La izquierda divina

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“Hay que decir en honor, o en deshonor, de la izquierda que ha hecho todo lo que ha podido para no llegar al poder, que en cierto modo ha sido llevada a él a pesar suyo, por el juego de la insatisfacción y del cambio (el aburrimiento de la derecha) y por un irónico reflejo electoral de las masas, a la vez cargada de esperanza y desilusión. En cualquier caso, no la han elegido para obtener una reparación moral de su suerte sino para verla jugar el Gran Juego. El Poder no es nada si no es una proeza y, una vez elegido, debe superar su elección, no debe cargar con ideas, sino abrir una escena, producir un espacio, hacer de modo que todo el mundo quiera ejercerlo, en lugar de ocupar su lugar vacío, despertar las pasiones políticas, la pasión de lo político –lo que supone que ya no queda reducido a un instrumento de la administración de la sociedad, ni tampoco a un monopolio que absorbe la sociedad, sino que se convierte en una finalidad en sí, un juego, un espacio en el que la sociedad interpreta en directo su propia escena”. Jean Baudrillard. Filósofo y sociólogo francés (1929-2007) La izquierda Divina.

(Lea también: Educación II, en nivel superior también, el fantasma de la deserción)

La expresión “izquierda divina” viene de un movimiento de intelectuales, escritores, artistas y cineastas de izquierda, que en Barcelona se reunían hacia los años 60 y 70, simpatizaban con el hipismo y se consideraban “contraculturales” a su vez era una izquierda que buscaba más bien ser una vanguardia cultural, “moralista de avanzada, con idealismos y alternos al franquismo decadente”. El filósofo contemporáneo Jean Baudrillard, nos ofrece un análisis utilizando el mismo término, pero más bien llevando a cabo una crítica de la izquierda en el poder (en Francia) en la cual advierte de la equívoca relación con las masas y de la necesidad imperiosa “de traición” a sus ideales para poder gobernar algo y no ser víctima de sí mismos. La lectura de Baudrillard nos da elementos para entender el actual primer gobierno de Izquierda en Colombia, guardando obviamente, las distancias de época.

Quizás las dificultades propias de un país tan contradictoriamente conservador como Colombia, este gobierno de izquierda que nos rige y en ese contexto, no escapa a sus propias contradicciones, entre lo que piensa, lo que hace y lo que puede hacer. Si bien ganó la Presidencia, en el Congreso tiene solo la primera minoría y el intento de una coalición mayoritaria en éste, implosionó en poco tiempo.

Quizás el mayor problema son las “visiones ideológicas”, que juegan una y otra vez. Solo utilizaré para ilustrar, por ejemplo, lo que se dice sobre el sistema de salud. El Presidente compró un “diagnóstico” sobre el sistema de salud, que es producto más bien de no conocerlo suficiente, de no tener claro cómo funciona y como siendo un sistema de aseguramiento, depende por tanto del sector formalizado de la sociedad y a pesar de que se creó paralelamente un sistema subsidiado, para quienes no tienen capacidad de pago, o su condición de informalidad los hace inestables y vulnerables. Le dijeron al Presidente que no había aseguramiento sino intermediarios, las EPS, quienes siendo privados manejaban “el dinero público” de la salud y hacían “ochas y panochas” con tal recurso. Esa recargada visión ideológico-política del sistema de salud colombiano, es equívoca. Cada trabajador realiza un aporte mensual a salud, entre su propio ingreso y el de su patrón. Entonces, no es el seguro individual como el norteamericano, sino un seguro solidario que garantiza la atención a la salud y así básicamente se financia la salud y que además aporta para el sistema subsidiado. No deja de tener falencias propias de un país en vía de desarrollo, en donde hay escasez de especialistas médicos, en donde la tecnología se tiene que importar, en donde los trabajadores de la salud no están bien remunerados. Se prohibió la integración vertical, o sea la posibilidad de que las EPS, desarrollen infraestructura de salud, lo cual me parece equívoco, estas hacen gestión del riesgo, y es absurdo decir que no les interesa la prevención, cuando a cualquier asegurador es lo que más le interesa. Las EPS son un “capital social” de nuestra sociedad, en la medida que son organizaciones que han desarrollado una experticia colectiva de gestión del riesgo.

(Texto relacionado: Educación sí, pero ¿qué más?)

Recuerdo un trino del señor Presidente, quejándose de las EPS de la Guajira porque no le suministraban agua a su población. Esa tarea, sr. Presidente no le corresponde a las EPS, además la provisión de agua potable está institucionalmente asignada al Ministerio de Vivienda.

Si la visión ideológica y además distorsionada con prejuicios es el talante de las reformas difícilmente podrá lograrse ese “pacto social” que tanto alude el Presidente. Yo no creo que mucha gente que hace críticas de cómo se manejan ciertos temas sean conspiradores, golpistas o representantes de oscuros o claros intereses privados.

Un pacto social para avanzar hacia un país menos desigual no resulta de un cierto complejo adánico, que implica que todo lo que se ha hecho atrás es malo y sólo lo bueno viene ahora. Entonces predomina el espejismo de un “paraíso” que solo llega con las ideas de los nuevos gobernantes. Bajarse de esa nube es entender que el Poder no es arrogancia, ni displicencia y que la eficacia viene de la claridad que puede llevar al consenso progresista.

No se descarta que haya deseos y algo más allá de entrabar la acción del actual Gobierno. Pero también hay que pensar cuánto de eso es producto de su propia acción y de tener claros los factores de gobernabilidad. “El golpe de Estado blando”, mencionado por el propio Presidente, es una expresión que viene de lo ocurrido en Brasil con la Presidenta Dilma Rousseff, que fue destituida por el Congreso de ese hermano país en 2016, aludiendo a unas prácticas presupuestales que todos los presidentes de Brasil solían hacer y que sirvieron para enredar a la Presidenta y hacerle un juicio de destitución. Esperamos que esto no ocurra en Colombia y que todo se maneje con transparencia y absoluto apego a la legalidad.

Nota: El autor de este escrito está afiliado a una EPS pública.

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*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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1 COMENTARIO

  1. El asunto es que lo dicho por el filosofo francés (Baudrillard) vale como reflexión aposteriori y aún más allá cuando se lee desde Colombia. Leer hechos cumplidos y sobre ellos elaborar una interpretación. Bien como ejercicio intelectual pero al presente la complejidad de la realidad (fuerzas económicas, amalgama de múltiples corrientes ideológicas, historia cultural, cotidianidad en la vida de grupos y clases sociales, raigambres de pensamiento, etc) impiden a plenitud la claridad que se consigue aposteriori. Es el parte aguas de la aspiración al poder y el ejercicio del poder.

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