Uno pensaría, quizás ingenuamente, que este tiempo es un tiempo de solidaridad y de ternura, pero no es así. La violencia contra las mujeres sigue creciendo.

Como escribía una amiga muy querida, en estos días de confinamiento la cama me llama. No sé a ella, pero a mí me gustaría, parafraseando a Lou Reed en su canción sobre Sacher Masoch, Venus in Furs, dormir mil años y despertarme sin lágrimas en los ojos. Sin embargo, sé que no es posible, sé que debo seguir despierta y seguir despertando cada vez más para mirar con ojos bien abiertos no solo el dolor que causa el coronavirus (que ya me ha hecho llorar varias veces) sino el dolor de las cosas nefastas que pasan a su alrededor. Antes de seguir aclaro: no, no todo es feo, ni siquiera en estos momentos, pues al lado del sufrimiento que ha provocado el virus, también hay cosas bellas. Los altruistas han sacado a relucir sus mejores dotes y en medio de tanto caos algunos de ellos se han ubicado a la vanguardia… La Madre Tierra ha respirado agradecida, los peces han saltado de alegría en bahías que les eran vedadas, los osos hormigueros han bajado a las carreteras y los que estamos despertando del sueño del egoísmo bruto y ciego les hemos tendido una mano, así sea metafóricamente, a los más necesitados de todo tipo de consuelo.

Pero hablando de cosas negativas, ONU Mujeres ya puso el grito en el cielo: en estos días de confinamiento la violencia contra las mujeres ha crecido, se ha desbordado y muchas mujeres que antes tenían el respiro de ver partir a sus victimarios, al menos por unas horas, se han visto obligadas a convivir con los perpetradores 24 x 7 con las consecuencias que esto trae para ellas y para su hijos e hijas. Gran preocupación no solo por las cifras de muerte por el coronavirus sino también por los feminicidios que pueden presentarse en estos días, por el dolor que deben soportar millones de mujeres que al día de hoy no han contado con las herramientas, bien internas, bien externas, para liberarse del flagelo de la violencia contra ellas. Uno casi no puede creerlo. Uno pensaría, quizás ingenuamente, que este tiempo es un tiempo de solidaridad y de ternura, pero no es así. El monstruo que hace que los maridos golpeen a sus compañeras sigue actuando y quizás debido a la presión que todos estamos sufriendo, actúa con mucha más fuerza que en tiempos corrientes.

Ante esta realidad, uno tiene una cierta tendencia a no querer salir de la cama, a quedarse debajo de las cobijas sin enterarse de lo que está sucediendo, pero simultáneamente y para apoyar a esas heroínas que han dedicado su vida a ayudar a otras a salir del sufrimiento, bodhisattvas de tiempo completo, para emplear el término budista, uno no puede tirarse a la cama y dolerse en silencio lo que, por lo demás, no ayudaría a nadie.

Y es esa acción de las bodhisttvas la que hace que al tiempo que crece la violencia contra las mujeres, crezcan también las iniciativas para ayudarles a eliminar esta violencia. Junto con cifras que me llenan de espanto, he visto también decenas de líneas de atención que se han puesto a disposición de las mujeres para que encuentren asesoría y orientación legal y psicológica si la violencia sigue o se ha recrudecido en estos momentos. No todo está perdido, como diría el capitán de un barco que tiene la mitad hundida pero cuya otra mitad aloja a los pasajeros que esperan el descenso de los helicópteros de rescate.

Un seguro helicóptero de rescate viene de parte de la Red Nacional de Mujeres que lanzó hace poco una nueva versión de la aplicación Ellas libres de violencias en la que se les cuenta a las mujeres qué hacer en caso de ser víctimas de algún tipo de violencia, entre ellas la intrafamiliar, que es la que más se ha agudizado en estos tiempos de coronavirus. La Red ha estado muy atenta a las noticias sobre nuevas líneas de atención que han implementado las organizaciones gubernamentales, específicamente las secretarías de la mujer en diversos municipios, y ha ido incorporando en la aplicación los números de teléfono nacionales y locales a los que se puede acudir para pedir ayuda en estos momentos en que, oh, la violencia contra las mujeres sigue creciendo.

La aplicación es totalmente gratuita y no necesita acceso a Internet para funcionar, así que cualquier mujer puede descargarla y seguir utilizándola sin consumir datos. Los mismos contenidos están en la página web www.ellaslibresdeviolencias.com para quienes no se sientan cómodas utilizando aplicaciones y, además, dentro de la estrategia general de prevenir la violencia contra las mujeres, tarea en la que la Red Nacional de Mujeres lleva más de treinta años trabajando, se cuenta con el centro de aprendizaje Ellas en el que se dispone de videos, canciones, podcasts, cursos, entre otros, para que los jóvenes aprendan a identificar las innumerables formas que toma la violencia de género y no caigan en sus garras bien como víctimas, bien como perpetradores.

No. No todo es negativo. Ya lo dije. En el fango también crecen hermosos lotos. Y, para poderlos ver, debo desatender el llamado de la cama y, más bien, despertar ahora y para siempre.  

*Miriam Cotes Benítez, Filósofa y comunicadora. Licenciada en Educación con Maestría en Literatura Inglesa. Amplia experiencia en creación y dirección de contenidos; investigación y pedagogía tanto en el sector público como el privado.

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