No bajemos la guardia

Algunas imágenes de ciertos sectores de la ciudad indican que se están presentando aglomeraciones y eso puede borrar de tajo todo el esfuerzo ciudadano realizado hasta ahora.

Escribo esta columna en mi doble condición de ciudadano y de veedor distrital para agradecer el esfuerzo que han hecho las mujeres y los hombres residentes en Bogotá por contener la propagación del coronavirus.

Como ciudadano, puedo decir que este esfuerzo nos ha costado a todos. Unos se han quedado sin empleo, otros han perdido su empresa y todos, sin excepción, en mayor o menor medida, hemos padecido afectaciones a nuestra salud mental. En mi caso, durante tres meses, tuve que privarme de la compañía de mi único hijo porque en las circunstancia en las que nos ha correspondido enfrentar esta situación en Bogotá, resultó aconsejable que él permaneciera en compañía de uno de sus tíos y primos en la zona rural de otra región del país. A pesar de los cuidados que seguí rigurosamente, me contagié de Covid y, aunque siempre fui asintomático, no faltó la angustia a partir del momento en el que recibí el resultado de la prueba. Por fortuna, dos semanas más tarde, una nueva prueba reflejó un resultado negativo. En todo caso, puedo decir que contagiarse es muy fácil.

Como veedor, después de cinco meses de emergencia sanitaria y de diferentes medidas que han ido desde cuarentenas generalizadas hasta cuarentenas sectorizadas, debo decirles a los ciudadanos que su esfuerzo ha valido la pena. Gracias a su disciplina y a la orientación de las autoridades locales y nacionales, nuestro sistema de salud no ha colapsado y, en lo que a Bogotá corresponde, el nivel de ocupación de las UCI cada vez es menor, alejándose de ese tenebroso 100%. En otros países, los médicos tuvieron que decidir cuáles pacientes ingresaban a las unidades de cuidado intensivo y cuáles no, porque no había camas suficientes para todos los que requerían un manejo de ese nivel de complejidad. Aquí, por fortuna, el personal de salud no tuvo que tomar una decisión tan dolorosa como esa.

Sé que algunos ciudadanos han opinado que en Bogotá nos decretaron unas medidas de confinamiento estricto desde muy temprano con consecuencias negativas para la economía. Si esas medidas no se hubieran tomado con la prontitud que conocemos, el colapso hospitalario habría sido inevitable. Pero no solamente se evitó lo anterior, también ganamos tiempo para que los profesionales de la salud aprendieran sobre esta enfermedad y su manejo. Se ganó tiempo para incrementar el número de pruebas de diagnóstico y conformar equipos de seguimiento epidemiológico que son fundamentales para controlar el contagio.

Esta semana que estamos comenzando, empieza lo que el gobierno distrital ha denominado “la nueva realidad” y lo que el gobierno nacional ha llamado “el aislamiento selectivo”. Con matices, en ambos casos nos están diciendo a los ciudadanos que las medidas de confinamiento se han relajado para la recuperación gradual de la vida social y la vida productiva, pero atendiendo unas estrictas medidas que incluyen el uso de tapabocas y el distanciamiento físico, entre otras. Para ponerlo en una frase de padre de familia, es como decirle a un hijo(a) que adquiere la mayoría de edad que, de aquí en adelante, ya no tiene restricciones paternas o maternas, pero que deberá tener presentes los riesgos que entraña cada uno de sus comportamientos.

A partir de este momento, el balón empieza a transitar de la cancha de las instituciones a la cancha de los ciudadanos. De nuestro comportamiento en relación con la puesta en práctica de las medidas de bioprotección, dependerá el desenlace de la pandemia en nuestra ciudad.

Algunas imágenes que hemos visto en ciertos sectores de la ciudad indican que se están presentando aglomeraciones y eso puede borrar de tajo todo el esfuerzo ciudadano realizado hasta ahora. Es necesario que la administración distrital insista en sus campañas de cultura ciudadana e incluso es urgente que las intensifique.

Soy consciente de que no todos nuestros amaneceres han sido iguales en los últimos cinco meses. Algunos días nos despertamos invadidos de incertidumbre y, en otros, recargados de esperanza. Es fundamental que la esperanza sea superior a la incertidumbre para salir lo más pronto posible de esta pesadilla.

Hace un siglo, sin los avances científicos con los que el mundo cuenta hoy, se superó la gripa española . No estamos ante el fin del mundo, estamos ante un desafío inédito para nuestra generación del cual tenemos que salir adelante.

Esta batalla no ha terminado, pero la estamos ganando. El triunfo final depende de nuestro esfuerzo individual y colectivo. En unos años, nos volveremos a reunir para recordar estos complejos momentos y para darnos mutuo testimonio de que nos hicimos más fuertes.

*Guillermo Rivera, ex ministro del interior, veedor distrital y ex representante a la Cámara. @riveraguillermo

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here