Por alguna circunstancia que me tiene en modo reflexión, una parte de los venezolanos se ha convertido en fanático del Presidente Trump, como si él fuera el cuarto bate del Caracas o del Magallanes, nuestros dos equipos de beisbol más emblemáticos o, para los colombianos, el James de la selección nacional.

Quienes han adoptado esa posición parten de la tesis que será él el adalid de una intervención militar que pondrá fin a todas nuestras penurias mientras alguno come jamón de jabugo y toma vino del bueno, tal como me lo afirmó recientemente uno de sus adláteres que fuera del país vive.

Uno, que solo observa y lee, no comparte esa posición. Mi conclusión es completamente distinta.

No me referiré al escrito de Mr. Bolton. Creo que quien mejor lo retrató fue Mario Vargas Llosa, de quien alguno por redes denostó por ello. Lo prudente es observar, sin fanatismos, las declaraciones oficiales, esas que emite Mr. Pompeo en su condición de Secretario de Estado o el señor Abrams o – por qué no – el señor Story quien habrá de asumir la embajada en Caracas cuando se reinicien las relaciones.

La coincidencia en la administración norteamericana es inobjetable: La presión es diplomática y económica. El problema lo resolverán los venezolanos. Los militares habrán de tener participación en la reconstrucción del país. Esas son las líneas maestras de los Estados Unidos respecto de Venezuela.

No hay palabra alguna en las fuentes oficiales que mencione el término intervención militar. De hecho, en la visita que, este pasado viernes, al Comando Sur hizo Mr. Trump, no hubo referencia explícita de ello. Solo señaló él, según recogen los medios, que todo está bajo control y cada quien lo entendió como mejor le pareció.

La posición norteamericana coincide con la de los países europeos que respaldan la gestión Guaidó y también con la del Grupo de Lima que, en todos sus comunicados, ha ponderado una solución pacífica a nuestra crisis. Nadie apuesta a enviar hombres a resolver nuestra situación, a pesar de los llamados que, en tal sentido, alguna dirigencia hace.

Mientras eso ocurre, dentro de los límites nacionales ha vuelto a plantearse la disyuntiva votar-no votar, como si de la misma dependiera la solución de nuestra problemática.

Quienes en esa discusión se encuentran obvian que la participación y la abstención son mecanismos políticos que quienes se oponen a determinado régimen ejercen según las circunstancias, votando como lo hicieron los bolivianos el año pasado o absteniéndose como los peruanos en la segunda vuelta de la elección Fujimori-Toledo.

No es cierto – per se – que, haciendo una cosa o la otra, se logre el objetivo buscado. Cada país tiene sus condiciones y en función de eso se actúa. Quizás el elemento fundamental, que en nosotros no existe a la fecha, es el punto fundamental: unidad de estrategia.

Lo cierto es que las líneas maestras enviadas desde el exterior están muy claras. Allá quien no las quiera ver.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

1 COMENTARIO

  1. El fanatismo de muchos venezolanos por Trump tiene varias aristas y soporte sociológico, que no viene al caso. Creo que esos venezolanos, que extienden su fanatismo a atacar al partido Demócrata con argumentos muchas veces risibles es perjudicial para nuestra lucha por la libertad. Por una parte, y hasta hoy, la posición de los Estados Unidos frente a la narcodictadura ha contado con apoyo de ambos partidos, Republicano y Demócrata. Perder el apoyo de uno de ellos por el fanatismo infantil de muchos que en contexto global venezolano son pocos, me parece absurdo. Ademas, contraria a la realidad política americana que parece, hasta hoy, favorecer ampliamente a Joe Biden, el candidato demócrata. Los venezolanos necesitamos preservar el apoyo bipartidista y evitar convertir el tema de Venezuela en u elemento de fricción entre los dos partidos.

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