Los humanos ahogan el planeta con desechos plásticos debido al desmedido uso de este material. La problemática es tal que para el 2050 se espera que haya una mayor cantidad de masa de plástico que de peces en el océano.  

Un caballito de mar se aferra a un bastoncillo de algodón para luchar contra la corriente. Fuente: Justin Hofman

Es martes a la mañana en Cali. Camila Gironza sale de compras para abastecer a su comercio una semana más: una frutería-heladería. En la caja registradora del supermercado ella saca varios costales que llevó para que el empacador le guarde las frutas. Gracias a los costales evita tener que comprar numerosas bolsas plásticas, cada una a un precio de 40 pesos, que, para el próximo año, aumentará a 50 pesos, de acuerdo con lo estipulado por el artículo 512-15 del Estatuto Tributario Nacional.  

El impuesto a las bolsas plásticas entró en vigor en Colombia el primero de julio de 2017 y, por el momento, aplica solo a almacenes de grandes superficies, autoservicios, farmacias y supermercados. Con este gravamen, el Estado pretende desincentivar su consumo.

En julio de este año, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) anunciaron que el uso de bolsas en 2018 cayó un 50% en 44 establecimientos comerciales que hacen parte de un monitoreo dentro de los programas de uso racional de este utensilio: 575 millones menos bolsas.

Colombia está bien encaminada en la reducción de plásticos, pero aún queda mucho por hacer. Las entidades ambientales están en mora de extender el impuesto a comercios más pequeños como la frutería de Camila. Pero no solo eso: las bolsas plásticas son solo uno de los muchos objetos plásticos desechables cuyo consumo es desmedido y, por lo tanto, aplicarles también un impuesto no es descabellado. 

En la frutería, Camila y sus empleados usan utensilios plásticos de todo tipo para servir sus productos: si el cliente desea un jugo para llevar, es necesario un vaso, un pitillo y una tapa (incluso algunos piden una bolsa para mayor comodidad), mientras que la ensalada de frutas requiere un recipiente, una cuchara, un tenedor, una película de plástico para cubrir la ensalada y una bolsa. Camila prescinde de bolsas plásticas en sus compras, pero su frutería demanda múltiples artefactos plásticos. Ella es solo un pequeño ejemplo de cómo un vendedor de alimentos, en su quehacer laboral, utiliza y tira plástico a raudales.

La cantidad ingente de desechos plásticos que genera la humanidad es un problema ecológico de escala planetaria: de acuerdo con un estudio publicado en 2015 por la revista Science, 192 países costeros generaron en el 2010 275 millones de toneladas de residuos plásticos, de los cuales entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas terminaron en el océano.

Oferta y demanda descontrolada

Gracias a los avances de la industria química y la aparición del consumismo como modelo económico, desde los años 50  la producción plástico a nivel mundial no ha parado de crecer. De acuerdo con los datos recopilados por Our World In Data, en 1950 la producción mundial de plástico fue de 2 millones de toneladas, mientras que, en 2015, de 381 millones.  Como lo muestra la Figura  1, elaborada a partir de las cifras para cada año (desde 1950 hasta el 2015), la producción mundial de plásticos exhibe una tendencia exponencial.  

Figura  1. Producción mundial de plástico por año (desde 1950 hasta 2015). Elaboración propia.  Fuente: Geyer, R., Jambeck, J. R., & Law, K. L. (2017). Production, use, and fate of all plastics ever made. Science Advances, 3(7), e1700782

Gracias a los innumerables usos de este material, desde la generación baby boomer nuestra cotidianidad es plástica: electrodomésticos, herramientas, el interior de los autos, ropa, muebles, equipos electrónicos desechables e incluso los productos de higiene personal y cosméticos; tal vez los únicos humanos que no manipulan plástico a diario son los que aún viven en pueblos indígenas o tribales aislados.

Como consecuencia de esta abundante oferta, la producción acumulada para el 2015  asciende a 7823 millones de toneladas (ver Figura  2): a cada ser humano que habita sobre el planeta al día de hoy le corresponde poco más de una tonelada de todo el plástico fabricado por la humanidad.

Figura  2.  Producción mundial acumulada de plástico (desde 1950 hasta 2015). Elaboración propia.  Fuente: Geyer, R., Jambeck, J. R., & Law, K. L. (2017). Production, use, and fate of all plastics ever made. Science Advances, 3(7), e1700782

El plástico, debido a su composición química, es duradero y resistente, por lo que persiste mucho tiempo en el ambiente. Por otra parte, al ser barato de producir, no tiene muchos incentivos para ser reciclado (eso sin tener en cuenta que, en caso de llevarse a cabo, es complejo el proceso). Sencillamente, el plástico está diseñado para usar y tirar. El pitillo, por ejemplo, tiene una vida útil de entre 10 y 20 minutos pero tarda en descomponerse cientos de años, según la ONG Ocean Conservacy. El pitillo tal vez sea uno de los objetos más inútiles creado por los humanos: por la mera comodidad ficticia de no poner los labios en un vaso puede suceder lo que se observa en este video que indignó a millones de usuarios.

¿Reciclaje, incineración o reducción?

Una considerable proporción de todo plástico fabricado por la humanidad aún existe de alguna forma: es probable que no recuerdes la primera botella de agua que tomaste en tu vida, pero el material de dicha botella pueda que aún se encuentre en algún lugar del planeta.  La Figura  3, elaborada por Our World In Data,  da cuenta de ello.

Figura  3. Producción mundial (en millones de toneladas) de plástico total (desde 1950 hasta 2015) y su destino. En este gráfico se incluyen polímeros, fibras sintéticas y aditivos; por ende, el valor total presentado (8.300 millones de toneladas) es superior al de la Figura  2 en 477 millones de toneladas. Fuente del gráfico: Our World In Data. Fuente de las cifras: Geyer, R., Jambeck, J. R., & Law, K. L. (2017). Production, use, and fate of all plastics ever made. Science Advances, 3(7), e1700782

De la Figura  3, Our World In Data expone varias cifras importantes:

  • Un 30% de todo el plástico fabricado aún se encuentra desempeñando su uso original. 
  • Solo un 9% de todo el plástico que fue usado una única vez fue reciclado.   
  • Un 59% (cuya sumatoria corresponde 55% a plástico usado una única vez y 3% a plástico reciclado que finalmente se desechó) de todo el plástico producido terminó en un relleno sanitario o fue desechado de manera inadecuada.
  • Casi un 80% del plástico usado una única vez terminó en un relleno sanitario o fue desechado de manera inadecuada.   

Al observar la Figura 3, es claro que la incineración y el reciclaje son soluciones reducidas si se comparan con la cantidad total de plástico creado. Sin embargo, estas alternativas se vuelven más preponderantes con el pasar de los años: de acuerdo con Our World In Data, antes de 1980 la cantidad de residuos plásticos incinerados o reciclados era insignificante; por el contrario, desde 1980, de a poco, se ha acrecentado la incineración y desde 1990, el reciclaje.

No obstante, a pesar del incremento del reciclaje y de la incineración, estas alternativas no solucionan la problemática porque no desincentivan el exacerbado uso del plástico; además, por el momento, el material plástico no se puede reciclar incontables veces. Para muchos la solución pasa por reducir la producción de plástico no biodegradable o simplemente no utilizarlos, y gestionar mejor los ya fabricados.

De no poner un alto pronto en el uso y desecho desmedido de plástico, las poblaciones marinas (aves, mamíferos, peces, coral, plancton), muy vulnerables a la contaminación plástica que llega desde tierra firme, podrían ver afectadas sus poblaciones: según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el plástico mata un millón de pájaros y unos 100.000 mamíferos marinos al año; asimismo, si este problema  continua, para el 2050 habrá más plástico que peces en el océano y 99% de las aves marinas lo habrá consumido.

Por lo pronto, Camila no utiliza bolsas plásticas en sus compras de su frutería, pero al momento de vender sus productos no repara en la ingente cantidad de plástico desechado; como dice un viejo refrán: “lo que hace con la mano lo borra con el codo”. 

Leonardo Chacón, periodista ambiental. Linkedin

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