La realidad y otras mentiras

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Cortesía del video: Himno Nacional de la República de Colombia #VivaLaVida publicado por la Presidencia de la República - Colombia en 2016.

¿Cuál es la letra del himno que queremos entonar/enseñar como recuerdo de nuestro presente?

“La llama única del carnaval es la llamada a renovar el mundo” Mijail Bajtin

Cortesía: Video del Himno Nacional de la República de Colombia #VivaLaVida, publicado por la Presidencia de la República – Colombia en 2016.

En el año 2002, estaba buscando una portada para mi libro Lógicas del poder y regulación de espacios, publicado por la UNAL el año siguiente y, entonces, recordé una foto que le tomé en 1997 a la escultura en acero “Naciones Unidas” del paraguayo Hermann Guggiari en el campo de concentración de Dachau, elaborada durante el “Vereinte” convocado por el ‘Grupo D’ en 1995 para conmemorar los 50 años de liberación del campo. Guggiari es el mismo artista que en 1972 expuso en Medellín en la ‘Bienal de Coltejer’ “La cruz llorando” Cuando contacté al maestro para conocer de su obra, gracias a los oficios de Bruno Schachtner, me dijo: “quisiera que en las heridas de la escultura… palomas pongan su nido”; dichas heridas son impactos de munición viva de alto calibre.

De otra parte, “La construcción de la realidad y otras mentiras” fue una exposición de la artista Cristina de Middel en el año 2019 en el Centro Andaluz de Fotografía, donde simplemente salta las reglas de la curaduría y del orden y acerca sus fotos al espectador de una forma íntima procurando entablar una conversación informal sobre el arte, lo que permite su apropiación.

Los párrafos anteriores nos sirven para señalar que eso que construimos como realidad es un ejercicio permanente de comunicación que salta tiempos y lugares en nuestro presente y se instaura como verdad o mentira según surja el lugar y tiempo apropiado. Al leerlos, pudimos ir con comodidad de la referencia de un año a otro año y trasegar espacios geográficos para construir nuestra identidad contrastada con este texto.

A ese respecto, unos estudiantes me preguntaron hace un par de semanas sobre la ‘estrofa perdida’ del Himno Nacional de la República de Colombia, como bien proclama un militar en un video de Youtube subido el año 2014.

Rastreamos en clase la información al respecto, donde se encuentra que es Wikipedia la que ha creado un imaginario alrededor de soldados colombianos que viajan a la guerra con el Perú y entonan una ‘introducción’ guerrerista del himno. La fuente de este imaginario ha sido una anécdota relatada por el periodista Arturo Peñaloza en el 2009, donde relata que el historiador José Antonio Amaya – no sabemos si el mismo que es docente en la Universidad Nacional de Colombia – asegura que existía en la década del 30 y luego desapareció.

Consultada la información académica, no existe evidencia alguna sobre este rumor, o bulo, o tema, como se quiera nombrar. Pero lo interesante es que, el pasado 6 de diciembre de 2019, dicha introducción empezó a existir en la realidad del himno colombiano, de la mano del paro Nacional contra el gobierno de Duque y el Centro Democrático, siendo acogido por la ‘Filarmónica popular’: “Hoy que la madre patria se halla herida, / hoy que debemos todos combatir, combatir. / Demos por ella nuestra vida, / que morir por la patria no es morir, es vivir/”.

Así como los himnos pertenecen a quienes los entonan, las realidades son apropiadas por quienes deciden vivirlas.

Un país en paz es recordar – como me compartió la maestra Ruth Baracaldo que el himno es una música que “permite que el mensaje se pegue y sea uniforme para todo el colectivo”, siendo una “melodía tan sencilla y repetitiva, generalmente no muy larga, basada precisamente en muy pocos acordes con una introducción por decir ‘épica’, ‘optimista’, seguida de un desarrollo muy corto donde se centra la melodía”, la cual tiene como carácter “acordes generalmente mayores que predisponen al estado anímico de alerta”. Es así que los himnos son la forma primaria de una aproximación artística y ‘optimista’ a la patria, donde si sus letras invitan a la inmolación de soldados, indígenas o campesinos – según se use – pues la patria no dejará de ser un cementerio.

Pensemos en la idea de Guggiari de las palomas en las heridas de la guerra, donde el artista busca que no veamos la munición que la causó, sino el uso que le damos a sus efectos. Es así, entonces, que vale la pena leer, compartir y hacer programas de radio en la emisora de la Policía Nacional sobre esas estrofas que arrastran la guerra, como lo hace la tesis de maestría de Adriana García Galán sobre los himnos de las FARC, el ELN, las Autodefensas Unidas de Colombia y el Ejército Nacional.

De forma que, al reflexionar en esa estrofa/introducción nueva del himno nacional – ahora real –, traída a la vida por un recuerdo de un historiador que no identificamos, por una enciclopedia escrita al descuido por alguien que no conocemos, por un militar en una jornada de ‘soldado por un día’, o por una ‘Filarmónica popular’ en una recepción a la guardia indígena, entonces tendremos la oportunidad de empezar a desarmar la realidad y sus mentiras desde la des-ritualización, desde la aceptación de lo informal como sendero para entrar en contacto con lo simbólico, como nos propone de Middel en su exposición y todos los artistas que entienden la necesidad de vestir nuestra realidad de una ‘práctica social del arte’, para no caer en manos de lo velado, lo oculto.

Lo que ha de ser nuestra realidad, nuestras verdades y nuestras mentiras se construye hoy. ¿Cuál es la letra del himno que queremos entonar/enseñar como recuerdo de nuestro presente?

*David Camargo, docente asociado Universidad Antonio Nariño, científico analista de datos, asesor en políticas públicas con doctorado en el área de reconstrucción centrado en consecuencias de la guerra sobre la propiedad de la tierra.

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