A partir del 24 de este mes, Colombia se cierra al mundo de manera definitiva. En esa circunstancia, más de 200 venezolanos se encuentran varados en Bogotá, unos en el interior del aeropuerto y otros en la ciudad.

Vino la gran mayoría a hacer diligencias personales que en Caracas no pueden realizarse y, en este momento, por decisiones de ambos países, están varados en Colombia.

El señor Maduro días atrás cerró las fronteras por tierra, mar y aire. No hay por tanto conexión aérea entre ambos países, aun cuando algunas naves – turcas para más señas – han podido aterrizar en el aeropuerto que sirve a Caracas luego de la suspensión.

Colombia, por su parte, limitó el acceso al país solo a nacionales y a extranjeros que tengan residencia, lo cual no ocurre con quien es beneficiario de un Permiso Especial de Permanencia – PEP -. Los portadores de éste, a pesar de haber advertido en Madrid, por ejemplo, a la respectiva línea aérea que ese era su documento de identificación en Colombia, permaneen en tránsito internacional de Eldorado por el cierre acordado por el Presidente Duque. Aparte de eso, este país cerrará este fin de semana el acceso a estas tierras de vuelos internacionales.

En paralelo a lo descrito, la situación interna venezolana tampoco ayuda a resolver la problemática descrita. La bicefalia de hecho que allá existe lo dificulta y lo hará mientras se mantenga en este y otros casos.

Lo cierto es que las medidas adoptadas, que de seguro buscan la protección general, perjudican a un grupo de personas, unas que a este momento están en el limbo. Literalmente.

Como quiera que tenemos por norma promover salidas a los problemas y no quedarnos en la crítica, uno sugiere que se coordine con Caracas –casi que perentoriamente-, como salida de emergencia, el traslado a la frontera con Venezuela de nuestros connacionales. Que allí sean puestos en manos de autoridades del país y que éstos coordinen lo conducente a los efectos de que los repatriados afronten – en cuarentena familiar – la crisis mundial que estamos atravesando. Una suerte de canal humanitario como el que se estuvo ejecutando en días pasados.

Los problemas tienen solución cuando existe la voluntad de todos de resolverla. Lo cierto también es que, en el presente caso, de nada vale que solo una de las tres partes involucradas quiera hacerlo. Deben ser todas.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente de AsoVenezuela, @barraplural

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