Los juegos de el poder

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• “El vulgo se deja cautivar siempre por la apariencia y el éxito».
• «Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen».
• «Un príncipe nunca carece de razones legítimas para romper sus promesas».
• «La política no tiene relación con la moral».
• «El que engaña encontrará siempre quien se deja engañar».
• «Todo el mundo ve lo que aparentas ser, pocos experimentan lo que realmente eres».
• “Las minorías no tienen sitio cuando la mayoría tiene donde apoyarse.”
• «El odio se gana tanto por las buenas obras como por las malas».
Nicolás Maquiavelo (1469-1527. Pensador Italiano).

Una relectura de Nicolás Maquiavelo es siempre saludable, a quien se considera el fundador de la ciencia política moderna. Hay por lo menos dos lecturas frecuentes de su obra, especialmente de El Príncipe. Hay una lectura objetiva que encuentra en los análisis de sus escritos, que halla en que lo que dice este autor, un producto de observaciones de su propia realidad y época. Otra lectura, ve en su obra un tratado de cinismo alejado de la moral. Nos quedamos con la primera para entender precisamente el propósito de su legado.

A partir del primer día del año entrante (2024) se renueva totalmente el poder local y regional. En cierto sentido, es interesante hacer algunas reflexiones sobre el ejercicio del poder, en cuanto a algunas características que tiene este ejercicio, que siempre se inicia con grandes expectativas.

1- Arrogancia

    La arrogancia se define como una actitud soberbia que desprecia a los demás y se auto asigna una superioridad sobre el resto de los mortales. Esto por decir lo menos. No sé si el ejercicio del poder tiene una invariancia: produce arrogancia. Y se tiene que demostrar que se posee tal poder y por tanto hay que caracterizarse y la altanería, el desprecio, la humillación a los demás hace parte del libreto. Que no quepa duda quien lo ejerce. Esto proviene de dos situaciones previas distintas: una, aquel o aquella que ha resentido en su vida tales efectos y cree reivindicarse haciendo lo mismo de lo que fue víctima, es decir se convierte en victimario. Dos, por carencias se refugia en actitudes soberbias pretendiendo ocultarlas y estamos también ante una inmadurez vital.

    La pregunta es: ¿Es admisible cierto grado de arrogancia en el ejercicio del poder? Sobre esto no hay unanimidad, un jefe de protocolo la encontraría elegante y propia de tal ejercicio. Otros, comenzarán a dudar si además de arrogancia hay algo más o allí se queda todo.

    El caso más emblemático de anti-arrogancia ocurrió en la presidencia del Uruguay (2010-2015), en donde el célebre Pepe Mújica la llevó al extremo, convirtiéndose en icono de que no es necesaria para ser buen mandatario.

    La arrogancia equivale a esa neblina que nubla el horizonte de los gobernantes y que, para Dick Morris, autor de El Nuevo Príncipe, y que ocurre cuando chocan (metafóricamente) 2 frentes climáticos, uno frio de quienes vilipendian y otro caliente conformado por propios cortesanos, quienes mediante la alabanza obsequiosa impiden ver la realidad y produciendo el respectivo aislamiento (burbuja).

    2- La teoría del cuartico de hora

    Muchos llegan a un cargo de mando, convencidos de que es su cuarto de hora de obtener beneficios para sí mismos o para su entorno inmediato. Son prisioneros de la “incertidumbre” y para eliminarla, consideran “si no es ahora entonces cuando.” Tienen poco compromiso con la “cosa pública.” La posición de poder es un ejercicio que si se pierde la oportunidad puede no haber más accesos a los beneficios del manejo de recursos públicos. Olvidan algo en que insistió mucho Antanas Mockus, los recursos públicos son sagrados. Y entonces predomina la viveza, entendida como el arte del beneficio propio.

    Hace poco el exministro Juan Carlos Esguerra, escribía en el diario El Tiempo una columna sobre la Rectitud. Decía el exministro: “La rectitud de la conducta debe ser por definición, por principio y por supuesto infaltable condición de todo servidor público.”  ¿Ingenuidad? ¿Exceso de moralismo? No creo, hay que verlo y exigirlo desde una moral ciudadana de lo que pertenece a todos es intocable (noli tangere). Agrega el autor: “Hoy por hoy se postulan y se eligen o nombran, incluso en elevadas dignidades, personas que al margen de si satisfacen o no los requisitos técnicos o profesionales que exige el respectivo cargo, carecen de las calidades personales y ciudadanas de corrección, integridad, honorabilidad y probidad que deben serle propias.” En esto tienen que ver las responsabilidades políticas exigibles a los distintos partidos. Quizás la ligereza actual del amplio elenco de siglas borre tales responsabilidades políticas. ¿Con esta reflexión nos alejamos de Maquiavelo? No me parece, la moral ciudadana haría parte de lo que podríamos considerar el Buen Gobierno y el éxito del mismo.

    3- Ganar con unos y gobernar con otros

    Esta situación es frecuente y sobre todo en los movimientos personalistas. Se diría en un arranque de nudo pragmatismo que hay gente para una cosa y para otra. Es posible, no siempre los activistas son los mejores candidatos a ser llamados a cargos de responsabilidad, pero tampoco lo contrario. Tampoco la única o quizás más importante criterio de vinculación sea la fe ideológica. La que garantice la lealtad al jefe. No hay una fórmula mágica que garantice la equidad y que ofrezca la mejor gobernabilidad. En principio no me parece equivocado que se cuente con el concurso de funcionarios probos y capaces que no necesariamente sean del entorno del jefe. También hay que dar oportunidad a nuevos protagonistas que junto con experimentados funcionarios puedan ser el equipo de gobierno.

    En esto hay situaciones de verdad injustas de personas muy capaces y probas que no han tenido oportunidad de co-equipar un gobierno, por diferentes razones entre otras por los entornos cerrados que rodean a muchos electos, guardas pretorianas que pudiendo tener buena intención terminan en todo lo contrario. Insistiré en esa verdad de a puño que coronó la fábula de El gato guardián de Rafael Pombo, escrita hace más de 100 años: “Gobiernos dignos y timoratos donde haya queso no mandéis gatos”, en lenguaje hodierno (de hoy): “Gobiernos rectos y probos donde haya plata no pongáis vivos ni bobos”.

    *Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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