Universal. Así es la xenofobia.

La podemos ver en los gestos y acciones de un labriego francés, como en la película “El médico africano”, o presenciarla en una prestigiosa universidad bogotana de parte de un eminente profesional contra un estudiante venezolano. De seguro ocurre en todas partes del mundo.

A algunos les resulta inexplicable que personas que no tienen el mismo color de piel o similar nacionalidad tengan posibilidad de hacer lo que se proponen. Es como si ellos hubieren elegido el color o, desde el vientre materno, le enviaren encriptado un mensaje a su madre exigiéndole el lugar donde nacer, olvidando por cierto que la nacionalidad también puede derivar de la de los padres.

Pobre de la gente que así actúa.

Quienes agravian al prójimo son los que, a la larga, dan pie a que se les persiga, se les ahogue con una rodilla al cuello o se les extermine, como lo hizo un célebre austríaco en el siglo pasado con las consecuencias que todos conocemos.

Lo descrito se pudiera entender en el caso del labriego; uno comprende que no tuvo la suerte de educarse, pero no lo asimila ni lo justifica en el segundo caso. Ése que pudo estudiar en su país y forma parte de una de las instituciones universitarias más prestigiosas del mismo.

Denostar de los venezolanos por su nacionalidad en esta tierra colombiana es paradójico.

Sólo para citar dos ejemplos puntuales: contribuimos de manera importante a la libertad de Colombia y, a nadie se le ocurriría a estas alturas, pedir que se reverse la independencia y su código civil, con más de ciento treinta años de vigencia, es producto del ingenio de un connacional. Paradojas de la vida.

Los gestos que describo son inaceptables en cualquier lugar del mundo pero más lo son entre dos naciones que tienen tantos elementos en común, dentro de los cuáles está, por razones de cercanía, pasar de un lado al otro sin que se note diferencia alguna.

Los venezolanos estamos orgullosos de serlo, tal como lo están los colombianos de su gentilicio.

La víctima de la práctica que originan estas líneas es colombo-venezolano. Sirva esta barra como reconocimiento a su tolerancia ante el acto xenófobo del cual fue objeto.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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