Es ella el centro emblemático del conocimiento de los estados orientales de Venezuela. Tiene la misma su sede principal en lo que, en nuestra tierra, llamamos la “primogénita del continente” -la ciudad de Cumaná, estado Sucre- y núcleos en los demás estados de esa zona geográfica venezolana.

La UDO – como se le conoce – fue creada al caer la dictadura, en noviembre de 1958, e inició su actividad en febrero de 1960. Es una institución pública diseñada por sus creadores tomando como referencia el MIT americano, que está siendo sometida, por efecto de la barbarie que impera en nuestro país, al vandalismo diario en su sede o sus núcleos, siendo lo último contra la misma ocurrido la quema de su biblioteca en Cumaná.

A la comunidad internacional le vendieron – y buena parte lo compró – que el proceso bolivariano tenía carácter humanista. Falacia absoluta. Tiene él – por mucho – de todo lo contrario.

En materia educativa, quienes lo han dirigido han tenido por norte reducir al mínimo posible el acceso a educación de calidad, esa en la que los gobiernos que en el país actuaron entre 1959 y 1998 invirtieron ingente cantidad de recursos, facilitando así el conocimiento y el ascenso social.

Las instituciones creadas en los últimos veinte años, si alguna característica tienen, es que privilegian la ideologización, no la formación. Algunos de los que de las mismas han salido formados saben más del señor Marx que de las materias de sus competencias. Ello, por supuesto, dificulta, fuera de nuestras fronteras, el reconocimiento de nuestras competencias pues se cree que todos formamos parte de ese entramado y no es así.

La conducta desplegada desde el alto gobierno contra las instituciones universitarias pasa por reducirle a las mismas el acceso a recursos económicos, lo que afecta la investigación, así como evitar que las universidades autónomas elijan a sus directivos porque quienes representarían los intereses gubernamentales no llegarían a las posiciones que aspiran, mas el colmo de la práctica desplegada desde las alturas del poder es la concerniente al cuido de las instalaciones.

La quema de la biblioteca de la UDO es el culmen de una campaña sistemática destinada a disminuirla. Una universidad pública, gratuita, que presta servicios al venezolano del común – no a los estratos más pudientes – la inducen a disminuir su calidad y, por ende, el conocimiento de los estudiantes, por estrictas razones políticas. Los “revolucionarios” bolivarianos prefieren tener al venezolano pobre de recursos y de conocimientos. Eso los hace felices.

No hay enemigo más grande para el totalitarismo que la educación. Quizás quienes así actúan tiene como meta en su mente una frase que los delata perfectamente: “Muera el conocimiento”.

Como venezolano, convencido estoy que la UDO, como todas las universidades venezolanas creadas hasta 1999, tienen un compromiso con el país. Lo honran cada día al mantener abiertas sus puestas a pesar de las presiones y acciones que buscan que las cierren.

Arriba el conocimiento. Abajo la involución.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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