Voz venezolana: la usurpación se acaba con votos

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Dictadura no sale con votos. Hasta ayer – no sé hoy – eso afirmaban con convicción rotunda algunos venezolanos.

Para muchos de ellos, Evo Morales tenía una dictadura en Bolivia y ayer renunció. No solo él. En la decisión, lo acompañó su vicepresidente y otros altos funcionarios.

Previamente, Evo Morales había anunciado la realización de otra elección presidencial en ese país, la cual adelantarían nuevos miembros del órgano comicial del mismo, todo consecuencia del informe de la OEA según el cual los resultados anunciados en su oportunidad no reflejaban lo realmente ocurrido en los centros de votación.

Lo ocurrido en Bolivia tiene importantes rasgos comunes y disímiles con Venezuela.

Sépase que en el antiguo Alto Perú, el pueblo, vía referendo hace tres años, negó la posibilidad de que Evo Morales optare a la reelección. Recuérdese igualmente que el máximo tribunal boliviano, actuando de manera similar a como lo hace el venezolano – quizás por la forma como está integrado – resolvió que esa decisión popular contrariaba los derechos humanos y, por ende, la Constitución, haciendo con ello entonces una interpretación post neoconstitucional, que seguramente será estudiada en la academia..

Así – sentencia bajo el brazo – Morales se postuló. Los bolivianos que se le oponen, en lugar de abstenerse a participar electoralmente ante la referida decisión jurídica – como por razones legales, éticas y morales seguramente argumentarían algunos opositores venezolanos que debió hacerse – y, a pesar de que conocían la forma como actuaba y actuó posteriormente el órgano electoral respectivo, prefirieron concurrir al evento electoral, aunque divididos.

Las elecciones se celebraron. Según se confirmó este pasado domingo oficialmente, los resultados fueron alterados.

Desde que ellos fueron formalmente anunciados, inspirados por la actitud de reclamo del adversario del señor Morales, buena parte el pueblo boliviano rechazó en la calle los mismos. La reacción popular no fue reprimida por la policía y las fuerzas armadas quienes expresamente se negaron a ello.

Todo lo ocurrido generó la renuncia presentada, sujeta – por cierto – a aprobación en el parlamento de ese país. Comparativamente, nuestra conducta ha sido diferente y los resultados igualmente.

En el 2013, Henrique Capriles Radonski anunció que los resultados con los que el Consejo Nacional Electoral le atribuía el triunfo presidencial al señor Maduro eran fraudulentos. Su afirmación, que buena parte del país acompañaba, no la hizo efectiva. Se negó a reclamarla en la calle. En su momento, reclamé la decisión.

En mayo del 18, la mayoría del país se abstuvo de participar y, nuevamente, manifesté mi inconformidad con ello pues prefería que me robaran la elección a entregarla como se hizo. Ya yo en lo personal había aprendido de la abstención del 2005.

Si –lejos de nuestras posturas personales- analizamos lo ocurrido, se observará que las elecciones en ambos países, por motivos jurídicos, tenían posibilidad de objeción. Los venezolanos optaron por abstenerse – bien de reclamar en la calle en abril del 2013 como lo hicieron los bolivianos ahora, bien de participar en el evento comicial, como esos mismos hermanos acordaron hacer este octubre pasado a sabiendas de los riesgos – .

Lo ocurrido en la hija predilecta de El Libertador tiene múltiples enseñanzas para los venezolanos. Nos corresponde interpretarlas.

Gonzalo Oliveros Navarro, @barraplural, magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, refugiado en Colombia, presidente de AsoVenezuela

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