Misión de Sabios 2019: ¿palaciega y soñadora?

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Al comezar diciembre del 2019, la Misión de Sabios, la más reciente, entregó su informe en Palacio, “Colombia hacia una sociedad del conocimiento” (Informe de la misión internacional de sabios por la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación). ¿Heraldo de una sociedad basada en el respeto y el conocimiento? O, ¿un saludo más, doloroso y costoso, a la bandera?

Los sabios hicieron la tarea: el informe contiene un paquete de propuestas que, de ser puestas en práctica, contribuirían a convertir a Colombia en una sociedad del conocimiento. Según ellos, el país enfrenta en los próximos diez años, es decir, de inmediato, tres categorías de retos: primero, el aprovechamiento del agua, de nuestra biodiversidad y de la diversidad cultural; segundo, la transformación de la estructura del aparato productivo hacia procesos intensivos en conocimiento y tecnología; tercero, la superación de la inequidad por la vía de la educación, la innovación social y, en general, del conocimiento. Adoptar la propuesta de los sabios sería suficiente para desactivar cualquier protesta del tipo jueves 21 de noviembre en adelante.

Para hacer frente a los retos, la Misión de Sabios plantea un conjunto de misiones emblemáticas, un paquete de políticas para la ciencia y la cultura y, finalmente, una revisión y propuesta del sistema de financiamiento.  La propuesta es coherente, pertinente, audaz. La vicepresidente Ramírez jugó un papel de primera línea en la convocatoria de la Misión. Sin embargo, hay algunos problemas…

Los riesgos de que las recomendaciones no trasciendan el ámbito palaciego son altos.

En primer lugar, el talante del informe es de corte liberal en el sentido amplio del término. La lectura de la proclama no deja dudas acerca de la necesidad de la paz, el respeto por la diversidad en todas sus formas y por el medio ambiente, ingredientes de las modernas sociedades del conocimiento. Los sabios hacen suya una síntesis de sueños juveniles e infantiles que vale la pena citar:

 Un país en donde todas las niñas y los niños puedan estudiar; en donde podamos tomar agua del río; en donde las personas sean alegres y vivan en paz; un país libre de violencia y en donde se pueda salir de la casa sin miedo; en donde haya convivencia entre las personas y se cuiden los animales, no haya hambre y recibamos bien a los inmigrantes; un país de todos los colores, en donde la tecnología se use para el bien, todas las basuras se reciclen o se conviertan en abonos, y la ciencia nos permita descubrir cosas fantásticas; en donde se respete a los indígenas y a los afrocolombianos, y haya oportunidades para los campesinos y las personas de bajos recursos; en donde todos tengan los mismos derechos, y los colegios no pongan problema para recibir a niños discapacitados; en donde la educación no se sienta como obligación y todos puedan aprender muchas cosas para lograr lo que quieren hacer en su vida; en donde los pobres y los inmigrantes tengan donde dormir; un país en donde se logren hallazgos científicos que le sirvan a todo el mundo; en donde todos nos respetemos y se crea en las ideas de los niños y de los adultos.

Sin duda, hay un aire de la proclama de García Márquez en el 94, en la presentación del informe de la misión de entonces, Al filo de la oportunidad.

Las señales que el partido de Gobierno y la administración Duque han dado en el sentido de obstaculizar el proceso de paz no son compatibles con el enfoque de fondo de la Misión. Los esfuerzos por deslegitimar la Jurisdicción Especial de Paz, el desconocimiento de la Comisión de la Verdad, el cuento de hoy acerca de las curules para las víctimas, la ausencia de reconocimiento a los marchantes de las recientes protestas , que desbordaron de forma pacífica las convocatorias iniciales (¡los rusos, llegaron los rusos!, #nopudieron) no son, no han sido, señales alentadoras hacia el respeto y la unión entre colombianos, condición mínima para el despliegue de la ciencia y la tecnología. Al contrario.

Segundo, la Misión da un sentido de urgencia a que el informe sea acogido por la sociedad en general, incluyendo gobierno, empresarios, centros de educación superior. La verdad es que algo similar exigían los sabios del 94, con poco eco. La razón es que en Colombia las principales fortunas se han hecho sin necesidad de ciencia y tecnología, las legales y las ilegales. Hay, desde luego, orgullos de empresarios que han innovado. Sin embargo, la estructura de lo que al país exporta sigue siendo similar a la de hace 25 años: algunos ‘commodities’ representan entre el 80 y el 90% de las exportaciones sin que ello cause preocupación especial.

Como bien lo dice el ministro de industria, comercio y turismo, José Manuel Restrepo, “la última prioridad de los empresarios es exportar” (El Espectador, 17.12.19). ¡En el mundo global de hoy!

Tercero, la Misión da pistas del fracaso en la puesta en marcha de las recomendaciones de la misión de hace 25 años, aunque no hace el análisis de por qué fue un ejercicio sin eco. Las cifras de la inversión en investigación y desarrollo son lamentables después de 25 años, y de promesas en los sucesivos planes de desarrollo. Se sobrepasan los sabios al afirmar que Colciencias ha salido fortalecida en este período. La creencia de que ahora la ciencia y tecnología (CyT) estará a cargo de un ministerio y que ello será el pasaporte hacia tiempos prósperos para el conocimiento es otra ilusión palaciega, similar a la euforia que provocó la conversión de Colciencias en departamento administrativo hace más de una década.

Habrá pompa, algunos codazos cuando se inaugure el Ministerio de CyT. Por ahora, en estos días en los que se aprueba la reforma tributaria, la CyT no fue mentada, pese a que las recomendaciones de la Misión incluyen compromisos inmediatos de parte del Estado… y los empresarios.

Sin duda, el informe de la Misión es un buen documento.

Misión-de-Sabios-2019

*Rafael Orduz, académico y analista económico, Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Gottingen en Alemania, exsenador de la República, @rafaordm

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