No existen, dicen. Son tibios, enfatizan. No están allá ni acá ni en ninguna parte, señalan. En conclusión: no son ni chicha ni limoná. En los momentos definitivos, cuando el país está contra la pared y deben tomar partido, son capaces de dar la espalda e irse a ver ballenas. De todo eso  acusan a quienes no encajan en ninguno de los dos extremos, a quienes se definen como militantes del centro. Resultan tan confusos para el resto del espectro político que es común que a un “tibio” lo tilden al mismo tiempo de paraco y de mamerto. En un país tan polarizado, en una nación en donde se cree que si eres antiuribista debes ser, sí o sí, petrista, y si eres antipetrista debes comulgar entonces con el uribismo, no se asimila que existan miles de personas que no se sienten  identificadas ni con el mesías de la derecha ni con el caudillo de la izquierda.

A esos “indefinidos” los señalan también de ser los culpables del regreso del uribismo al poder. La razón es obvia: basta con salir a la calle, con asomar la nariz por la ventana, para captar el creciente antiuribismo nacional. Son más los ciudadanos que ven a Álvaro Uribe con malos ojos, que quienes lo consideran un redentor, un salvador. Y a Iván Duque prácticamente nadie lo respeta o lo mira como “EL PRESIDENTE”. ¿Es culpa acaso del centro que el antipetrismo sea mayor que el antiuribismo y que por eso Duque haya ganado a pesar de su escasa experiencia, sus salidas infantiles, rocambolescas, y su nulo liderazgo? Duque ganó porque muchos creyeron que sería otro Santos y porque, en últimas, Colombia le tiene más miedo a la venezolanización del día a día que a la guerra o el resurgimiento del paramilitarismo y los asesinatos extrajudiciales. El temor que la gente le tiene a Petro, a mi juicio exagerado e infundado, tiene más que ver con su posición tradicional sobre el tema venezolano que con la opinión de líderes de centro que equiparon a Petro con Uribe y que por ello, a la hora de la verdad, optaron por votar en blanco en la segunda vuelta. El miedo que el país le tiene a Petro lo debe mitigar el mismo Petro, no los columnistas de centro o los opinadores de redes sociales.

En las elecciones pasadas, la sensatez y claridad de estadista de Humberto de la Calle fueron olímpicamente ignoradas. Él, un candidato de centro de lujo, la tenía clara. Sabía lo que tocaba hacer en este momento de transición: bajarle a la polarización, construir sobre lo construido, trabajar en recuperar la memoria histórica del país y proteger el acuerdo de paz para poder reconciliarnos. Pero el país optó por no escucharlo. Y por eso estamos en las que estamos, en manos de un gobierno que al retomar la teoría nefasta de “aquí no hubo ni hay conflicto armado” nos regresará a las masacres, los desplazamientos y a los civiles con pistola al cinto. ¿Y la verdad y la reparación? Paila. Con la derecha resurgió el “tape tape”.

El centro político, ese que para millones de colombianos no existe, sí existe y está ahí, tan vivito y coleando, que estuvo a punto de cambiar para siempre la historia de este país, pero no se supo unir a tiempo ni entender que dividido se convierte en un peón más de la derecha, en otra ficha de Uribe. Por eso último aplaudo esta iniciativa digital de la politóloga e internacionalista, Laura Gil. Si Colombia sigue por donde va, polarizándose cada día más y sin darle forma ni peso al centro, estaremos condenados a otro siglo de guerra. Es fundamental tener un espacio que explique los preceptos del centro, su marco ideológico, sus matices. Un espacio de encuentro también para las diversas voces de este punto del espectro que resulta tan extraño e incomprensible para tantos. Es fundamental que nos juntemos y que sigamos sumando, para que en unos años, cuando volvamos a tener la oportunidad de sacar a Uribe del tablero por el bien del país, sepamos mover las fichas mejor.

Solo el centro puede darle a Colombia el remedio que necesita: una ducha fría.

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Maria Antonia Pardo
Maria Antonia Pardo
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2 COMENTARIOS

  1. Pero ese tipo de aseveraciones.. noticias por el odio a una visión distinta a la tradicional en Colombia.. disfrazadas de periodismo serio, alternativo independiente,, con la bandera de la libertad de prensa,,, rápido para estas preguntas :

    _ Para qué tanta denuncia pública sobre corrupción y política de la extrema derecha encarnada en el centro democrático,…????

    _Será un periodismo de denuncia sólo porque lo dejaron por fuera del pastel político de la corrupción…odio porque no es tenido en cuenta en el momento de repartirla torta… ????

    _ Una forma de hacer periodismo fajardista,,, para facilitarle el camino y fortalecer más la opinión de ultraderecha,,????

    _ Un periodismo como el que profetiza el señor coronel fortalece más la ultraderecha en Colombia,,, y aumenta más la polarización,, y le cierra el paso otras visiones políticas distintas a las tradicionales…????!

    Vaya ud a saber …..

    Gracias

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