Vengo escribiendo sobre ella desde el 2004, ahora casi dieciséis años. Seguramente que lo que afirmo aquí causará escozor. Lo lamento.

Lo hago desde la época en que trabajé para que el recordado Enrique Tejera París sustituyere al señor Chávez durante ese período que tratamos de construir en aquellos años. A riesgo de que me caigan encima, solo diré que no calibré adecuadamente la vinculación emocional de los venezolanos con quien ejercía al momento la presidencia, vinculación que -guste o no-, al sol de hoy, se mantiene en la memoria de buena parte del país.

La transición no es época de popularidad. Es de autoridad. Quien la lidere debe gozar del reconocimiento general por lo que se ha sido, por su honestidad y capacidad, méritos éstos en los que coinciden amigos y adversarios.

Quien lidere nuestra transición pasará a la historia como la persona que habría conducido –permita Dios que con éxito- a que Venezuela salga de su actual situación, retornando así a la senda de la democracia y quizás de la prosperidad. Ello implica, obligatoriamente, no tener aspiraciones políticas posteriores pues éstas tan solo perturban. La única que le corresponde a quien tenga el privilegio de liderarla, es la de gozar inclusive después de muerto, del respeto general por la labor cumplida.

Seguramente que lo que afirmo escozor causará. Lo lamento.

Las condiciones en Venezuela no están dadas para que una persona –prevalida del ejercicio circunstancial de la presidencia- compita con las otras por el solio presidencial en desventajosas condiciones para las demás y en todo caso para el país, entre otras razones porque quien lidere la transición debe dedicarse a dirigir ésta y no a bañarse de popularidad.

Los tiempos de la transición serán duros. Para quien la dirija, para quienes le acompañen y para los venezolanos. El país habrá que reconstruirlo, en lo físico pero sobre todo en lo ético.

En transición deberán adoptarse medidas políticas y económicas que afectaran a todos y esas donde no será posible hablar de “progresividad de derechos”. Unas que obligarán al incremento de la jornada de trabajo, a la eliminación de sobrecosto por jornada nocturna en trabajos de obra pública pues en la reconstrucción debe trabajarse 24x7x365, aquellas que implicarán incrementar el límite máximo de días de clase de los 180 días hábiles de hoy; y también, por qué no recordarlo, unas que originarán la reincorporación de los jubilados a las actividades que dieron origen a su retiro por edad sin que ello conlleve renuncia a la retribución que por esta reciben. En transición, todos, absolutamente todos, seremos necesarios.

No será posible en Venezuela que avancemos sin acuerdo y reconocimiento mutuo entre los venezolanos, pero sobre todo entre su dirigencia. Por ello coincido absolutamente con la hoja de ruta americana presentada por el Departamento de Estado de ese país el pasado jueves nueve, para salir de nuestra situación.

Para avanzar, quienes en la tierra de gracia lideran las distintas posiciones políticas, deben buscar – con absoluto desprendimiento – un venezolano – solo uno- que tenga el respeto y el reconocimiento de todos los grupos para liderar la transición. Ese venezolano será el ejemplo del país que queremos. Uno donde se respete la ley.

*Gonzalo Oliveros Navarro, magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, presidente de AsoVenezuela, @barraplural

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