Así ha definido esta semana la manera como los venezolanos deberíamos resolver nuestra situación el expresidente Juan Manuel Santos en el viaje virtual que a Caracas hizo el pasado jueves 6, cuando participó en la reunión del ente empresarial más representativo del país – FEDECAMARAS -.

Según el expresidente, Venezuela es un avión sin gasolina respecto del cual o se ponen de acuerdo los tripulantes y aterrizan de manera suave el equipo o nos estrellamos. Así de crudo y simple fue.

Hizo pública él en su intervención los intríngulis de una cena de presidentes latinoamericanos con el Presidente Trump en Nueva York en el otoño del 17. Ante la pregunta del último, medio en serio y en broma, relativa a una intervención, todos los presidentes a una se opusieron a ella, reiterando así lo que toda la comunidad internacional ha opinado al respecto.

Reiteró él en la exposición que nuestra situación debe ser resuelta por los venezolanos, sin perjuicio de que, como consecuencia de los intereses que en nuestro país tienen Rusia, China, Irán y Cuba, a ellos habrá que sensibilizarlos para resolverla.

Lo expresado por el expresidente coincide absolutamente con lo que siempre hemos propuesto.

Para que no nos estrellemos es menester llegar a acuerdos entre quienes en la cabina de mando están. Los pasajeros, en todo caso somos espectadores – y quizás víctimas – de lo que en ella suceda.

Los venezolanos estamos obligados a conseguir las formas y maneras como solventar nuestra situación. Si nuestra incapacidad o soberbia nos lleva a estrellarnos, en nuestro desastre no solo seremos víctimas nosotros, sino que, tal como se reconoció en la intervención, arrastraremos a los vecinos en nuestra tragedia, dado el volumen de migrantes que saldrá y que nadie está en capacidad de atender, mucho menos después de esta pandemia mundial.

De nada vale solicitar bajo cualquier tipo de argumentos legales intervenciones armadas, cuando éstas no tienen el consentimiento de la comunidad internacional, salvo que se pretenda que, unilateralmente, uno de los países que la integran lo haga, contrariando así todas las normativas vigentes. Venezuela ni es Panamá ni tampoco Granada. Así se afirmó en la intervención referida y lo comparto plenamente.

Nuestros vecinos, todos ellos, deberían interesarse grandemente en que nuestra problemática se solucione, dado que, en la medida que pase, todos seremos beneficiados por ello tanto porque nosotros dejaremos de salir de nuestras fronteras como porque, por efecto de la reconstrucción, tendremos trabajo y negocios para ofrecer a terceros.

En consonancia con lo escrito, la dirigencia latinoamericana – esa que está en el gobierno y la que se encuentra también en la oposición – debería incentivar esfuerzos respecto de Venezuela para que los tripulantes de ese avión nacional adopten las decisiones que faciliten un aterrizaje sin problemas.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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