Sí. La misma gente. Ellos, quienes vulgarizaron el término bolivariano para todo, acabaron con uno de sus símbolos más emblemáticos. La moneda. Los mismos que la constitucionalizaron la suicidaron.

Ha sido una política constante de quienes se encuentran ocupando el Palacio de Miraflores – no desde ahora sino desde que llegaron al poder – destruir todo a su paso desconociendo inclusive lo que ellos mismos crearon.

Ciertamente, la crisis de nuestra moneda se inició en la democracia. El viernes negro del Presidente Herrera inició su declive. Pero también es verdad que en estos últimos veinte años el país recibió la más ingente cantidad de dinero en toda su historia. Si, con vista a esos recursos, se hubieren hecho los apartes que nuestra legislación establecía, hoy no estaríamos presenciando lo que nos ocurre.

Gracias a la práctica chavista de establecer en el presupuesto del país como valor referencial del barril de petróleo uno más bajo del que realmente correspondía, el diferencial por el mismo se dilapidó para no utilizar una expresión más severa. Nunca ahorramos nada. Los fondos creados, respecto de los cuales recuerdo a Gladys Rodriguez en Globovisión informar diariamente en el noticiero nocturno su cuantía, no se incrementaron.

Hoy vemos, entonces, que, como en Panamá, la moneda que impera es el verde americano, con una particularidad. Allá ganan en esa moneda. A los venezolanos en el país nos cobran en la misma.

Debe recordarse que una de las competencias que los constituyentes le atribuyeron al Banco Central de Venezuela – artículo 318 – fue la de conservar el valor del signo monetario.

Lo ocurrido con éste debería originar que sus directores todos a una – como Fuenteovejuna – renuncien a sus cargos, por su manifiesta incompetencia, demostrada en las sucesivas devaluaciones de las cuales ha sido objeto nuestra moneda.

Lo ocurrido con el bolívar tiene una explicación que, a veces, se nos olvida. Por decisión de los ocupantes de la caraqueña esquina de Dos Pilitas, la Asamblea Nacional, que debía tener participación en la designación de los integrantes del directorio del banco, está impedida de hacerlo desde enero del 2016, por supuesto, con la conformidad expresa de quien ocupa el palacio presidencial. Las consecuencias de su accionar están a la vista.

Nuestra tragedia tiene nombres, apellidos y responsables. Recordémoslo para en el futuro no repetir errores.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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