En medio de estos momentos complejos, cuando el país parece regresar a ese pasado violento que ha marcado nuestra historia, el liderazgo político vive su peor época.

Aquellos que habían sido los partidos tradicionales han perdido toda credibilidad y su nuevo sello es el oportunismo, acomodándose a situaciones que antes rechazaron con tal de mantener un poco de vigencia. Esta es la triste realidad de los partidos que tuvieron injerencia por décadas en el manejo de los grandes temas nacionales, debilidades que inclusive se extienden al Centro Democrático hoy en el poder. Una mezcla confusa en donde el presidente Duque, puesto allí por su partido, maneja un gobierno con doble faz, la suya aparentemente conciliadora y la otra, la del jefe de su partido, el ex presidente Uribe, guerrerista e imperial. 

Una democracia sin partidos políticos que representen las distintas tendencias ideológicas propias de una sociedad es absolutamente inviable. La razón es evidente: sin su existencia, solo de manera violenta se resolverán las diferencias. Por ello, cuando se acepta la crisis de representatividad que tienen tanto los viejos como los nuevos partidos, la única salida es la búsqueda de nuevas organizaciones que refresquen el debate político, que atraigan a esas nuevas generaciones que, con, razón han despreciado este tipo de debates y que convoquen de nuevo a aquellos que se retiraron decepcionados por el rumbo que tomaron el liberalismo, el conservatismo e inclusive la izquierda.   

Es impostergable, por consiguiente, traer un nuevo aire a la política especialmente cuando se vislumbran serios nubarrones en la vida de los colombianos. La libertad de expresión, que solo se había visto limitada en momentos en que ahogaba la débil democracia colombiana, ahora parece ser el nuevo elemento del manejo actual del poder. Funcionarios que no logran comprender sus límites y responsabilidades, y que juegan a una lealtad mal entendida, están siendo protagonistas de una abierta censura con quienes se apartan de las ideas del partido en el poder. Es muy grave la situación que se ha acelerado en los últimos días con el caso del saliente director de RTVC, sin que se escuche el rechazo del presidente Duque, sino por el contrario, el inusitado respaldo de la vicepresidenta Martha Lucía Ramírez.

Se vive hoy el desconocimiento de lo que significan dos temas críticos; primero, lo que implica una política de Estado que va más allá de las decisiones de un gobierno y segundo, un rompimiento de compromisos internacionales que aislarán al país de este mundo globalizado, sin cuyo apoyo sería imposible avanzar en temas críticos como el de la paz. La mezcla de ignorancia y soberbia del gobierno y su partido está colocando al país en una situación que ni en sus peores momentos había vivido. Una forma de ejercer el poder político que desconoce voces con legitimidad y reconocimiento, que permiten advertir peligros de actuaciones de funcionarios públicos desde el presidente hasta sus ministros y consejeros presidenciales, ha prendido luces rojas que ignoran los cascarones de partidos que tenemos.

Si a lo anterior se agrega una economía que se recupera lentamente, sin la búsqueda de soluciones de fondo como la construcción de una base productiva que no tenemos; la concentración de ingresos y, sobre todo, de riqueza que no se toca realmente y que se suma a los temas no resueltos por siglos; y unos niveles de corrupción por esa relación perversa entre lo público y lo privado, se llega a la conclusión obvia de la necesidad de construir nuevas expresiones de cómo se debe manejar el poder en este país. Estos serían apenas unos de los temas que deben abordar iniciativas nuevas para recoger tanto a jóvenes que reconocen la importancia de los partidos para la construcción de la verdadera democracia en Colombia, así como a aquellos que, con la experiencia y la frustración por haber vivido la decadencia de los partidos políticos tradicionales, están dispuestos a contribuir a un nuevo esfuerzo. Nuestra motivación se debe centrar en ponernos en marcha para darle un nuevo aire a la política colombiana.

* Cecilia Matilde López Montaño es una economista y política colombiana. Ha sido Ministra de Agricultura, Ministra de Medio Ambiente, Directora de Planeación Nacional y Senadora de la República para el periodo 2006-2010.