Una incomprensible pasividad es la que observo respecto de la situación venezolana. No por parte de la dirigencia del país. La de otros países, unas en el gobierno y otras, la mayoría, en la oposición.

Colombia, Ecuador, Perú, Argentina, Chile, por solo mencionar esas cinco naciones, están siendo impactadas por la migración venezolana. Quienes dirigen los destinos de esos países emiten declaraciones de alerta sobre lo que ocurre en nuestra tierra pero hasta allí.

La mayoría de quienes al frente de los respectivos gobiernos se encuentran son personas que, con los calificativos mas fuertes, se han referido a la gestión del señor Maduro, lo cual, en principio, los inhabilita para lo que de seguidas desarrollaré. En todo caso, lo cierto es que, a pesar de las mismas él sigue en Miraflores y los venezolanos saliendo de las fronteras patrias afectando, de primer momento, las respectivas cuentas fiscales de los países que nos reciben.

Si la situación en Caracas sigue como va, la migración se incrementará y, dada la limitación de recursos producto del coronavirus, será mucho más difícil atender nuestra situación en los países de acogida.

Seguramente se me dirá que, posiblemente, los cuatro últimos países, como algún otro ya lo ha hecho, limitarán el acceso a su territorio de nuevos migrantes venezolanos. Ciertamente lo pueden hacer y les resultará efectivo dado que no colindan con Venezuela; mas sucede y acontece que ése no es el caso de Colombia.

Si la situación venezolana se sigue complicando, será esta tierra la más impactada por ello. Que nadie lo dude y por estar consciente de que eso es así es por lo que este artículo escribo.

He afirmado anteriormente que, en Colombia, respecto de lo que pasa en Venezuela, la opinión sobre ese tema no es unívoca. Es plural. Pero esa pluralidad es ciertamente pasiva, como si lo que allá pasare solo nos concerniere a nosotros.

El señor Maduro y quienes le acompañan en su gestión tienen en Colombia amigos -amigos colombianos- para quienes entiendo que lo principal es el bienestar de su país y éste se encuentra comprometido si nuestra situación continúa empeorando. Pero también estoy convencido que en el liderazgo colombiano, aún aquél que no tiene relación con la gestión caraqueña, priva el sentido de Estado en beneficio de su país.

Al partir de esa premisa, a través de esta columna pongo sobre la mesa la propuesta que desde Colombia, los amigos de Venezuela comiencen a pensar en un mecanismo internacional que facilite la salida de nuestra situación.  Al respecto una hoja de ruta ya hay, pero que obviamente en función de las circunstancias, es perfectible.  

Colombia tiene ex presidentes que, de alguna manera han tenido relaciones con Venezuela y su liderazgo. El sentido de estado de ellos, sus relaciones con presidentes y líderes amigos, harían muy bien en ponerse al servicio de Latinoamérica, buscando construir una fórmula que permita resolver en paz lo que nos acontece. Creo que ningún colombiano le reclamaría a su dirigencia el que actuaren en consonancia con la propuesta que presento. Los venezolanos tampoco.

En la actual circunstancia, el argumento de que el problema venezolano es un asunto interno es inadmisible. Está afectando sobremanera a los vecinos. Eso les autoriza a intervenir, antecedentes ya hay.  Contadora, donde Colombia fue actor principal, es emblemática.

Ante la imposibilidad manifestada hasta ahora de que los venezolanos resolvamos nuestra crisis, nada nos haría mejor a todos que la solución  la construyéremos los latinoamericanos.  El liderazgo colombiano tiene la palabra.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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