton?

Más doloroso que el cuento de la cancelación de visas son las reacciones y los silencios de alguna dirigencia criolla. Lamentable espectáculo, indigno, que hará sonreír a los promotores del chantaje.

Del lado de quienes aplauden la cancelación de visas, las redes sociales se han inundado de aclamaciones que proclaman la soberanía de los Estados Unidos, su complacencia por la decisión, por fin, de golpear a magistrados que etiquetan de aliados de los narcotraficantes. Entre ellos, varios excandidatos a altos cargos…

Y, desde luego, el silencio del presidente y las declaraciones de la vicepresidente son aterradores:  “Nosotros respetamos las decisiones de cada país siempre que se tomen con criterios objetivos y transparentes…”, sin ninguna alusión en defensa de las instituciones colombianas, particularmente de las Cortes y de la soberanía en sus determinaciones. Equivalente al consabido fuego amigo.

De nuevo, como en el caso de Ordoñez, graduado de general de cuatro soles después de denunciar que los migrantes venezolanos representan alto riesgo a la seguridad nacional por ser parte de la estrategia de Maduro para “irradiar en la región el socialismo del siglo XXI”. Fuego amigo dentro del mismo gobierno, contradiciendo las declaraciones del canciller Trujillo y del mismo presidente Duque.

Para mayor tristeza la actitud servicial no ha evitado los ataques del presidente actual de los Estados Unidos al nuestro: “Es un buen tipo pero no ha hecho nada para solucionar el problema de las drogas…”

Estados Unidos es un país grande en todo el sentido de la palabra, comenzando por la fuente mayor de su poderío: su diversidad, sus instituciones sólidas. Pasa por una etapa compleja y, aparte de los exabruptos del actual gobierno, del racismo y el matoneo, o quizás por ellos mismos, ha sacado lo mejor de sí en materia de defensa de la democracia. Nuevos liderazgos, la conciencia de la necesidad del respeto a los aliados, están en el escenario. Además de la protesta que el gobierno colombiano debería manifestar, la puerta está abierta para encontrar aliados en medio de la arbitrariedad.

El servilismo, además de indigno, resulta inútil.

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