Se ha asomado en Colombia la discusión sobre la situación de la principal línea aérea que presta servicios en el país, la cual, a pesar de ser considerada como línea bandera, lo cierto es, según leí, que tiene domicilio en Panamá.

Días atrás la prensa recogió una información según la cual ella solicitaría un préstamo al gobierno ante las dificultades originadas por la pandemia. A esa propuesta, un connotado senador respondió via tuiter que en lugar de préstamo lo que se debería darle era una inyección de capital, entiendo que, para luego de que pase la crisis, vender en la bolsa las acciones y obtener utilidades.

Ayer asistí a una conferencia virtual en la cual intervinieron tres economistas destacados que en el país hacen vida relativa a los efectos del coronavirus en la economía colombiana. Ellos coincidieron en que, ante la situación, correspondía al Estado adoptar medidas audaces y heterodoxas en materia económica. Dos de ellos abordaron, incidentalmente, el asunto de la línea aérea.

El primero que al respecto intervino fue tajante: La línea debe resolver su problema; si no lo resuelve, cerrará y otra la sustituirá. Igual pasará con los hoteles.

El otro que al respecto intervino utilizó unos términos que a los venezolanos de hace unos años algún recuerdo nos trae. Es una empresa estratégica y como tal el Estado debe adoptar decisiones que impidan su cierre.

La discusión sobre el tema en nuestra clase de maestría siguió.

Dos de los compañeros sostuvieron que, aún siendo estratégica la línea, lo cierto es que el dinero que se habría de invertir en ella bien podría destinarse a paliar los efectos de la crisis a un buen grupo de pequeñas, medianas y microempresas. Otro sostuvo que, si se intervenía en la aerolínea por via de aumento de capital, por una parte de manera indirecta se estaría favoreciendo a las empresas que del negocio aéreo dependen, a la vez que con ocasión de la venta de las acciones –cuando ella se realice- el Estado habría de obtener una utilidad que muy bien pudiera estar definida –via fiducia o contrato de fideicomiso- a determinado destino.

Para quien no lo sepa, en Venezuela, ya tuvimos esa discusión respecto de nuestra línea aérea bandera -VIASA- en los años 90. A su privatización concurrieron IBERIA -estatal española- y KLM. Ganó la primera. Al poco tiempo, en territorio ibérico ésta cayó y con ella VIASA. Venezuela perdió así la ventaja de tener su línea bandera, la cual, por cierto, no movilizaba, ni por asomo, la cantidad de bienes y personas de la empresa a la cual me refiero en este artículo.

Seguramente con los días la discusión se incentivará. Mientras tanto, uno de mis lectores recordará -viendo la opinión de sus alumnos en la clase de ayer- la célebre frase del Libertador: “He arado en el mar”.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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