Este último mes, a raíz de la muerte en los Estados Unidos de un señor de apellido Floyd, a manos de las fuerzas policiales de Minneapolis, por lo que se estima fue uso de violencia excesiva, se han desarrollado en el mundo una serie de protestas contra el racismo.

Las autoridades judiciales americanas, al momento de serle presentados quienes intervinieron en el operativo, le acordaron a los involucrados en el hecho prisión intramuros susceptible de ser suspendida con millonarias fianzas, la cual alguno de los involucrados presentó.

Dentro de quienes protestaron por el hecho descrito dada la innecesaria violencia desplegada contra la víctima, se encuentran connotados representantes y amigos del señor Maduro y su gestión, quienes llegaron inclusive a manifestarse con lágrimas en los ojos por lo que consideraron – como lo fue – un uso abusivo de la autoridad.

Pasa, sin embargo, que la vida es irónica.

Esta semana, en mi país Venezuela, en una importante ciudad centro occidental del mismo, una abogada filmó una actuación que consideró incorrecta por parte de un cuerpo armado que allá lleva el nombre de Guardia Nacional Bolivariana. Fue inmediatamente neutralizada por una dama integrante del referido cuerpo con una maniobra muy similar a la utilizada contra el señor Floyd ante la mirada de sus compañeros de armas. Para su suerte ella no murió, lo cual es la primera paradoja.

La segunda es que ni el señor Maduro, sus funcionarios o amigos reaccionaron de alguna manera en virtud de la violencia que contra la señora se desplegó y la tercera, quizás el colmo de lo insólito, fue que al revés de lo que ocurrió en el país del norte, quien fue judicializada fue ella y no los funcionarios que contra la misma actuaron. Es lo que pasa en el socialismo del siglo 21.

Muy probablemente ocurrirá que, como en casos precedentes, en los cuales integrantes de este componente armado han actuado de manera violenta contra civiles desarmados, sus superiores ascienden o condecoran a los funcionarios actuantes dado que, a juicio de la nomenclatura que en el país actúa, todo aquel que, de alguna manera, a su juicio, contraríe “la autoridad” está sujeto a cualquier tipo de medidas.

Lo ocurrido retrata de cuerpo entero el cinismo de los aúlicos del “proceso”.

Visto que lo ocurrido con el señor Floyd acaeció en el “odiado imperio” buena fue la oportunidad para enfilar las baterías contra éste y sus autoridades pero, cuando situaciones similares ocurren en Venezuela, la conducta es completamente distinta.

Lo ocurrido en ambos casos es absolutamente condenable y lo es simplemente porque a ambas víctimas se les vulneraron sus derechos humanos, generando la muerte para el primero y un juicio para la víctima venezolana.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here