Voz venezolana: sucede que con malandros siempre se negocia

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No es no. 


La frase es famosa en España. Se la aplican recíprocamente los políticos que allá hacen vida a los efectos de evitar construir entre las fuerzas democráticas un gobierno que le de tranquilidad a la península ibérica. Con esa frase ya llevan varias elecciones en las cuales – a los fines prácticos – todos han fracasado. Esperemos – en todo caso – ver qué ocurre con el nuevo acuerdo PSOE-Podemos.

Si vamos a Venezuela, cierta dirigencia afirma enfáticamente que no es no.

Así, cuando se refiere a su adversario,  al que tilda – cuando menos – de malandro y mafioso, afirma con fe de carbonario que con ellos no se puede negociar. Es casi un anatema.

Sucede que con malandros siempre se negocia. Siempre. Y se hace con un solo objetivo, minimizar los daños.

En Chile, al perder Pinochet el referendo, la oposición se vio precisada a sentarse con él. Y negociaron la constitución que hasta hoy se mantiene y que probablemente sea modificada como consecuencia de los sucesos que han impactado a ese país. Pero también negociaron la presencia de Pinochet en la Comandancia del Ejército una vez retornada la democracia y su posterior presencia en el congreso como senador. Y nadie me dirá que él formaba parte de una agrupación de monjes franciscanos.

En Nicaragua, cuando el señor Ortega perdió las elecciones presidenciales con la señora Chamorro, para ella acceder al gobierno tuvo que negociar con él y éste logró que durante los cinco años de la presidencia de la dama, su hermano fuera su ministro de la defensa. Eso le garantizó a él tranquilidad y a Nicaragua que pudiera tratar de avanzar en la senda democrática. No eran los Ortega – ninguno de los dos – miembros de la orden carmelita.

Pero también pasó en Suráfrica que el señor Mandela –inclusive desde la cárcel- negociaba con sus carceleros las condiciones de un reencuentro democrático para ese país.

En el mundo real,  en Venezuela,  todos los días,  fiscales del ministerio público,  ayer y hoy negocian con las personas a quienes les atribuyen la comisión de hechos punibles, logrando acuerdo a veces y otras no. Los mismos se producen, en ocasiones, a instancias de ese órgano y otras del mismo interesado. Hay entonces pruebas fehacientes de que si,  con malandros  – de cualquiera laya – sí se negocia.

Los políticos están obligados a hablar entre ellos  y hasta a negociar,  como lo que son,  como políticos. Quizás cuando alguna parte del país avance del no es no al es posible, construyendo una unidad de propósito, logremos salir del atolladero en el que estamos.

Gonzalo Oliveros Navarro, @barraplural, magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, refugiado en Colombia, presidente de AsoVenezuela

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