¿El discurso de Carlos Holmes Trujillo, ayer, 11 de septiembre de 2019, le trajo reminiscencias de 2008? Nada sorprendente. La política exterior actual consiste en la recreación del pasado. El canciller asistió al Consejo Permanente de la OEA para “informar sobre los desafíos del narcoterrorismo a la institucionalidad democrática”.  La reunión había sido convocada para aprobar una reunión urgente de los miembros del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) para activarlo en contra del régimen de Nicolás Maduro.

Estas son las reflexiones de la jornada:

  1. Colombia mantiene la ambigüedad en torno al uso de la fuerza en Venezuela.

El TIAR constituye un pacto de defensa colectiva. Es verdad que va más allá y ofrece instrumentos de solución de conflictos. Pero, para usarlos, no se necesita de la activación del TIAR. Las sanciones, como el rompimiento de relaciones diplomáticas y comerciales, se han venido tomando por fuera del TIAR y éste no ofrece ninguna base jurídica adicional, ni ninguna herramienta nueva. ¿Qué más se puede hacer en término diplomáticos que no se haya hecho?

¿Qué ofrece de nuevo el TIAR? Una argumentación jurídica al uso colectivo de la fuerza en respuesta a una amenaza regional. La única lógica de recurrir al TIAR está en poner sobre la mesa el uso de la fuerza.

  • La invocatoria al TIAR pone presión sobre el Grupo de Lima

El Grupo de Lima está compuesto por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía. Varios de sus miembros han sido contundentes en rechazar el uso de la fuerza como una alternativa y saben que, al invocar el TIAR, están jugando con fuego.

De los Estados TIAR, Costa Rica y Panamá y nada menos que Perú, uno de los países más activos en el Grupo de Lima, se abstuvieron de votar la reunión del TIAR, así como Uruguay, más cercano al Grupo Internacional de Contacto, que apoya con mayor fuerza el diálogo, y Trinidad Tobago. A pedido de Estados Unidos, Colombia ha apoyado su activación desde la solicitud de reingreso presentada por Juan Guaidó.

Chile votó a favor y, acto seguido, se expresó en contra del uso de la fuerza. El ministro de relaciones exteriores, Teodoro Ribera, dijo: “desde ya expresamos, como lo hicimos hoy en la OEA (Organización de Estados Americanos), que no impulsaremos ni apoyaremos la adopción de ninguna medida que implique el empleo de la fuerza armada o agrave la severa crisis que vive el pueblo venezolano”, dijo el canciller en una rueda de prensa.

Si se sigue promoviendo el discurso ambiguo de la fuerza, se corre el riesgo de llevar al Grupo de Lima a desacuerdos que lo dejen inoperante. Hasta ahora los países han tratado de superarlos. ¿Hasta cuándo? No sobra recordar que el Grupo de Lima fue fundamental para armar el cerco diplomático que todavía se mantiene hoy.

  • Colombia está reformulando la lucha por el retorno a la democracia en guerra contra el terrorismo

El gobierno de Colombia ha presentado la presencia de grupos armados ilegales en Venezuela Colombia como una amenaza para toda la región. “Vengo, amparado en ese marco legal y político, como es tradición de mi país, a denunciar una nueva amenaza a la paz y a la seguridad del continente que tiene sus raíces en el presente y que reviste características más desafiantes porque involucra la acción de un régimen dictatorial que le otorga albergue y apoyo a otro grupo narcoterrorista recientemente organizado”, dijo el canciller.

Colombia jugó un papel importante para conseguir reconocimientos al gobierno interino  de Juan Guaidó. A febrero, 54 países lo habían reconocido como gobierno legítimo. Este consenso también se puede romper si Colombia insiste en pasar del lenguaje de la transición democrática a la lucha contra el terrorismo. No existe consenso regional, ni extra-regional, sobre el tratamiento a dar a la presencia del ELN y las disidencias en territorio venezolano.

Existen dos situaciones: uno, la necesidad del retorno de la democracia en Venezuela y, dos, la complicidad de Maduro con los grupos armados colombianos. Por razones estratégicas, no resulta conveniente convertir el problema de la democracia en Venezuela en el problema de seguridad de Colombia.

El Grupo de Lima ha sido el único escenario en que se han logrado medidas para aislar al gobierno de Maduro y no fue creado para tratar la situación de Colombia sino la de Venezuela. No se debería poner en peligro su funcionamiento. Menos se debería apostar al uso de la fuerza cuando la salida del asesor de seguridad nacional, John Bolton, uno de los halcones de la Casa Blanca, abre la puerta a un retorno a la mesa de negociación.

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