No dejen de chuzar

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Colombia quiere pasar la página de la guerra. Colombia no puede dar marcha atrás. La inteligencia es parte de la solución.

Colombia no se puede dar el lujo de dejar de chuzar. La recolección de inteligencia es una tarea fundamental de los organismos del Estado, especialmente en un contexto tan convulsionado como el nuestro. Ha sido y será una variable decisiva en la lucha contra el terrorismo y el crimen.

La inteligencia es, de hecho, reconocida como la herramienta más útil del contraterrorismo. Ninguna la supera. No es sólo un insumo para perseguir criminales después de que el daño está hecho. Su rol principal es prevenir que el daño ocurra en primer lugar. Las neutralizaciones de Raúl Reyes, del Negro Acacio, de Martín Caballero, y la misma Operación Jaque son ejemplos perfectos de la efectividad de la inteligencia.

Pero en este país donde todo lo que debe ser bueno termina teniendo su faceta perversa, la inteligencia se ha vuelto un monstruo de siete cabezas por unos que la usan mal y otros que la atacan sin entender. Los problemas con inteligencia no son nuevos ni desconocidos. Más allá del DAS, de la colisión del hacker Sepúlveda con la Fuerza Pública, en 1998 se disolvió la Brigada 20 de inteligencia militar por acusaciones de violaciones de derechos humanos.

El elemento recurrente en estos escándalos es obvio: el abuso de los mecanismos de inteligencia para fines ilegítimos. Unos pocos bandidos se escudan en un uniforme para violar cualquier noción básica de privacidad. Pero los avances en la inteligencia militar han sido importantes. Hoy, a pesar de los errores, no somos la réplica del modelo de Fujimori o Pinochet a la que aspiraban algunos hace algunas décadas. Desde el Plan Colombia, con el fortalecimiento técnico y doctrinal de las FFMM, la inteligencia ha tenido un papel fundamental en la lucha contra el terrorismo.

Los riesgos de politización de la inteligencia existen y no son un invento. Es precisamente eso lo que estamos viendo hoy. Es un fantasma que no desaparecerá. Nunca. Acá, en Estados Unidos, en Francia, en Vanuatu.

No hay duda alguna que los escándalos repetitivos de interceptaciones ilegales dan cuenta de falencias serias en el proceso de recolección de inteligencia y de sus fines. Lo grave, sin embargo, y lo que nos tiene condenados a una repetición eterna de la misma crónica es la falta de control y vigilancia.

Para darle eco a la pregunta que hizo El Espectador en un editorial reciente, ¿dónde han estado el Ministerio de Defensa y su Junta de Inteligencia Conjunta? ¿Qué hacen los congresistas de la Comisión Legal de Inteligencia y Contrainteligencia? Parecen jirafas con la cabeza entre las patas.
Pasan de agache los que tienen la responsabilidad de contener estos desastres. Ahora resulta que el único cuestionado es un general criminal y su sequito. La línea de mando en Colombia es clara y las autoridades civiles no son superiores de adorno. Los excesos de los organismos de inteligencia son también responsabilidad de los que están llamados a vigilarla.


La ausencia de control, sumado a la presión por resultados operacionales de la Fuerza Pública, crea una mezcla perversa de incentivos y vacíos que hacen de la inteligencia un elefante solitario. Unos equipos con capacidades técnicas importantes para interceptar señales de quien se quiera deben tener unos controles sustanciales. Ese tiene que ser el objetivo de la discusión con las chuzadas ilegales y el camino para detener su recurrencia. Quedarse en escándalos aislados construye poco en un frente de importancia estratégica que no se puede subvalorar.


El General Zapateiro debe ver en estos escándalos una oportunidad de corregir los controles internos fortaleciendo sus capacidades de contrainteligencia para dar con infiltrados, corruptos y hasta criminales dentro de sus filas. Sería un grave error pasar las interceptaciones a un segundo plano por temor a nuevos errores. La Fuerza Pública ha recorrido un gran trecho en modernizarse y ponerse al día. Terminar presas del temor, evitando discusiones y medidas difíciles, sería un salto erróneo hacia el pasado.


Volver a enfatizar la preponderancia de la inteligencia humana es exponer hombres y olvidarse del poder arrollador de la tecnología. Las amenazas criminales cada día asumen mayor naturaleza digital. La inteligencia de señales, las interceptaciones, permite penetrar círculos donde la infiltración humana es más difícil o imposible. Colombia quiere pasar la página de la guerra. Colombia no puede dar marcha atrás. La inteligencia es parte de la solución.

Gustavo Orozco, politólogo de Davidson College (Carolina del Norte, EE. UU.) Ha sido asesor del Ministerio de Minas, Ministerio de Defensa y de la Alcaldía de Cali en temas de estrategia, relacionamiento público y político y asuntos de seguridad.

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