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El dibujo y los retuits recibidos, quizás no tanto por la cuantía de estos, sino por quienes lo han replicado, llama supremamente la atención.

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Una caricatura venezolana de esta última semana es muy diciente de la manera como un buen grupo de venezolanos que afirman adversar a la gestión que internamente se desarrolla, ven a sus “compañeros” de ruta.

Según el dibujo, para su autor, una candidata a la primaria está sobrada en popularidad, no solo respecto del gobierno sino de sus adversarios internos, los cuales, según la misma imagen, reciben del señor Maduro algún tipo de estipendio dado que, en ella,  se observa una manguera que comunica a los rojos rojitos gobernantes con los principales partidos organizadores del evento,  agrupados en la tarjeta de la Manito.

El dibujo y los retuits recibidos, quizás no tanto por la cuantía de estos, sino por quienes lo han replicado,  llama supremamente la atención.

Para el caricaturista -y los auspiciadores del particular dibujo-  los demás candidatos que aspiran a acceder a la representación opositora en la primaria de octubre próximo así como las organizaciones que los respaldan representados, repito, en la Manito y obviamente quienes por alguna cualquiera de las otras opciones voten, están vinculados al gobierno que adversan. Sólo una candidata carece de ese defecto y es el de su afecto, lo que plantea un problema de fondo.

Como quiera que las redes no son votos, será finalmente el próximo trimestre cuando se sabrá el ganador de la elección. Así, ciertamente pudiere ocurrir que la popularidad tuitera se haga efectiva, en cuyo caso, uno entiende que si ello ocurre quien resultó ganadora no exigirá que los derrotados la respalden -a pesar de lo previamente acordado-  pues, según la imagen que tanto placer les dio, ellos estaban financiados por el gobierno y por tanto sería una Incongruencia hacer esa exigencia.

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Por otro lado, si pierde, pues la misma imagen justificaría una candidatura paralela pues el ganador, repito, partiendo de la caricatura que tanto gustó, recibió ese financiamiento y quienes por él votaron también recibieron estipendio del tesoro público  y por ende habría que enfrentarlos dado que no representa los mismos principios y valores por los que se dice luchar.

Así como el autor del dibujo tuvo la libertad de crearlo y a través del mismo plasmar su opinión respecto de los actores políticos nacionales y los que  por ellos habrían de votar,  quienes observamos aquella tenemos el mismo derecho a sacar conclusiones en atención a lo que con ella el mismo y quienes la aplaudieron, pretendían. Por cierto, si de aplausos hablamos, al final de la avenida Urdaneta de Caracas, vía Catia, si, allí donde está Miraflores, no solo aplauden las reacciones positivas al dibujo, ni más faltaba, lo hacen de pie y hasta ondean pañuelos por la caricatura pues si a alguien la misma ayuda, es a la causa que ellos desarrollan.

No se quejen los defensores del dibujo de las reacciones que este produce. Acostumbrense a que así como el caricaturista y quienes su obra respaldan tienen derecho a expresar su opinión y llegar a conclusiones, los demás también podemos hacer lo propio. Se llama libertad de opinión.

Para resolver la situación política venezolana se requiere unidad, no solo de acción sino sobre todo, de afecto. Si este no existe, difícilmente la travesía por el desierto iniciada el 2 de febrero de 1999 finalizará, con un consuelo, la de los cubanos lleva 60 años, la de los judíos duró 40  y nosotros solo llevamos casi 25.

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*Gonzalo Oliveros Navarro, Abogado. Director de Fundación2Países @barraplural

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